El gran día

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Déjenme contarles que un hombre envuelto en insomnio a la media noche no hace
más que vagar entre la brisa tenue del futuro, imagina cómo quincena tras
quincena su cuenta crece hasta convertir el aire en autos nuevos, se coloca en
una nueva posición social. Desde un gran ventanal contempla el mar y bebe de
lujosas copas. Todo cabe en sus manos, todo le es posible ahora que luce con
estilo los mejores trajes de las tiendas.
Luego vuelve al origen de sus aspiraciones: Mariana, la chica que desde mañana
sabrá que le gusta, a quien mañana mismo invitará a salir. Quizás al cine, quizás
un trago, quizás se tomen de la mano, ese ya es un gran inicio. Él nunca se ha
considerado del todo feo y ella le sonríe cada vez que se cruzan sus miradas,
entonces, ¿qué podría salir mal?, quizás sólo deba atreverse a dar el gran salto,
no el de conquistar a Mariana, sino el de ir por sí mismo.
Lo decreta, mañana será un gran día; se levantará no a las siete, sino a las seis,
se arreglará hasta lucir más allá de impecable, sino atractivo para todo aquel que
lo mire andar por los pasillos de la oficina, saludando desde lejos, sin que nada
interrumpa su trayecto hasta Mariana, la girará del hombro y le dará el beso lo
más cercano a la comisura de sus labios, así ella sabrá que es su día de suerte.
Ha pasado el tiempo y él sigue despierto, soñando con llenar dos copas y hacer el
amor en la playa.
9:21 El teléfono lo despierta; el jefe no espera respuestas, no las busca, no lanza
preguntas, sólo notifica, “Estabas a prueba y demuestras claramente que no te
interesó el trabajo! Te comunico con Rita, acuerden cuando puedes firmar tu
despido”.
El gran día comienza…