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Frida Kahlo

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Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón (1907-1954) nací en Coyoacán, Ciudad de México, viví en la Casa Azul donde hoy en día se conoce como el Museo de Frida Kahlo.

Desde mis seis años, me vi luchando contra la enfermedad poliomielitis que me dejó nueve meses en cama generándome graves secuelas en mi pierna derecha la cual quedó más delgada que la otra, por tal motivo solía ponerme de dos  a tres calcetas en ella. Me sentía insegura. Vestía con largas faldas mexicanas, moños trenzados con cintas de colores y collares, mi vestimenta de campesina o de india, porque siempre me identifiqué con la población indígena.

En 1925, a mis dieciocho años sufrí un accidente en un camión con destino a casa;  chocó con un tranvía, el camión se partió en dos, mi cuerpo quedó destrozado. “El pasamanos me a travesó como la espada a un toro” El hombro izquierdo fuera de lugar, dos costillas rotas, tres fracturas en la columna vertebral, tres fracturas en la pelvis, once fracturas en la pierna derecha y el pie derecho dislocado y aplastado, dolor y lucha en mi vida, un mes hospitalizada.

El accidente fue devastador con fracturas en todo el cuerpo, después me impediría ser madre.

Practiqué la pintura en largos meses, pues no podía moverme, tenía tanto dolor e impotencia, pero fue el inicio de una larga serie de autorretratos. Afirmé en alguna ocasión “me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el motivo que mejor conozco”

En mis retratos representaba todas mis experiencias y pensamientos que vivía día tras día.

“Pinto la verdad de mi vida”

“La pintura ha llenado mi vida”

“Mis cuadros están bien pintados, no con ligereza, sino con paciencia. Mi pintura lleva el mensaje del dolor”

“En realidad no sé si mis cuadros son realistas o no, pero sí sé que representan la expresión más franca de mi misma”

“La tristeza se retrata en toda mi pintura, pero así es mi condición ya no tengo compostura”

“Todo puede tener belleza aun en lo más horrible”

Yo nunca pinté sueños lo único que pintaba era la representación de mi realidad. Al mismo tiempo sufría al escribir, pero tenía la esperanza de que todo cambiaría, luchaba contra mi enfermedad. En mis pinturas mostré consistencia tanto con la vida como con la muerte. especialmente tras mis treinta y dos  operaciones quirúrgicas y mi constante presencia del dolor. “¡Viva la Vida!”