Él, Ella

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Venía empujándose a sí mismo sobre la acera de la calle principal. Su silla de ruedas ya estaba vieja y desgastada, rodaba a regañadientes y chillaba en cada giro de las llantas que hacían muecas de cansancio. Comenzaba el desayuno que compró al joven del triciclo: un atole y un tamal. Pagó con el dinero que ganaba vendiendo dulces a la gente que, por caridad, le compraba.

Sus hijos y su esposa, a quienes dio siempre todo lo que quisieron, lo habían abandonado al amparo del aparato que lo soportaba después de aquél accidente.

 

2

 

Una mujer turbulenta despertó en una banca de la plaza central y se dirigió a la tienda de licores. Tenía el cabello del lado izquierdo echado sobre el rostro. No venía tendiendo la mano como acostumbraba pasar buena parte del día, ahora tenía consigo el dinero suficiente para allegarse de un buen destilado de caña.

Dicen que de joven trabajaba entreteniendo a los clientes del bar de un lujoso hotel ubicado a unas cuantas cuadras de donde se hallaba ahora. Tenía muchas visitas ya que era increíblemente hermosa. Pudo haber hecho cosas grandes con su vida de no haber sido por ese lamentable suceso.