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EL MENSAJE DE ZACARÍAS

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El profeta Zacarías hablo al pueblo diciendo:

 

“Pero ustedes deben hacer lo siguiente: digan la verdad unos a otros. En sus tribunales, pronuncien veredictos que sean justos y que conduzcan a la paz. No tramen el mal unos contra otros. Dejen de amar el decir mentiras y jurar que son verdad. Así que amen la verdad y la paz.”

 

El mensaje de Dios a través del profeta es claro:

 

El profeta transmite al pueblo de Israel un mensaje sobre las acciones éticas y morales que como sociedad debían realizar, además de cuidar que se transmitieran correctamente tanto a niños como a jóvenes por igual y por supuesto, un mensaje tocante a los valores que, como integrantes de una sociedad, debemos ejercer cada día y a cada instante.

 

“Decir la verdad unos a otros.”

 

Hablar con verdad unos a otros, es probablemente, el ejercicio de uno de los valores más significativos y relevantes de los seres humanos. La verdad, no soporta la simulación, es transparente y no acepta atajos, es un valor de una sola vía y se ejerce a plena luz.

 

“En sus tribunales, pronuncien veredictos que sean justos y que conduzcan a la paz.”

 

Este es un principio que establece que la justicia, no puede ni debe ser alterada u opacada por actos de injusticia, mentira, corrupción e impunidad. La justicia, sigue siendo justicia a pesar de nuestras acciones y certeramente su correcto desempeño produce paz y la paz, es uno de los principales valores sociales y sin paz, es imposible vivir en equilibrio y con armonía.

 

“No tramen el mal unos contra otros.”

 

Permítanme hacer alusión a lo siguiente; el mundo que nos tocó vivir es uno que, anhela la paz. Los actos de unos cuantos, no definen el sentir del grueso de la sociedad. Así es, existe una mayoría que busca insistentemente convivir y coexistir en armonía y esto sólo es posible, entendiendo nuestro rol en el ámbito social, familiar y personal. Pensamientos de paz y no de mal, sea la razón e inclusive la pasión del corazón quienes nos guíen a una vida de valores claros y persistentes que verdaderamente rijan nuestra forma de seguir este camino.

 

“Dejen de amar el decir mentiras y jurar que son verdad.”

 

Cualquier parecido, es mera coincidencia. Las prácticas cotidianas no deben traslucirse con actos engañosos, por el contrario, entendamos una cosa: verdad es verdad y si no es verdad entonces, llámala mentira, así de claro.

 

Pues bien, el final del mensaje es este:

 

“Así que amen la verdad y la paz.” ¿Hermoso no? Que manera de cerrar, no sólo sigan o ejerzan la verdad y la paz, ámenla, porque de esta forma será fácil practicarla y enseñarla a nuestros hijos.

 

Actuar congruentemente desde el corazón mismo, no es exclusivo del intelecto, debe ser el motor de nuestra vida y nuestro actuar diario.

 

Muchas gracias.