EL DUENDE, LA MUSA Y EL ÁNGEL

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…Ver con claridad es poesía, profecía y religión:

todo al mismo tiempo.

John Ruskin

 

 

En días pasados, en el marco de la Feria Internacional del Libro del Estado de México, (FILEM), se rindió homenaje a personajes destacados de nuestra entidad, entre ellos, Alfonso Sánchez Arteche y Roberto Fernández Iglesias, ambos, pilares de las letras en nuestro estado y referentes de la poesía, el ensayo y la promoción de la literatura.

Hombres que han dedicado sus días a la creación literaria, al estudio y compartir su experiencia a generaciones en cátedras, talleres, ponencias, publicaciones, etc.

Hombres prolíficos, sesudos, que han sobrepasado los lindes de la instrucción, del estudio connotando así que su genialidad y agudeza atiende algo así como un Don.

Y con ello quisiera citar la obra del poeta, traductor y ensayista Alberto Blanco que en su obra, El llamado y el don[1],  explica qué es ese Don, para escuchar el Llamado –así con mayúscula- de la poesía y después comunicarlo. Tarea nada fácil, pues como dice el versículo bíblico muchos son los llamados y pocos los elegidos; hay muchos escritores, poetas y personas que se adjudican el título sin haberlo ganado a pulso, a desvelo sin haber intentado escuchar ese Llamado. Y no dudo que hayan tenido éxito, que sus textos lo hayan tenido pero no hay una trascendencia o un acercamiento al conocimiento, y cuando digo conocimiento, me refiero no a los límites de lo conocido y medible por el hombre, sino la Verdad, aquello que intentamos develar al escribir, al investigar, al tratar de que otros comprendan y conozcan un poco; al respeto, el poeta iraní Mohsen Emadi, decía en una charla en torno a la poesía que ésta era una manera de objetivizar a la verdad. Y eso es Ver, escuchar el Llamado. Pero como diría Alberto Blanco utilizar el lenguaje para conocer no es más que una burda aproximación a los misterios de la palabra.

Pues no se trata sólo de dar forma y significar las palabras, o dotarla de musicalidad. Ha de contener Verdad.

Blanco refiere a Federico García Lorca quien distinguió al duende, la musa y el ángel y cita: El ángel ondula sobre la frente, guía, regala; la musa dicta, y en algunas ocasiones sopla. Pero esas cosas vienen del exterior; en cambio, el duende, ¡ah!, el duende, amigos, está en uno, en la sangre, en el alma. Muchas personalidades han escrito cosas soberbias, pero no siempre han tenido duende.

Ahí queda constancia, amable lector, no todos los que escribimos tenemos duende y hay que reconocer a aquellos que lo han hecho su compañero y que además han tenido la generosidad de compartir su encanto.

Pues como decía Ruskin, Lo más grande que un ser humano puede hacer en este mundo es ver algo, y decir lo que vio de la manera más clara posible.

[1] Alberto Blanco, El llamado y el don, Auieo Ediciones, México, 2011, p.13, 113.