El paso (con tacones) del tiempo

Views: 620

Es como si fueras la misma persona, pero en el cuerpo de otra. O el mismo cuerpo, pero tu persona es un tanto distinta, te gustan cosas que no te gustaban y dejas de disfrutar algunas que eran tus favoritas. Antes todo era diferente, mas fácil,  era mejor.  El ahora es un trozo de cartón,  un periódico con noticias que te abruman,  que parecen sacadas de una novela post punk.

Te duele algo todas las mañanas e intentas ignorarlo o a escondidas, tragas algún analgésico con un sorbo de café, no sabes distinguir el dolor de un tendón al de un músculo ni menos al de un hueso, pero aseguras que es lo mismo, te dices que es a lo que las abuelas llamaban enfriamiento o estrés causado por las largas horas perdidas en el tráfico, la carga de trabajo o la falta de este. Todo menos los estragos naturales del paso del tiempo en tu cuerpo.

¿Qué hacemos cuando no queremos reconocer nuestro reflejo en el espejo? ¿A dónde nos vamos cuando no queremos vernos porque no sabemos qué hacer, chin nosotros? ¿A dónde se van?

Según la OMS, el envejecimiento activo es el proceso de optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad a fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen. Esto es cierto tanto para individuos como para grupos poblacionales. Pero según nosotros ¿cómo nos estamos preparando para el envejecimiento activo? Sea este, normal o prematuro. Comemos granola, fumamos menos, bebemos batidos y detox. Los privilegiados económicamente compran polvos hechos con plantas místicas que prometen resultados mágicos mientras otros se someten a cirugías creyendo encapsular la juventud.

Envejecemos cada día desde el momento de salir del útero de nuestra madre, vamos dejando piel en nuestros caminos,  formamos álbumes de fotografías y pizarrones con afiches y recuerdos. Vemos borroso, olemos diferente, somos entidades en cambio constante, pero a cierta edad empezamos a tomar conciencia de ello. No importa si quien lee esto está en sus veinte o en sus cuarenta,  si están dentro de sus cincuenta o ya están en la tercera edad, un día vivido es un cambio en tu cabello y piel,  en tus órganos,  en tu mente. Somos azúcar y agua, somos una hoja de papel que va cambiando de color, pero con aventuras escritas con tinta de oro.

Pero volviendo a la realidad, al cansancio extremo, a los achaques que parecen fuera de lugar,  a los calambres que aparecen en los momentos menos propicios, jugando con los niños o con los perros. Cuando el rendimiento no es el mismo a la hora de jugar al amor. La necesidad de medicamentos para que nuestro estómago siga resistiendo el picante, las grasas, la maravillosa comida mexicana. Me rehusó a la dependencia de fármacos, hasta que sea necesario. Entonces me detengo para retomar las caminatas pero sin prisas,  dejo pasar un camión,  miro como los pájaros socializan antes de elevarse a las copas de los árboles.

Respiro, respiro como cuando nací, tragando aire, inflando el pecho y dejo que el cuerpo se oxigene. Me miro al espejo todos los días y me digo una palabra amable porque sé que vivir a veces es complicado, intento reconocerme y me acepto.  Todos los días porque lo más grande a veces requiere de constancia y mucho esfuerzo. Y entonces, me hago consciente del aquí y el ahora.

Y ustedes ¿cómo lidian con el paso del tiempo?