En el marco de este Día Internacional de los Pueblos Indígenas

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Pueblos originarios del mundo, los que soportan la historia milenaria,

los que tienen mucho que decirnos.

Lo que no está escrito en los pliegues de tu piel,

está en tu mirada.

Lo que no encuentro en tus pasos

lo hallo en tu persona.

En este encuentro con nuestra identidad está el nacer en esta tierra, pertenecer a ella, venida de sus raíces a la intemperie, raíces profundas que nadie ve, ignoradas y desconocidas.

José del Val define la identidad como un tributo a la persona y todo grupo humano dado por la condición misma de la humanidad en la diversidad de valores y justicia.

Me he preguntado; ¿Quién soy y de dónde vengo? En esa búsqueda por saber mis orígenes, en este aprendizaje de valorar todo lo que me representa; mi identidad fue muchas veces como buscar una aguja en un pajar.

Pertenezco a este suelo amado, al conjuro de su nombre que repito cada vez que lo pienso, con mi alma agradezco a la coincidencia, al universo, al momento preciso de nacer en tierra bendita. De sus entrañas he venido en  siglos perpetuos, de la memoria turbia.

No es casualidad, debía estar aquí con millones de mariposas monarcas en mi niñez, observando colibríes o chuparrosas como les dicen en mi región,  en el jardín de mi madre, sé que era preciso crecer bajo los ojos del guardián del Oriente, me custodian el aire y agua de sus bosques.

Mis ancestros me han hablado, me han dicho hacia dónde debo ir, qué debo hacer. En la sabiduría milenaria de sus vidas extraviadas, en ese tiempo diluido en épocas pasadas, en este polvo pardo que aún existe en los rincones de la historia no escrita.

Abuelos míos, de sombreros con gabanes por el frío, de miradas profundas y silencios guardados ¡Ay abuelos míos! que se fueron sin decirnos algo y guardaron su lenguaje en la profundidad de su ser.

Mi identidad y la tuya aclaman cada vez que me miro en los ojos de una mazahua, en esas señoras sabías de hierbas y frutas en sus brazos, cada vez que las miro en su vestimenta colorida con la frente alta, con el orgullo de ser y existir. Cada vez que veo sus rostros adoloridos por la injusticia de tener esa identidad que a tantos mexicanos les falta.