Festividad permanente

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Hoy celebramos una de las tradiciones más representativas de nuestro país, el día de muertos. No es secreto que el mexicano tiene un particular sentido del humor y una visión de la muerte diferente a la de cualquier parte del mundo.

 

La intención es rendir homenaje a quienes se nos adelantaron en el camino, a través de ofrendas cuya finalidad principal es agasajarles con todo aquello que disfrutaban en vida, como un acto de amor y respeto hacia su memoria.

 

El asunto en este México incongruente es que más allá de los dos primeros días de noviembre, la muerte está más que presente en cada uno de nosotros.

 

¿Por qué lo pienso?, porque cada uno de nosotros mata todos los días, si no físicamente, por supuesto que metafóricamente (no por ello menor) muchas de las cosas que dan sentido a la interacción entre seres humanos.

 

Quien no llega a tiempo a su trabajo o decide faltar porque puede, mata su sentido de responsabilidad, con cada decisión en este sentido le va clavando una a una las dagas que acaban por legitimar su hacer.

 

Cada padre o madre de familia que decide no atender a sus hijos porque siempre tiene algo mejor que hacer, va matando en ellos ese sentimiento de amor, solidaridad y compromiso tan ausente en nuestros días.  Esos pequeños crecen de esa forma y son seres potencialmente antisociales que, a la menor provocación, matan sus expectativas de vida y se transforman en verdaderos zombies vivientes.

 

Todo gobernante que falta a su palabra, mata la esperanza y las ilusiones de sus gobernados y genera un descontento tal que, a pesar de estar vivos sienten la muerte chiquita por las condiciones adversas que tiene que asumir para seguir sobreviviendo.

 

Quien goza de enemistarse con quien puede, haciéndole la vida cansada, tediosa e insoportable, se mata a sí mismo (en tanto se va quedando con todo eso podrido adentro) y mata las ganas de hacer cosas de sus interlocutores.  No, no son sólo los asesinos del tipo Michael Mayers los únicos que pueden arruinar o acabar con la vida de otros, basta tantita mala voluntad para lograrlo con relativa facilidad.

 

Y así, muchas otras cosas se matan porque en nuestra arrogancia humana nos asumimos con derechos para hacerlo; los valores también están muriendo, poco a poco, no nos sorprendamos de lo que nos depare el futuro.

 

Día de Muertos; festejo permanente en nuestra sociedad.  Para matar, de cualquier forma, se necesitan solo dos cosas: un arma y una cobardía.

 

Bueno, eso pienso yo.

 

Eso pienso yo.