Falsos paladines

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Todos estamos conscientes de que una computadora, una tableta o un teléfono celular nos dan la oportunidad de opinar sobre cualquier tema que se debata en redes sociales; en este tenor, cualquier persona se siente con la autoridad para hacer juicios de valor sobre esto y aquello, sobre éste y sobre aquel, lo que se convierte en un riesgo peligroso, porque muchas personas se valen de ese poder para escupir cuanto rencor se les ocurre, sin que ello signifique necesariamente un aporte significativo.

 

Esos falsos paladines de la justicia, se atreven, desde su poca formación académica o su rencor acumulado, a cuestionar todo lo que desde su brillante punto de vista merece una opinión calificada.

 

Personas que se quejan amargamente de la violencia, y utilizan calificativos, incluso con palabras subidas de tono, para hacer leña del árbol caído, cuando en sus propios contextos distan mucho de conductas perfectas o envidiables.

 

Personajes que, con sus hijos en escuelas públicas, sienten que tienen derecho de opinar sobre las instituciones particulares, cuando ni siquiera saben los procesos y mecanismos que éstas utilizan para seleccionar, formar, apoyar y evaluar a sus alumnos; desde la teoría todo es fácil y sencillo.

 

Otros que, sin siquiera tener la estabilidad de vivir en un núcleo familiar armónico, critican lo que sus semejantes hacen para desatender a sus seres queridos, mucho bla bla y poca congruencia con sus vidas personales.

 

Para hablar con fundamento, y emitir una opinión válida, hay que pensar mucho, pero lamentablemente hay personas que tienen incontinencia verbal y aprovechan la menor provocación para decir cualquier cosa, como que si fuesen genios, incluso proponiendo hacer desaparecer personas.

 

Actitudes así son flagrantes delitos, ya que incluso se incita a la represión o enojo masivo sin medir consecuencias; otros que hablan porque se creen poderosos por el cargo que ocupan, sin darse cuenta que no es para siempre.

 

Con tristeza, encontramos charlatanes en todos lados, con tal grado de resentimiento acumulado que es imposible establecer un criterio sólido sobre ellos; cada vez más personas se autodenominan poseedores de la verdad y esperan que la gente coincida con ellos de cualquier forma.

 

Las críticas sin fundamento llevan consigo la denuncia de una gran pobreza emocional de parte de quien las emite.  Las personas que se dedican a hablar mal de los demás, a juzgarlos, criticar lo que hacen, lo que piensan o incluso lo que dicen; resultan ser personas tóxicas que contaminan a los demás con un negativismo malicioso.

 

No existe nada más ocioso que escuchar a una persona que sólo está pendiente de hablar mal, juzgar o criticar todo y a todos; las palabras y actitudes de este tipo de entes, criticones por naturaleza, son invasivas y generan que los demás perdamos la calma o estabilidad emocional.

 

¿Por qué nos gusta hablar sin fundamente?, ¿Por qué sentimos que nuestro decir es verdad absoluta?

 

Entre más queremos mostrar nuestro intelecto, más evidenciamos nuestras carencias.

 

¿A cuántos paladines conoce?

 

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davidalejandrodiaz.blogspot.com