Grandes oradores de la humanidad

Views: 797

“De todos los talentos otorgados a los hombres,

ninguno es tan valioso como el de la oratoria”

Winston Churchill

 

En la sabia que da la vida, fluye el torrente de ideas y pensamientos que evocan nuestra propia existencia; podemos exteriorizarlos, hacerlos presentes de muchas formas tangibles, pero, no hay mejor forma de hacer presente nuestra existencia que haciendo gala de la palabra hablada; dando alas a nuestra oratoria para que se conecte el pensamiento con la palabra y se construyan la más bella sinfonía que engalana al intelecto humano.

 

Haciendo eco del portento laudable con el que han trascendido los grandes líderes de la humanidad, debemos hacer un espacio en la columna vertebral de su ejercicio: no hay liderazgo si no hay palabra, no puede pensarse en dirigentes si no hay un mensaje que oportunamente se pronuncie e ilumine a la sociedad, es a través de la palabra; como el hombre se recrea, se expande, se fortifica o en ciertos casos se destruye.

 

La historia, fiel testigo de nuestro paso por el mundo, puede darnos un sinfín de nombres y anécdotas de quienes con pundonor han diamantado su existencia, alargando la vigencia de su pensamiento a través de la palabra; de esos líderes hoy nuestro mundo esta urgido, de esos hombres y mujeres que se atrevieron a retar a su destino y encendieron metáforas de vida con las que transformaron la percepción de la humanidad para potenciarla, engrandecerla y llevarla al alto plano de la civilización; pues por medio de la palabra el ser humano forzosamente se humaniza.

 

Y es que, a pesar de que una de las características del ser humano es expresarse de manera verbal y a través de ello se distingue de los demás animales, hay quienes no hacen ejercicio de esa sutil herramienta con la que fuimos dotados para coexistir y comunicarnos armoniosamente; restándole valor a la palabra, inutilizándola o desdeñando su influjo ante la sociedad, lo que de suyo ya trae una polarización en la conducta generando un descontrol, pues se opina sin escuchar o se pretende escuchar cuando nadie habla.

 

Mucho se ha hablado de la historia bíblica de la Torre de Babel en donde el ser humano queriendo alcanzar a Dios construye una gran torre; sin embargo ante la colera divina la famosa torre es destruida y el ser humano después de tener un lenguaje en común para todos, empieza a hablar en lenguas distintas y surge el caos, no hay entendimiento y por tanto la duda reina en la sociedad; hay segregación y un desdén inaudito, ese es el efecto de la palabra que, puede levantar murallas a través del convencimiento o puede derribar voluntades y hacer imperar el caos en quien propaga verdades aisladas.

 

El pleno dominio de la palabra hablada, es un privilegio, pero al mismo tiempo una responsabilidad como acertadamente sentenciara José Muñoz Cota; y es que hay que entender que se requiere dominar la Oratoria (arte de hablar en público) para poder entender nuestro mundo y después darlo a entender a los demás; partiendo del ideal de que la Oratoria es el arte del bien decir y el bien hacer, verbos que son insolutos e indivisibles.

 

Muestra de todo lo anterior es el recuento histórico de los personajes que a través del lustre de su verbo defendieron y enaltecieron las causas más justas de la humanidad; como pioneros de este bello arte de defender las ideas a través de la palabra podemos encontrar a los grandes oradores de la época griega como: Solón, Pericles, Demóstenes, Sócrates, Platón o Aristóteles; quienes con su verbo académico y lucido dieron a la humanidad muestra de gallardía y de lógica, de una dirección hacia el espíritu racional, ya desde esta época según la mitología griega; el portador del verbo hablaba con los dioses y llevaba ante la humanidad los designios de los dioses, en la figura de Hermes.

 

Así, en esta época de luz en la humanidad se recreó el espíritu y las palabras fueron saetas que impulsaron al imperio de la fuerza, la legión romana. Es en el imperio romano donde la palabra se reviste de potencia para protestar, para exigir, para luchar y arengar en la política; en este periodo el Derecho se viste de luces; pues a través de la palabra se decidían los rumbos de la humanidad, Marco Tulio Cicerón, Julio Cesar y Marco Fabio Quintiliano, son los nombres de quienes cincelaron con la balanza de la verdad los rumbos políticos y jurídicos que aún permean entre nosotros.

 

Así en el peregrinar de la historia hombres de la talla de: Tomas de Aquino, Agustín de Hipona, Benito Mussolini, Winston Churchill, Salvador Allende, Ernesto Guevara, Fidel Castro, Hugo Chávez, entre otros; incendiaron con el fuego de sus voces el campo de la esperanza e hicieron que la conciencia de la sociedad despertara, logrando en cada época de su existencia una revolución del pensamiento, alargando la espera de la indiferencia; pues con el repicar de su voz lograron que el pueblo despertara y se accionara. Mención especial requiere Adolfo Hitler el líder alemán que hizo que el torrente de su voz fuera perpetuado, y aunque ajeno a los fines que perseguía, evocó a los líderes de la humanidad que para construir una ideología consolidan una nueva forma de vida; así podrá criticarse el fin pero nunca el medio, pues la palabra diáfana y ecuánime es un jirón que se humaniza para crecer potente y enérgica para denunciar la verdad de quien la proclama.

 

Sin duda hay nombres y personajes que a pesar del quehacer que tejieron con su palabra y la gran contribución que hicieron a la historia han pasado al ostracismo del olvido; pero nunca se olvidara lo que han hecho, pues gracias a ellos otros tenemos voz, y otros tantos nos hemos permitido existir a través de la palabra.

 

Al final de este mapa de ideas que enarbolan un estadio, nos queda el gran dilema de quien es mejor orador: el que arenga o el que enseña; pues si bien es la idea la que habla a través del hombre, no menos cierto es que los hombres que abrazan con dulzura el apostolado de la palabra moldean almas y construyen un batallón de sirenas que seduce a la humanidad, y que en ciertas ocasiones la conduce a las aguas redentoras de la esperanza, germinando como semilla que multiplica para tener vida en espiral.

 

Muchos serán los atributos del orador que pasa de ser luz a ser un bello astro, algunos fugaces, otros sempiternos; pero no, el color e intensidad dependerá de lo que la humanidad ha recibido de ellos y como le recuerdan; y lo he dicho en otro espacio estimado lector : “hay oradores sin corona y coronas que necesitan de un orador”; sin embargo; la estatura de su grandeza la condecora su paso infinito en la conciencia del hombre.