El Egoísmo: Un verdadero cancer

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Han escuchado aquella frase que dice:

 

«Me da envidia de la buena» o tal vez esa otra que dice: «bien por ti, aunque no sea para mi».

 

No siempre los cumplidos son bien intencionados; así como tampoco la envidia es buena, por lo general, el éxito de otros, para algunas personas es difícil de digerir.

 

No ser capaces de gozarnos con los logros de los demás, es una clara señal de la insatisfacción de nuestra vida, pero no es tan sólo eso, deja claro también, el grado de inestabilidad de nuestro corazón.

 

Es decir; si el ver el éxito de algún amigo te causa nauseas, irritación, escozor, rencor, envidia, ausencia de sueño, descomposición gradual de la sonrisa y cosas similares, entonces; tu corazón ha enfermado de un antivalor de nombre egoísmo, que es también, pariente cercano del individualismo y el desamor.

 

Pensando en este asunto, me surgió una preocupación entorno a la siguiente pregunta: ¿será posible que el egoísmo más allá del individuo, logre contaminar a una sociedad completa o inclusive a un sistema de gobierno?

 

Recordemos un poco, de que manera fluye o debe fluir el ciclo de los valores.

 

Los valores con los que papá y mamá en forma personal llegan al matrimonio, sumados entre sí, dan por resultado los valores que serán llevados al corazón de los hijos, de esta forma, se integran en conjunto los valores familiares, que son el resultado de la suma de valores de papá y mamá como pareja y, la suma de valores que los hijos han adquirido en lo personal, y en su caso, el resultado de la suma de cada valor adquirido por cada uno de los hijos; ahora, todos estos, sumados a la influencia cultural de cada comunidad, barrio, ciudad, estado o nación, define el criterio, la ética y el uso, de los valores que nos definen en conjunto.

 

De manera entonces que, la respuesta a la pregunta, motivo de esta contemplación, no puede ser otra más que, un sí rotundo.

 

El egoísmo si puede contaminar, a una sociedad completa e inclusive a un sistema de gobierno. Permítanme contarles algo que me sucedió hace un tiempo.

 

En cierta ocasión, tuve la oportunidad de compartir esto con un grupo de candidatos a diferentes puestos de elección popular de cierto partido político. Expuse la importancia de reacción y acción, que los candidatos y actores políticos de cualquier partido o sistema de gobierno, debe tener ante la perdida de valores en la familia y en la sociedad.

 

Me sorprendió en gran manera, la respuesta del coordinador de aquel grupo, él dijo que lo que realmente importaba en ese momento, era ganar la eleccion y después de eso ya se vería, craso error; claro que es importante ganar una elección, pero ganar sin contemplar en primer lugar lo que realmente afecta a la sociedad que pretendes gobernar, esa es la primera equivocación.

 

No puedes tan solo atacar la violencia, sin pretender primero acabar con aquello que la provoco.

 

Ese es exactamente nuestro tema, el egoísmo, hace que perdamos de vista la magnitud de los hechos resultantes de nuestras acciones o, reacciones ante el éxito o logros, de las personas que nos rodean.

 

Necesitamos aprender a vivir en libertad, el egoísmo es una de las más terribles ataduras que los seres humanos podamos experimentar, es el mal que no nos permite respetar el medio ambiente por ejemplo; que no nos deja felicitar con honestidad a quien se lo merece que, por su esfuerzo o por sus acciones se lo ha ganado.

 

Es el egoísmo, el que no te deja aceptar cuando a tu amigo o compañero le resultan bien las cosas.

 

Dejemos de sufrir la buenaventura de los demás y aprendamos a vivir y disfrutar nuestros propios logros, lo mucho o lo poco que acumulemos en la vida, será el resultado de lo que sembremos a nuestro paso por esta.

 

Jesucristo dijo: “Conocerán la verdad y ésta los hará verdaderamente libres”

 

Que gran locución, conocer la verdad es, vivir en libertad y nos enseña a disfrutar nuestros propios logros y los de aquellos que van al rededor de nosotros y de nuestro propio camino.

 

No te baste sólo con ver la felicidad de los demás, aprende a ver la tuya propia y disfrutala, vivela con emoción y virtud.

 

“La razón puede advertirnos sobre lo que conviene evitar; solo el corazón nos guía hacia lo que debemos hacer.”.

Joseph Joubert