Fondos de café; café del fondo

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Cuando llegué a Querétaro en el año 93, el café del fondo, ya era lugar del arte y de la palabra; conversatorio de poesía con cafés de fondo. Sitio de entrelazada historia de poetas, poetas amantes de escritura, amantes poetas de la vida.

En aquel año, mis compañeros de clases, insipientes estudiantes de filosofía, salíamos de la Facultad, intentado construir ingenuas ideas de un mundo entre charlas de café, café del fondo y fondo de café.

 

La primera vez que entré, quedé más preñada de su atmósfera de tintes coloniales bosquejados de piedra de cantera que de las atenciones del escritor César Cano Basaldúa quien en ese tiempo fuera mi compañero de banca en la Facultad de Filosofía y que, al tiempo se convirtiera en el padre de mi único hijo y compartiera conmigo casi veinte años de las letras de su vida.

 

Jamás imaginé que esta otra cuna territorial después de tantos años, fuera fragmento de la historia de vida que el cosmos escribe sobre mi misma. Soy parte de él, el café del fondo también tomó nota de la mía.

 

En la ingenua ignorancia, en ese sitio coincidí con hombres y mujeres amantes de lectura y escritura como: Hugo Gutiérrez Vega, Florentino Chávez, Francisco Cervantes, Miguel Aguilar Carrillo, Martha Favila, Dionicio Munguía, Paulina Barrientos, Blas César Terán entre otros, el lugar fue la esfera existencial que albergó las voces, pensamiento y afectos del cosmos escritor.

 

En él escuché nombres de excelsos literatos, los llegué a ver desde las otras mesas y en los últimos casi treinta años de mi instancia en esta agraciada ciudad, muchos de ellos me han obsequiado su presencia y su compañía en el fondo del café.

 

Me siento bienaventurada por las charlas, confidencias, querellas y malquerencias vivencias fraguadas de café. Soy historia con olor a recuerdos, pasado y presente robado por la pandemia del 2020. Y, hasta este suceso inusitado que vino a cambiar las vidas del mundo, también lo asentó el fondo del café.

 

Gracias por esos cafés del fondo que fueron el motivo para escribir en cada uno de los textos existenciales una historia compartida en un infinito universo de nuestro ser como personas amantes de la letra y la lectura.