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El sentido de la vida en madres solas

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La sociedad está acostumbrada a estigmatizar el rol de la mujer y el hombre, como si se tratara de un reglamento a seguir, pero no desde una perspectiva de una ley o regla política, sino que va implícita en las prácticas sociales, que culturalmente se consideran adecuadas e incluso morales, aunque implica la desaprobación de la sociedad como forma de control.  No se nace siendo padres y madres, se va actuando de acuerdo a lo que se entiende como tal y nuestra experiencia de vida.

La identidad femenina tiene su origen en la identificación con su madre y su cercanía, la cual consiste en adquirir rasgos difusos de personalidad, conducta, actitudes y valores de la madre o mujeres cercanas, por lo tanto, lo que enfatiza es la relación de cercanía, intimidad y afectividad, los cuales son elementos específicos del rol maternal; aunque en la adolescencia hay una crisis de identidad por la necesidad de identificación con otras figuras femeninas, los roles son los mismos.

En la actualidad la mujer contemporánea vive presionada por las diversas actividades que lleva a cabo, en los dos ambientes distintos: el doméstico y el laboral; cuando la mujer tiene y un trabajo remunerado económicamente se enfrenta a muchos retos, pues dentro de la sociedad se tienen estereotipos que se relacionan con esto. Por ejemplo, se piensa que la mujer trabaja para hacer un aporte secundario a su hogar, cuando cada vez son más las mujeres que son las principales o únicas que se encargan de mantener el hogar, que no se deben contratar mujeres porque al casarse o al embarazarse abandonan el trabajo o que se enferman mucho y por lo tanto dejan de asistir a éste.

La mujer por lo tanto tiene que buscar la manera de sobresalir y dejar ver que lo anterior no es la realidad, aunque la igualdad de educación, experiencia y trabajo, la mujer se enfrenta a una discriminación de género en diversos aspectos laborales; aunados a esto, la mujer cree que la sociedad le demanda que cumpla con todas sus responsabilidades de una manera excelente, es decir, que sea “buena mamá”, que sea trabajadora y que se encargue del hogar, con el riesgo de poder olvidarse de sí misma.

Cuando la mujer piensa en sí misma no puede evitar sentir culpa, pues al parecer lo que establece la norma social es que la mujer deje de ser ella a partir de que se convierte en madre, cuando en realidad tiene la necesidad y el derecho de ser ella, de tener una identidad y un proyecto de vida. Sin embargo, la decisión siempre entrará en manos de la misma mujer, dejar de ser y de sentirse la mujer-objeto que vive por ellos y para los demás.

 

 

En cuanto a las mujeres que están a cargo de sus hijos, el índice más alto de madres solas son mujeres divorciada o separadas, les siguen las madres solteras que son las que convivieron nunca con el papá del hijo, después las viudas, las madres solas por elección, quienes optaron por la adopción o la inseminación artificial y por último esposas de padres periféricos, que es cuando el padre se ausenta por largo tiempo.

De esta totalidad, más de la mitad no reciben ningún tipo de apoyo económico del padre de sus hijos y el mayor temor por parte de la madre es educar sola a los hijos, pensando en la carencia afectiva o descuido por tener que salir a trabajar. Pese a que cada vez se presentan más casos de este tipo, la sociedad sigue viendo como algo anormal a la familia monoparental, es decir, la que está compuesta solo por uno de los padres con sus hijos, pues se percibe como deficiente, con independencia del status socioeconómico.

Sin embargo, se puede considerar que hay bajo riesgo patológico, según algunas investigaciones, más bien parece que por cultura, la sociedad se niega a aceptar que no es un sistema incompleto o irregular. Cuando una mujer decide quedarse en casa al cuidado de los hijos, ya sea porque cuenta con pensión alimenticia, una pensión por viudez o que su familia la apoya económicamente, resulta que esta mujer es una perezosa, dependiente, irresponsable e incluso mantenida. Desde este punto de vista la mujer que ahora es trabajadora, madre y ama de casa, enfrenta un reto al tratar de equilibrar estos roles.

Se debe confiar en que paso a paso la mujer tendrá más apertura en el mundo laboral y se dejaran de lado los prejuicios y estereotipos que hagan más fácil el doble rol que la mujer está llevando a cabo en la actualidad, que apoye a compaginar con más facilidad las labores del hogar, el ser madres y el trabajo remunerado económicamente.

El sentido de vida es el significado concreto de ésta en cada individuo en un momento dado, por eso es necesario buscarlo, pues no se da con el hecho de existir y no se debe buscar un sentido abstracto a ella, pues cada uno tiene su propia misión que cumplir; cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto. Pues cada individuo pasa por diferentes situaciones de la vida y éstas deben representar un reto a superar.

Cuando se nos pregunta por nuestra vida cada uno de nosotros podemos responder y esto respecto a nuestra propia vida, solo cuando hemos sido responsables podremos contestar. Hablar de sentido de vida es ir más allá de metas materiales, de anhelos, en ocasiones se piensa en el tipo de vida que se quiere, cuáles son las cosas que nos harían sentir bien o en otro término, aunque un tanto trivial; qué nos hace feliz. El problema de esto, es que en determinados momentos de la vida estas metas no se pueden cumplir, se produce la frustración existencial sintiéndonos víctimas del destino; y para ello ha de hacer uso de tres elementos: la libertad de la voluntad, lo que implica que el hombre es libre de afrontar y elegir su destino; la voluntad de sentido para considerar la vida como una misión e ir más allá de placer y del tener (una voluntad de sentido mal lograda genera frustración y vacío, que no solo daña a la persona, también a los que la rodean) y por último el sentido de vida como tal, que si no encuentra, la persona puede caer en el vacío existencial manifestándose sobre todo en el aburrimiento con el que viven. Hay autores que han llegado incluso a afirmar que los suicidios deben atribuirse en última instancia al vacío interior que responde a la frustración existencial.