Ese sitio

Views: 713

En ese sitio me encuentro, cuando viene a mí la sensación de no ser yo. Ese vacío inhumano que estalla en mi interior y me transporta a la visión de no estar viva. Soy extraña de mi cuerpo que sangra lentamente y escondo todo lo que soy. Algo que a nadie puedo decir, ¿Qué me sucede? ¿Por qué estoy así? Está ese dejo de dolor que me lleva a extraviarme de la vida, ausentarme por instantes. Con el presagio sutil de sentirme en ese infinito.

 

Me traslado a ese sitio mesurable. Donde aún no he nacido, no conozco la voz de mi padre, sólo sé de tristeza con la que habla mi madre llena de melancolía, no le puedo decir que no está sola, que me tiene a mí y que nunca, nunca la dejare. Ahí me quedo en mis días oscuros de niñez donde hay gritos fuertes llenos de miedo, el sueño ligero sin tener un descanso pleno, porque en la casa no habita la paz.

 

Ese tiempo pasó ante mis ojos, no  hay luz en mi posada, yo abrazada de un niño que arrullo en la oscuridad. El miedo flota fuera de mí, me aferré a ese pequeño cuerpo, pasó ese lapso de tiempo. ¿Cuánto?  Lo ignoro. Seguí sentada en la silla de madera, tejida de palma seca, aferrada a dejar pasar un episodio ¿fue real o era un sueño?

 

Mi rincón favorito era esa esquina de soledad donde sólo habitan los hilos que tejen arañas que se esconden como yo.  Me paso a los doce años y todo el cuerpo corta mi alma, me duelen las coyunturas de mis huesos, descubro que sangro sin estar herida, sin estar muriendo aunque me duele, sin decírselo a mi madre, Leticia me regala una toalla y no lo digo a nadie, es algo que no debe contarse. El insomnio me gritó, una noche mis pasos que no me respondieron para subir por escaleras y senderos, llegar a la seguridad de unos brazos, su voz me habló de no tener miedo y así dormí consolada por sus ojos color miel.

 

La voz sentencia, pone a temblar mi alma, aislada no quiero saber qué sucede, qué más hay después de ser ignorada, empuñé mi lápiz en una hoja en blanco y escribí una vida de fantasía, la penumbra antes de las siete se situó en mis hombros para dejar caer la noche, donde murciélagos revoloteaban al dejarse caer en el piso. Busqué y busqué frases que llenaron mis días a solas en el cuarto verde, fuera de los demás.

 

Cada vez que me pasa y me duele la cintura, el vientre se me inflama y mi útero no es ocupado, gota a gota constante, me amarro una pierna y no voy a la fiesta de navidad. Pueden decir que es normal sentir dolor cuando llegan esos días tristes donde nadie te entiende y todos son unos extraños en tu entorno. Estar a solas fue costumbre de mi ser, ensimismada de una vida donde cada quien en casa sobrevive al golpe.

 

No recuerdo cuándo te vi por primera vez y me sentí de ti, para conocer el abandono del hecho de ser mujer. Tu voz fue dueña de mi cariño para que entre nieblas desaparecieras, me dejaste en medio de una calle al anochecer, te esperé y no volviste. Vagué por banquetas, con hambre y miedo, sin saber a dónde ir, sin una salida en el precio de amarte con el dolor clavado en mi alma. Miré el autobús partir desde el segundo piso, ahí adentro estabas, no sabía si volvería a verte y lloré tanto que mis ojos ya después no derramaron lágrimas, sólo estaba ese dolor clavado en mis entrañas, anclado por años que después reclamaban.

 

Un país desconocido en un lenguaje que mi voz no pronunció, que mis oídos no entendieron, el asiento del pasajero estuvo vacío de promesas, fueron gaviotas desprendidas del cielo, palabras muertas que no resucitaron al arrepentimiento.

 

Ahí estaba mi sitio favorito donde mi vida en el cristal perdió el rumbo y la lejanía era el premio de no conducirme en la libertad. Ya se fue media vida mía, no sé si poco más, nada más la muerte lo sabe, aun suelo regresar a esa incertidumbre de sentir que no tengo a nadie, sólo a mi libreta en la mano para escribir lo que siento. Esos días de temor a caminar por las calles y ser sorprendida por la abundancia de mi sangre. Me lleva a caminar de prisa, a estar fuera de la normalidad. En ese estado dejo pasar mi silencio  como ese trance que pasará.

 

He desertado, he vuelto, de ese sitio que me lleva a desconocerme, de pronunciar mi nombre y no saber que es mío, veo que la vida fluye sin conocer con quien vivía, sin saber cómo era su rostro, cuáles eran sus manías, descubro a un monstruo con cara de niño. Es tiempo de clausurar ese sitio que me produce dolor. Quiero sonreír, vivir el espacio que ocupo y el que decido compartir, dar al amanecer. Sigo en la punzada de saber que viene cada mes y procuro sonreír. No sentirme vacío sin ser yo, me sano de heridas ya son cicatrices, me libero de esos rostros que tienen un sello oscuro, los llevo con Luz, les pido perdón, los dejo ir. Es una historia, un libro, en mis manos que se cierra.