+ Falso Nacionalismo Que Perfila a México Hacia la Ruina Colectiva

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La frase

Con el deceso de “La Loba” se va todo un periodo negro de la expansión del Valle de México.

UNA REALIDAD

 

EL DETALLE: El sábado 23 de mayo, el Toluca cumplió 10 años de que logró su último título. No es el espacio más largo en que no lo logra. Antes fueron 23 años sin título, entre 1975 y 1998.

En esos diez años, tuvo dos opciones para coronarse, pero las perdió en la final en Toluca. Primero ante Xolos de Tijuana en 2012 bajo el mando de Enrique Meza Enríquez y el segundo en el 2018 bajo el mando de Hernán Cristante Mandarino, ante Santos de Torreón.

Urge retomar el buen camino, tras la etapa del Coronavirus, aunque será con otras perspectivas y quizá otro tipo de futbol.

EL AMOR EN TIEMPOS DE COLERA

¿Has leído “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez? Parece habernos dejado un manual para la situación que estamos viviendo.

Te comparto un tramo del texto.

 -“Capitán, el niño está preocupado y muy incómodo debido a la cuarentena que el puerto nos impuso.

–  ¿Qué te preocupa, muchacho?  ¿No tienes suficiente comida?  ¿No duermes lo suficiente?

– No es eso, Capitán.  No puedo soportar no poder desembarcar y abrazar a mi familia.

– Y si te dejan salir del barco y se contaminan, ¿cargarías con la culpa de infectar a alguien que no puede soportar la enfermedad?

– Nunca me lo perdonaría, pero para mí inventaron esta plaga.

– Puede ser, pero ¿y si no fue inventado?    -Entiendo lo que quiere decir, pero me siento privado de mi libertad, Capitán, me privaron de algo.

– Y tú te privas aún más de algo.

-¿Está jugando conmigo?

De alguna forma.

Si te privas de algo sin responder adecuadamente, habrás perdido.
-“¿Entonces quieres decir, como dices, que si me quitan algo, para ganar debo privarme de otra cosa ?

 – Exactamente, yo hice cuarentena hace 7 años atrás

– ¿Y de qué te tuviste que privar?

– Tuve que esperar más de 20 días en el barco.

Había meses en que ansiaba llegar al puerto y disfrutar de la primavera en tierra.

Hubo una epidemia.

En Porto Abril ,se nos prohibió bajar.

Los primeros días fueron duros.

Me sentí como tú. Pronto comencé a enfrentar esas imposiciones usando la lógica.  Sabía que después de 21 días de este comportamiento se crea un hábito, y en lugar de quejarme  y crear hábitos desastrosos, comencé a comportarme de manera diferente a los demás.
Empecé con la comida.  Me propuse comer la mitad de lo habitual.  Luego comencé a seleccionar los alimentos más digeribles, para no sobrecargar el cuerpo.  Comencé a nutrirme con alimentos que, por tradición histórica, habían mantenido al hombre sano.

El siguiente paso fue agregar a esto una purificación de pensamientos no saludables y tener pensamientos cada vez más elevados y nobles.

Me propuse leer al menos una página cada día de una discusión que no conocía.

Me puse a hacer ejercicios en el puente del barco.
Un viejo hindú me había dicho hace años que el cuerpo mejoraba al retener la respiración.  Me puse a respirar profundamente cada mañana.  Creo que mis pulmones nunca habían alcanzado tal capacidad y fuerza.
La tarde fue la hora de la oración, el momento de agradecer a una entidad por no haberme dado, como destino, privaciones graves durante toda mi vida.
El hindú también me había aconsejado que tuviera la costumbre de imaginar que la luz entraba en mí y me hacía más fuerte.  También podría funcionar para los seres queridos que estaban lejos, por lo que también integré esta práctica en mi rutina diaria en el barco.
En lugar de pensar en todo lo que no podía hacer, estaba pensando en lo que haría una vez que llegara a tierra firme.  Visualizando las escenas de cada día, las vivía
intensamente y disfrutaba de la espera.
Todo lo que podemos obtener en seguida, rápido, no es interesante.  Esperar sirve para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso.  

