¡Escribo música con un signo de exclamación!: Wagner… y entonces en Delfos ya no se escucha el peán y en cambio si el ditirambo

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La música no sólo se capta por sus vibraciones en los tres huesecillos del oído interno, también se capta a través de cada uno de nuestros poros hacia el cuerpo etéreo, pero además las dendritas hacen lo propio en  las neuronas de un ser humano. Así, no es exagerado pensar que también tiene una significación de los dioses si pensamos en el mundo Helénico y más atrás aún en los dominios de Pericles, pues no es mi intención generar aquí una polémica, mucho menos religiosa.

 

Comenzamos cuando en los meses de invierno Apolo dejaba su lugar en favor de Dionisio. Cada año el dios del oráculo se dirige al norte para visitar el país de los hiperbóreos; en esa ocasión aparece Dionisio, y entonces en Delfos ya no se escucha el peán y en cambio si el ditirambo. Así que en esta convivencia regulada ambos dioses, cada uno a su manera, se vinculaban a las naturalezas humanas. Por una parte Dionisio nacido del vientre de una mortal corriendo por sus venas sangre humana, pero también divina, adopta el rol del dios del exceso, de la embriaguez divina, pero también del amor más encendido.

 

Así es que hay que hacer mención de una doble concepción del mundo. Haciendo referencia a la forma tenemos el producto del conocimiento a través de la vista y el que proviene del sonido, pero que es filtrado por la sonoridad musical. Tenemos que Apolo se viste con su luminosidad mientras Dionisio con la seducción musical.

 

Haciendo mención de que se había dejado a un lado el elemento dramático musical que era fundamental para el filósofo, pero había sido olvidado en el curso de la historia, siendo imposible de entender en la actualidad por una ignorancia de la música antigua, lo que de acuerdo con Nietzsche tiene todo que ver con la definición de apolíneo. A partir de esto busca reconstruir una tradición musical que había sido perdida haciendo alabanza de sus efectos en el culto dionisiaco, en donde inspirados por un ritmo frenético, se movían por Grecia llevando a las multitudes a un estado de éxtasis.

 

Se trataba, pues de alterar el eidos, la forma, a la que pertenecía el lado apolíneo, es decir, la plasticidad escultórica, pero al mismo tiempo fuerza musical. Decía el mismo Nietzsche que la música de Apolo era arquitectura dórica en sonidos. Claro! Se trata del dios del orden que de inmediato nos lleva a la advertencia gnothi seautón que se encuentra inscrita en el frontón del templo de Delfos. Está dirigida a los humanos con la intención de que no se atrevan a elevarse a lo divino. Así es que tendremos una yuxtaposición de las dos deidades a que hemos hecho referencia y por ende las dos artes, a saber escultura y música. Es a través de esta última que Dionisio aniquila a la persona que se pierde en el drama común e indistinto de la existencia. Así es que poseída, penetrada por el paroxismo musical, se transforma en sátiro, pierde en consecuencia su individualidad ya que quien actúa es la divinidad.

 

He aquí la explicación de que la música sea el arte por excelencia, inclusive se podría ir más allá afirmando que se trata de una categoría del espíritu humano en tanto capacidad creativa que se inspira en todos los planos de manifestación humana. Sin embargo, para Platón la música estaba por debajo de las demás artes, llegó a considerarse como un simple oficio. Es por ello que se desarrollara de una manera paralela, en su línea histórica, en otro plano. No será hasta  Nietzsche que abrirá los ojos, o sólo, tal vez, los oídos a la humanidad cuando nos habla de la música y el mito trágico en tanto que las fuerzas apolínea y dionisíaca se desenvuelven de tal suerte que ahí se justifica todo lo existente y se hace evidente toda dimensión estética, por ejemplo, en la armonía se disuelve la disonancia que hipnotiza al hombre que escucha, al mismo tiempo que revivir el mito será eslabón para impedir el desconsuelo del mundo, producto de la racionalización, impidiendo que el arte se estanque como un simple artículo decorativo.