ENTREVISTA A Víctor Toledo

Views: 478

Jardín de palabras reúne flores, ellas hermosas con sus orillas bordan la memoria y canciones circulares que regresan a los ojos de Víctor.

Cultiva un edén de párrafos que se leen en espirales líquidos y en  trilogías de alta visión reveladora.

Lince, magia, poesía es el plumaje de las garzas, duende, fantasma espina de las suaves rosas en su voz.  Feraz poética, pasaje matizado de orquídea.

¿Cuál es Tu palabra favorita?  

Sumpiruniza (libélula, zapoteco –didxazá, la palabra nube– mi madre era binizá (zapoteca –aztequismo–), libélula, nieveludio, Perséfone, Eurídice, amorino (Eros en italiano), Daninisa (agua de la montaña en zapoteco), etc.

¿Cómo te describes en dos adjetivos? 

Penetrante, místico.

¿Cuál es tu tema de conversación predilecto?

El alma, el misterio.

¿Prefieres leer ficción o no ficción?

Leo ficción, pero prefiero escritores que vivieron la magia real: a Isaac Bashevis Singer que a Jorge Luis Borges (aunque me gusta mucho).

¿Qué sobra o qué hace falta en el mundo?

Falta amor, falta fe.

Actualmente hay un semillero de escritores, jóvenes creadores, escritores de amplias semblanzas y/o reconocimientos, importa que los lectores hablen de sus poesías  ¿Cómo lograrlo?

Promoción de la obra y educación de la gente.

Quién lee se involucra con el mundo social ¿Qué les dirías  a los adultos lectores?  ¿Y a los no lectores?

Que lean antes que nada los clásicos, literatura, filosofía, historia  y ciencia

¿Cómo viviste tu infancia?

Como un paraíso aunque a veces sufrimos económicamente, convivía con Dios (el Dios de mi madre, Esquilpulas, el Cristo negro), el milagro, fantasmas, demonios y duendes.

Acabo de escribir un libro de poemas sobre mi infancia mágica.

Cuéntanos ¿Cómo aprendiste a leer, cómo  a escribir y cómo te descubres como autor?

 

Aprendí a leer a los cinco años (por esa edad escribí mi primer poema): Una maestra porfiriana de una vieja hacienda abandonada de Tlaxcala llegó a Córdoba y una tarde luminosa descubrí su escuela particular que era un galerón que le alquilaba mi abuelita. Me adoptó y fui su alumno preferido:

Carmelita fue una severa institutriz porfiriana que llegó a mi tierra marginada por la Revolución, era una maestra genial, mi abuelita le rentaba donde enseñaba, en el mismo espacio, todos los grados de primaria y secundaria, sólo estaban separados por grupos en las bancas, ella iba recorriendo el salón repasando los problemas y las lecciones y enseñando todas las materias desde español a matemáticas.

Su gran salón estaba todo el día siempre lleno de niños atrasados o reprobados que recuperaba milagrosamente (cobraba unos cuantos pesos) pero también iban los niños ambiciosos (o de padres estrictos) que, gracias a ella querían asegurar siempre el primer lugar de su clase oficial.

Era un poco mi caso (por mi madre tehuana), pero la realidad es que fui adoptado por ella y encantado por sus clases de historia, antes de entrar a la primaria ya sabía leer y hasta que recuperé mi libertad no dejé de sacar diplomas de primeros lugares.

Un día como a los cinco años vislumbré por primera vez el Paraíso: al pasar por el salón de Carmelita vi un color maravilloso que salía de éste, con un profundo efecto sinestésico como si esa luz se convirtiera en una (h)onda música perfumada y silenciosa, desde entonces me convertí en su alumno consentido (no le cobraba a mi mamá, su pago era su orgullo por mis logros en mi escuela del gobierno).

Cuando crecí, por el cuarto año de primaria, le dije a mi madre que ya no quería ir más a clases, pues me perdía los fabulosos juegos y rondas de las calles de mi barrio de la Estación, quería también disfrutar de mi niñez vital, no sólo libresca (por cierto Carmelita acostumbraba un ejercicio: daba en voz alta una larga serie números a los que había que restar, sumar, dividir, sacar quebrados, mentalmente sin lápiz, era un concurso diario, y al final el que decía primero el resultado ganaba.

Gané muchas veces porque el número final me lo dictaba una voz, una clara intuición. Cuando me salí de la maravillosa Escuelita de Carmelita, no dejé de sentir para siempre su honda mirada de reproche.

Los primeros libros que leí estaban en la vieja casona familiar: Alicia en el país de las maravillas, Don Quijote, Robinson Crusoe y Vidas de santos.

¿Cómo es tu manera de ser y de vivir?

Cultivo un jardín, de ahí, generalmente, surgen mis libros, escribo ensayos como mi trabajo de investigador para la universidad: sobre el origen y la esencia de la poesía, la magia, el mito, los misterios. Mi poesía la escribo sólo por amor cuando me la dicta la musa.

¿Comparte una experiencia en tu trayectoria como escritor qué haya transformado  tu vida y como lo resuelves ahora?

La visión de duendes y fantasmas, de milagros por un lado, por otro mi formación en la UNAM donde tuve de maestros a Juan José Arreola y Salvador Elizondo, entre otros, luego mi doctorado en Moscú.

La fertilidad poética de Córdoba con la que crecí (paralela a su maravillosa feracidad tropical), desde poetas populares hasta grandes poetas universales como Jorge Cuesta.

¿Por qué razones  escribes?

Para encontrar el sentido de la vida, del Ser y buscar construir una cosmovisión, revelar una profunda espiritualidad al mundo.

¿Qué ha sido tu éxito y como llegas a él?

Considero que me falta mucha promoción, pero puedo ver mi éxito en el sentido de que he logrado ser un hombre completo: un buen padre responsable y un escritor que ha apostado antes que nada por la calidad y la profundidad.

Actualmente, ¿Qué lees y qué escribes?

Leo sobre el alma, las hadas, las brujas, termino las obras completas de Fedor Dostoyesky, y poesía en general y acabo de escribir una trilogía de ensayos titulada El alma y la inmortalidad. Además de dos libros de poemas y más poesía.

Algo más que deseas agregar:

Agradecerte profundamente tu interés por mi poesía.