Me privé de comidas ricas, botellas de ron y otras delicias.  Me habían privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, de practicar el ocio, de pensar solamente en lo que me estaban privando.

¿Cómo terminó, Capitán?

 – Adquirí todos esos nuevos hábitos.  Me dejaron bajar del bote mucho más tarde de lo esperado.

-¿Te privó de la primavera, entonces?

 – Sí, ese año me privaron de la primavera y muchas otras cosas, *pero aún así florecí, llevé la primavera dentro de mí y nadie me la puede quitar.*”

Falso Nacionalismo Que Perfila a México Hacia la Ruina Colectiva

La demagogia cotidiana, machacona todas las mañanas, a todas horas, todos los días del año, de un falso nacionalismo, sirve de soporte para otorgarse poderes absolutos en la figura presidencial y que hable, juzgue y decida a nombre del pueblo al ser el único ser en la república mexicana a salvo del pecado de la corrupción, de la envidia y de la codicia, cuando en realidad perfila a toda una nación hacia la ruina colectiva.

Contra todos los pronósticos, en un tiempo récord, el presidente Andrés Manuel López Obrador logró concentrar en la silla presidencial las decisiones de todo el Estado Mexicano: integrado por los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; las entidades federativas y los municipios libres y soberanos; así como todos los sectores productivos de la sociedad.

El primero y más importante paso que dio para alcanzar tal hazaña soñada por Plutarco Elías Calles, Álvaro Obregón, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox Quesada y Enrique Peña Nieto, el actual mandatario Andrés Manuel López Obrador, fue el reparto indiscriminado de dinero público y luego hacerlo obligación constitucional, a efecto de asegurarse el respaldo incondicional de “los pobres”, que en realidad representan el pago a su base electoral que lo llevó al triunfo largamente anhelado.

A partir de este apoyo masivo incondicional, el presidente López Obrador se ha dedicado a pavonearse por todo el territorio nacional, dando y recibiendo abrazos, besos y aplausos de la creciente masa poblacional que religiosamente recibe la limosna mensual de su nuevo héroe nacional de la cuarta transformación.

De esta manera ha podido tomar todo tipo de medidas, por más absurdas y dañinas que resulten para el desarrollo nacional, a sabiendas que todo lo puede consultar y someter a votación del “pueblo” y que siempre le estarán dando la razón, con tal de no perder las dádivas económicas, producto del trabajo de todos los mexicanos que sí trabajan y pagan sus impuestos.

Ya con la soberbia que otorga la certeza de contar con todo el poder político y el respaldo de la masa feliz, feliz, feliz, que eufórica recibe sus monedas mes a mes sin tener que trabajar, el presidente Andrés Manuel López Obrador busca someter a toda costa, por las buenas o por las malas, a los demás sectores de la sociedad y para ello los agrede verbalmente, los amenaza penalmente, los acosa administrativamente y los violenta mediáticamente, para exhibirlos como traidores a la nación, como corruptos y como voraces insaciables que no quieren respaldar su demagógico proyecto de gobierno de “felicidad total”, de quitarle a los que producen para seguir alimentando la pereza de los improductivos.

En menos de un tercio de su administración ya acabó con la economía, con los ahorros de la nación, con las inversiones nacionales y extranjeras que se encontraban en marcha generando nuevos empleos formales, distribución de riqueza productiva, y nuevas contribuciones fiscales; pero también con las expectativas de nuevos proyectos productivos por la ilegalidad y desconfianza que generan sus nuevas políticas públicas, contrarias al más elemental principio de derecho internacional de libre competencia, en naciones democráticas.

Ahora con la pandemia que vino a paralizar toda la actividad económica de México y del mundo, el “todopoderoso” presidente mexicano perfila a México hacia la ruina colectiva, porque ni los dos tercios de administración que le restan, bastarán para llegar siquiera al punto de productividad y bienestar social que se tenía cuando él tomo el mando presidencial, y eso sí será verdaderamente catastrófico para todos los mexicanos, pero eso sí, “primero los pobres”, ¿no le parece a usted, estimado lector?