Ese rostro es tuyo

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Déjate llevar por corrientes cristalinas que empañan tu alma, la cubren del vaho claro de tu existencia plana. Asómate al espejo cuarteado por días añejos en la miseria de un tiempo obsoleto y mírate mil veces si es necesario, encuentra el fondo de tu ser encadenado a la piedad comprada en festejos.

 

Antes de tirar todo a la basura, espía tu pensamiento, quítate el velo de tu rostro, ve de  frente la mecánica de tu sentir espontáneo, no te engañes con falsas mentiras. A nadie le hacen daño, sólo a ti, eres el dueño de ese rostro incompleto en el vidrio roto de tu única ventana hacia la calle, despeja esa maleza que lo cubre todo. Aléjate antes de que te invada el musgo del abandono de tu sombra; perdiste sueños que fabricaste en tus pocos años; hoy con edad avanzada no sabes cuánto tiempo queda. No lo averiguarás, por nada está encontrarte con tu rostro,  quitarte la careta que dibuja tu mueca;  máscara para fiestas, la pintura en tus mejillas para el circo.

 

Ese maquillaje no te sirve para ser bello, el ego era de cristal. Se rompió esa tarde de domingo cuando nadie vino a tu encuentro, te saludó la soledad, tocó tu hombro y acarició tu pelo.

 

Déjate llevar por el vendaval inesperado, te da esa sorpresa de mirarte cara a cara,

los ecos entre los pasos de tus zapatos suenan. Eres tú el que camina por esa orilla, te llama al límite de la conciencia. Tu verdad absoluta en un mundo donde sólo tiene cabida dormir, despertar y no pensar más; el tiempo disminuido carcome el entusiasmo, se lleva lo mágico de tu ser puro. Ahí está tu reflejo, aún brilla en medio del silencio expandido, eres tú el que se deja llevar por sí mismo, descubre ese rostro extraño: es tuyo.