El HIMNO AL ESTADO DE MÉXICO

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Recordar parte de nuestro Himno al Estado de México es escuchar por todo el territorio mexiquense a todas horas y con gran sentido de identidad, respeto, orgullo y amor a nuestra patria chica: El Estado de México es una / prepotente existencia moral / porción de la prístina cuna / de la gran libertad nacional. Así inicia nuestra música y las palabras que nos designan, sin alejarnos de la patria que es nuestra nación ya libre y en el contexto de las demás.

 

En la Estrofa Uno dice: Son sus hijos, su carne y su sangre, / en la pena, sufridos y estoicos; / en la guerra patriotas y heroicos; / y en la paz, hombres son de labor. / Mexicanos por patria y provincia / responsables en este momento / son un solo y viril sentimiento; / son un alma de fuerza y amor.  Tal espíritu y cariño por la patria grande y la chica, dicha de manera respetuosa y sin que sus palabras sean de grandilocuencia, sino versos sencillos que dicen la verdad y nada más que la verdad.

 

En la Estrofa dos escribe Heriberto Enríquez: Cuando el mundo se agita en el odio / reventando en ciclones de guerra / e inundando de horror la tierra / la antes fresca y prolífica faz, / el país, que ya supo de angustia / semejante, en el mundo tan vieja, / a los pueblos en pugna aconseja / el amor, el trabajo y la paz. Eran hombres y mujeres aquellos que habitaron el Estado de México que sabían de lo que hablaban o escribían, de la paz, de la bondad, del respeto, del cariño a la familia y a la comunidad. Eran otros hombres y mujeres los que habitaban nuestro territorio y buena parte de su ejemplo debe ser lo que nos dirija en estos tiempos de difícil vida no sólo para México sino para todo el mundo.

 

En la tercer Estrofa parece este final: Piensa el hombre y trabaja en la vida; / dentro de ella su anhelo que crece, / útil la hace y a la par embellece, / con talento, cultura y bondad. / ¡Y es feliz adorando a su Patria / cuando quiere alcanzar la excelencia, / y depura su humana conciencia / respirando, en la paz, libertad! sus letras son ejemplo de vida, su provechosa existencia. Querido por sus alumnos, Heriberto Enríquez muere el 8 de abril de 1963, yéndose unos años después de la generación que hizo grande a nuestra entidad; como Horacio Zúñiga fallecido en 1956, Enrique Carniado en 1957 y, don Alfonso Reyes, regiomontano, ejemplo perfecto del educador y hombre de letras. Quien muere en el año de 1959 al cumplir 70 años, aunque él esperaba morir diez años después. Son años que educadores y hombres de arte y espíritu se nos van, dejando a la patria huérfana de ellos.

 

Don Heriberto Enríquez Rodríguez, tiene sin duda el peso y la personalidad de los educadores que legó el cardenismo, conscientes de su papel en la sociedad. Preocupados por la misma a toda hora, de su familia y del papel que les tocaba hacer en medio del mundo de la educación. Por eso es que están presentes en las dos mayores instituciones educativas de la entidad: el Instituto Científico y Literario y la Normal de Señoritas, sin olvidar que legendaria es la educación técnica y manual en la Escuela de Artes y Oficias, de la cual egresaron tantos mexiquenses y no sólo de Toluca para ser ciudadanos de provecho a la entidad.

 

Era una Toluca, ya capital del Estado de México pero que cumplía su papel de manera humilde ante el imperio de la cultura, no sólo eso, sino económico, social y político que era y es la Ciudad de México, grande, centralista, soberbia. Eso me decía Gerardo Novo, ha sido siempre un problema para la Toluca que algún día fue una tacita de plata, por su recogimiento, ya que después de las 7 u 8 de la tarde el centro de la ciudad con sus Portales no se veía a nadie andar por los mismo: monasterio era, y el tiempo ha borrado esa huella que mucho marcó a Enrique Carniado y a don Heriberto, al conocer las bellezas de la Toluca venida del siglo XIX, y al fallecer tuvieron suerte de no ver la destrucción que como un huracán le iba a venir por la actuación de malos gobernantes municipales.

 

Los Himnos, El de Paz y el del Estado de México, son dos joyas, poéticas, espíritu de amor al normalismo y a la entidad, en el contexto de la patria. Son ejemplos de un educador que debe ser recordado; sino queremos ser como aquellos que han destruido a la capital del estado de México, con un regocijo propio de los que nunca entendieron lo que era un Centro Urbano Histórico y Cultural, cuyo patrimonio algún día fue presencia del Cine Coliseo, o de todo aquello que se fue al hacer la Avenida Morelos.