Escribir, ¿una necesidad?

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Hay que notar que, este proceso no es sencillo

 ni lleva fórmulas automáticas.

Emilia Ferreiro

 

Recuerdo la época en que devoré, domingo a domingo, los textos de Cristina Pacheco en su columna Mar de historias, publicadas en la página final de la Jornada. Cada una de ellas me llevaron a perderme minutos en un marasmo de atmósferas que sólo el arte de la narrativa es capaz.

A través de la lectura de Hombres sin mujeres me enamoré de una estilística literaria de Haruki Murakami, así como de José Saramago en El evangelio según Jesucrito. Con estos títulos y otros autores inicié un autoanálisis sobre mi propia forma de escribir observando la eficacia de recursos lingüísticos y el deleite de la narrativa.

Escribir es un proceso epistemológico complejo que inicia desde nuestros primeros años de vida. Para lograrlo, hay que considerar el contexto psicosocial, familiar y emocional que cada uno llevamos.

Hace tiempo les preguntaba a mis estudiantes de las diferentes licenciaturas que: ¿Quién recordaba cómo inició a leer y a escribir?  ¿En qué momento articularon su primera sílaba, la naciente palabra? ¿Quién tenía presente el primer indicio de lectura y escritura?

Estos planteamientos los sorprendieron porque les implicó un trabajo de memoria que no tenían contemplado. Nuestra naturaleza, como seres humanos, tiene una memoria selectiva por lo que los estudiantes se remitieron a fragmentos de su historia personal académica. Retomar desde sus inicios de escolaridad hasta la experiencia, los reveló en su conocimiento y su historia educativa personal además del aprendizaje adquirido que determinó el resto de su experiencia de su vida escolar e individual.

En la educación formal estos pininos se logran en la identificación de grafías y la decodificación de significados. Emilia Ferreiro menciona: Metodológicamente existe una gran variedad de formas sistemáticas para enseñar a leer y escribir. Lo que si hay que notar que, este proceso no es sencillo ni lleva fórmulas automáticas” (2016:  45)

Por años, la pluma literaria de la narrativa de muchos autores me ha perseguido. En la escritura he encontrado el espacio de contarme, a mí misma, aquello que sólo el lenguaje interiorizado [1] te habla en el sigilio de las disertaciones interiores.

¿En qué momento mi pensamiento detonó en escritura? No lo sé, sin embargo, he entendido que esta necesidad interior plasmada en letras que satisface un  habla sin sonido nombrado pensamiento[2].

 

 

 

 

[1] Término utilizado por el teórico constructivista Jean Piaget en su obra Pensamiento y Lenguaje.

[2] Parafraseando a Piaget