El solitario Jorge 52

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Alguna vez fui a la escuela, donde por supuesto
tuve maestros de lo mejor y lo peor sin que uno
y otro buscaran vertientes distintas; todos
querían el bienestar general, que los alumnos
absorbiéramos la mayor cantidad de
conocimientos. Déjenme contarles, en esta
ocasión, de uno de aquellos que ha cambiado
mi vida para siempre.
Con reconocimientos nacionales de fomento a la
lectura, tallerista, editor, poeta, escritor e
incluso, traductor, Jorge Contreras Herrera dedicó meses de su vida a impartir un
taller del cual fui partícipe. Nunca antes escuché su nombre, cuando llegué a la
sala de lectura del entonces FOEM, se presentó, me dio la bienvenida y desde
entonces, todo sería diferente. Más allá de los temas que se hayan tocado en
clase, percibí a una persona abierta de par en par, que invitaba a habitar su casa.
Él me invitó a volver a experimentar la mayor experiencia poética que haya podido
probar, afirmó las bases sobre las cuales –antes de escribir un poema– descansar
el alma y dejarla lista para expresar correctamente el sentir y no fui el único que
experimentó esta calidez.
A pesar de no ser uno de mis poetas de cabecera, sí cuenta con un par de
poemas que se hallan entre mis imprescindibles y en esta ocasión quiero
compartirles uno de esos que llagan el espíritu, de los que hacen replantearse la
propia existencia, de esos que invitan a dar el paso definitivo: Ballena 52

Todo es confuso. Incierta claridad.
El pulso del poema es quietud.
El rumiar las palabras por noches
esgrafiar las carcomidas paredes
el papel con versos que no logras.

El viento habla en los árboles
escuchas susurrar sus lenguas.
No consigues ir por el cuaderno
elegir la tinta ni hoja en blanco.

No puedes detenerte tiemblas.

Un tornado de visiones inunda
los glóbulos albos en tu sangre.
Has muerto inúmeras veces
cuando guarda silencio la mirada
ves dándote un tiro en la cabeza.

Hay monstruos sus flagelos
te impiden descubrir la alborada.

En algún momento soltaste la mano
eras el minotauro con lágrimas de toro
recorriendo el tornado de un lado a otro
callejones de ese laberinto interminable.
Eras en algún minotauro el tornado
callejones de las venas una mano con lágrimas.
Te soltaste del hilo rojo. Del Creador.
De un lado del toro el laberinto es el otro
eras de la mano antorcha y espada.
El toro es una mano con lágrimas
soldando momentos en los callejones
tornado suelto recorre el laberinto
minotauro es andar de un lado a otro
sin encontrase.

Otras veces
has sido torturado en el vientre de Falaris,
el bramido es de un bronce incandescente
bufa vapores y humo de incendiado músculo.

Encontraste la historia de los treinta y seis
los justos que amparan la medida del mundo.
Pitágoras algo sabía del gran cuaternario
y de la expresión cósmica de fríos números.

Existe una ballena que canta
en una frecuencia de cincuenta y dos hertzios
-es una ballena solitaria-.
Existe un árbol también único
inhala mensajes siderales
que envía a todos los árboles
por sus raíces que son venas de luz
que impiden el derrumbe del firmamento.
Sus hojas reciben y envían señales
a desconocidas galaxias.
Marina es una rama de dicho árbol.
Su sonrisa de ola plenilunia
agita las feromonas del reino mineral.
Ella escribe historias como los árboles
escriben           ramas   hojas    pájaros.
Una montaña con su lenguaje de río y piedra

teje un código incomprensible a la inteligencia.
Los treinta y seis        piensas en ellos.
Todo es un lenguaje.

El mar es un mantram que se hizo agua.

Prepárate para meditar

llena los bosques de tu cuerpo
inhala océanos de revelaciones
exhala mansamente universos
respira átomos sistemas solares
plena tus pulmones de selvas
deja que los jaguares suban por tus venas
deja salir tiernamente cariños de viento
llena el oxígeno de cantos

En una cueva del Tíbet
un monje medita hace mil años
al pasar por su vasta sombra
del pecho emerge una plegaria.

Eras un aprendiz entonces luego
viste florecer la luz en arco de colores
una mujer que caminaba a un lado
vio hundirse su pie en la roca.
Años ahora
alguien se detiene en la huella pétrea
y mantra un canto

Un Cyborg así definido por él mismo
cree que con una antena entenderá
o por injertarse orejas en el cuerpo
escuchará las emociones del otro.

Para los que han escuchado

el rumor del árbol muerto
o el fuego vivo en la ceniza fría
saben que no es con los oídos
como se escucha lo que no tiene sonido
saben que la visión no está en los ojos.

Cada 52 latidos hay un silencio respuesta
deshoja un bosque de preguntas.

Hay una ballena que canta en una frecuencia única
en su vacío vive un hombre llamado Jonás
tiene a Ulises recitando a Homero
entre sus páginas de hueso.
Cada 52 secretos hay una palabra
que abre una puerta que camina en un puente
que navega en un ojo que es barco.

La vela que encendiste
cuando en la penumbra era la única luz
sigue encendida.

La noche es una ballena moteada de estrellas
saltando en el infinito donde esparce galaxias
y su mirada son universos mirándote.

En algún lugar de la tierra dos tortugas
veteranas de amar caminan lento
igual a dos montañas cada paso es un volcán
cada beso es el estruendo de 52 hertzios.

Ella lee este poema
y encuentra un canto
de cincuenta y dos hertzios.

Los lugares son estados de conciencia
yo vivía allá contigo.
Eras tú el que se quería suicidar
de ti hablo en el poema porque soy otro.
Eres mi yo del pasado.
Te cargo en mis brazos
y te canto una canción de cuna

y nada del pasado ha existido
ahora el pasado que te canto es perfecto.
Te comunicas con esa ballena
no está sola.
No lo habías notado antes.

Desde el corazón del sol felicitamos a Jorge Contreras en el día del maestro,
gracias por todo, hermano.