Entre lo moral y un refresco

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I.- Prisionero

De esos días en los que la cabeza da vueltas y vueltas o eso parece después de cavilar sobre algunas situaciones acontecidas durante el día y otros próximos anteriores; detrás de una jornada de trabajo llegas a tu hogar con la mejor intención de tratar otros temas diferentes a la escasez de gasolina, te acercas al dispensador de agua y o no, ¡Vacio!, una semana que no pasan a surtir, me aclararon, sin duda por falta de gasolina para trasladarla, en fin, como por arte de magia –o lucidez– recordé que la tienda se encontraba a dos cuadras –ya había olvidado que existía y que surtían garrafones de veinte litros–, creo que también mis pies tenían la intención de gritarme y recordarme que la naturaleza por alguna razón les dotó, pues una sensación de tensión recorrió plenamente mis extremidades inferiores.

Me sentí cautivo, y no precisamente a la orden de alguien, sino de la comodidad, ¿En serio puede darse esto?, me pregunté, ni siquiera mi propio esclavo, exclamé para mis adentros. Terminaba de caminar la primera cuadra, el leve silbido que hacía la boquilla descubierta del garrafón vacio, era mi acompañante, mientras ya entradas las siete de la noche, el ocaso pintaba sonrisas de despedida detrás de las casas.

II.- P’al refresco

Delante de mí, a escasos diez metros, estaba un letrero rojo y blanco de una marca de refresco que anunciaba mi destino, La tienda del Dorro, como coloquialmente, entre la familia, la conocíamos; los dedos de la mano que hacían contacto con la agarradera del depósito, recorrían paulatinamente de un extremo a otro, ¿Cómo subiré el envase con su contenido hasta el hombro?, no sabía si era un cuestionamiento simulado para disfrazar mi desgano de hacer esfuerzo o realmente trataba de estructurar una imagen que resolviera la situación.

Casi para entrar y pedir al tendero, escuché, señor, señor, me gritaba levemente una voz conocida, traigo un garrafón lleno, dijo señalando su cargamento, lentamente me acerqué, es para la casa grande donde viven las doñas, les dije que se los llevaría, pero si me da p’al refresco se lo dejo hasta su casa.

Sin duda, el tiempo de regreso a mi domicilio se incrementaría, veinte kilos en el hombro lo anunciaban, aunque, a decir mío, el peso de mis pensamientos demandaba más tiempo. ¿Quién tendría más necesidad de que le llevaran el agua?; opté por no desprenderme de unas monedas más.

III.- Doble Moral

¿Cuántas veces he escuchado proposiciones ofreciéndome ventaja al precio de un refresco?

Lo dicho, no puedo dejar el tema de la gasolina. En días pasados estaba formado en la fila, como todos los que vivimos en el valle de Toluca y sus alrededores, justo un carro antes de proveerme de gasolina, noté que el despachador, después de entregarle la llave al conductor, en señal de haber terminado de abastecerle, éste se la regresaba y repetía la acción con la manguera de la bomba surtidora, se me hizo raro que una vez terminado el proceso por segunda vez, el joven de la gasolinera guardara algo en la bolsa de su pantalón, bueno, así quedó, seguía mi turno y avancé, solo trescientos pesos, indicó, pero si me da p’al refresco le pongo otros trescientos. Supongo que existía una regla no escrita para atender a todos los clientes de forma imparcial, ante una situación de contingencia como la que se vive en este momento con los hidrocarburos.

IV.- El poema

Con un poco de esfuerzo metía la mano en el bolsillo hasta tocar la llave que abría la puerta de la casa, media cuadra me separaba. Independientemente de las decisiones de cada quien con respecto a la moral, considero que habrá siempre el número de respuestas o justificaciones a nuestros actos, como personas existimos, sin embargo, anteponer la conciencia y asumir la responsabilidad del hecho, da pauta para una mejora, en concordancia social, desde lo humanista; trastoca a mi mente el poema de Sor Juana Inés de la Cruz:

En que da moral censura a una rosa y en ella a sus semejantes

Rosa divina que en gentil cultura
eres con tu fragante sutileza
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada en la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego, desmayada y encogida,

de tu caduco ser das mustias señas!
Con que con docta muerte y necia vida
viviendo engañas y muriendo enseñas.

V.- ¿Abstracciones o simples distracciones?

La puerta cedió antes de incrustar la llave en la chapa, después de un vistazo alrededor, mi aliento regresaba, la distracción no tuvo consecuencias peores. ¿A cuántos nos ha ocurrido lo del refresco, desde una situación simple –cotidiana– o algo más complejo?, ¿Qué postura o respuesta hemos adoptado?; todos los días surgen disyuntivas éticas o morales, hasta la Rosa referida por Sor Juana las muestra, eso no cambia, pero nuestra forma de verlo y actuar, tiene un mundo de posibilidades y éstas no pueden esclavizarse a pie juntillas a determinaciones funcionalistas de nuestros actos, por confort u otra holgura que menosprecie nuestra excelsa condición de seres humanos; distraigámonos de nuestro entorno con nosotros mismos o simplemente pensemos que en la interacción con otros, también somos ellos.

Mi admiración a la grandeza de todos y cada uno de ustedes, hasta la próxima.