Gracias por el nuevo imán para el refri…

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Los pensamientos de esta semana se redujeron a la convivencia forzada con los anuncios en las redes sociales, al escueto pronunciar de mi dirigente nacional, al reforzado ambiente que como en el sur de mi país acarrea sargazo, algas, restos, retazos y naturaleza que para algunos, estorba.

Terminé los festejos de mayo o al menos los importantes para mí, el resultado de un Día de las Madres diferente, a  la pregunta del –¿A dónde te llevaron de festejo?,    perdón, pero no somos perritos para que nos saquen a pasear o nos lleven, la pregunta que debemos hacernos entre nosotros sería más bien –¿Qué quisiste  hacer éste día? o –¿te gusta que te festejen?; es decir, por qué damos por hecho que a [email protected] nos gusta el día, y cada una lo vivimos diferente, para algunas es el día ideal para asistir al festival de la escuela en vestido corto y dispuestas a sentarse hasta enfrente para tomar todas las fotos posibles, otras prefieran vestirse elegantes ir a un restaurante y recibir un regalo, también están las que aman ser las anfitrionas y/o chefs de su propio menú, invitar familia y amigos a casa y pasar la tarde riendo, cocinado y sirviendo a los demás, habemos otras que buscamos hacer sentir especiales a nuestras mamás, no tener el stress de la rutina normal, tomar vino y dormirnos temprano.

En el resultado está implícito el deseo, porque al final el día no deja de ser importante, pero dicho sea de paso, todo depende de quién nos festeje, me queda muy claro que las edades de los hijos conllevan ciertas dinámicas; en mi caso, mi hija no tiene idea aún del día, pero que tal un niño de 8 años, al cual en la escuela llevan una semana bombardeándolo con la manualidad que tiene que regarle a su mamá ese día, o el hijo de 26 años que estudia lejos de casa, y se toma 5 min de su día para marcar a casa y decirle a su mama una frase con máximo 6 palabras, porque es cierto que habemos muchos por ahí con una familia nuclear reducida y simplificada, en la que queremos sembrar tradiciones y enriquecer costumbres, el clímax de todo esto sería entonces no unificar la celebración, sino darle el acento peculiar a lo que la mamá quiere, el sueño de la lavadora nueva para enjuagar la ropa de la preparatoriana que no asiste a clases por su gana, o el sueño de la gargantilla de plata para usar en el convivio del trabajo o el libro que usarás para pretextar tus mañanas frente al café frio y el plato de fruta sin probar.