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GRATITUD: CUANDO TODO ESTÁ EN SU LUGAR.

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A muchas personas les cuesta realmente mucho trabajo agradecer las cosas que reciben de la vida, de quién desinteresadamente les da la mano, del apoyo incondicional de un amigo o simplemente por el hecho de tener delante un plato de comida o gozar de cabal salud.

 

El sentimiento de gratitud está vinculado al agradecimiento, que es la acción y efecto de agradecer. Este verbo, justamente, significa sentir gratitud.

 

La gratitud, expresa un reconocimiento a la buena voluntad y conlleva amor, dicha, empatía, comprensión, compasión, amistad y generosidad.

 

Ser agradecido es un gesto de humildad que nos permite reconocer y dar valor al apoyo recibido en algún asunto y es además una forma de mantener la atención en las cosas sencillas de la vida. De frente al mar, al sol o al horizonte o frente a las personas que amamos, reconocer tan solo el bien que nos causa un buen saludo o tan sólo una palma en la espalda en el momento oportuno.

 

Los seres humanos no necesitamos tanto para ser bendecidos, sí más bien para reconocer en todo momento con gratitud los favores o el apoyo recibido.

 

La palabra “gracias” por ejemplo, es muy común en todos los idiomas. El significado de este término tiene un origen en la fe. Indica nuestro deseo de que aquella persona que nos ayudó reciba la gracia de Dios, un favor en forma de don, para que su vida marche bien. Seamos religiosos o no, todos la decimos para corresponder al beneficio que nos ha hecho alguien.

Pero la gratitud es mucho más que ese término. Es una sensación profunda de reconocimiento y cariño a quien nos ha favorecido y el deseo vivo de comprenderlo de igual manera.

Agradecer por ejemplo a nuestros padres, poco a poco va cayendo en el desuso, más allá del clásico festejo del 10 de mayo o del mes de junio, festejos que ni siquiera son propios sino adquiridos, pero lejos de costosas celebraciones, tener la capacidad de agradecer a quienes nos dieron la vida y nos apoyaron al crecer, es el acto más indispensable de los seres humanos.

 

Gracias, una palabra que encierra sencillez y reconocimiento, decirla, alivia el corazón y la conciencia.

 

Dar gracias implica también un reconocimiento y es por esto mismo que muchos no agradecen dando paso al anti- valor, con ingratitud desconocen el favor recibido con tal de no reconocer el apoyo de los demás. Efectivamente el agradecimiento nos vuelve de carne y hueso y aleja de nosotros ese sentimiento de superioridad hacia quienes pretenden ayudarnos desinteresadamente.

 

Permítanme cerrar este capítulo como se debe, agradeciendo a las personas más importantes de mi vida y con un poema que escribí a mi padre, en reconocimiento por su influencia en mi vida y su apoyo y amor incondicional. Con toda humildad.

 

Agradecimiento

 

 

Todo esfuerzo por pequeño que sea cuenta, cada intento en su momento hace la diferencia.

 

Antes que todo y que nadie: Gracias, Señor Jesucristo, por estar en mi vida, por ser mi guía, por darme un lugarcito en tu mesa. Te amo, Dios mío.

 

La poesía ha sembrado tantas cosas bellas en mi corazón, me ha motivado y mostrado un camino placentero y sin final.

 

Este bello arte fue inspirado en mí vida por la obra que Dios ha hecho en mi corazón, pero revelado e instruido por mi padre. Gracias papá, como siempre y más, has bendecido mi vida, me mostraste el buen camino. Te amo.

 

Amada esposa, mi tesoro: Es muy poco decirte gracias por tu apoyo y cariño. Caminas conmigo cada día sin más que esperanza, tu amor me impulsa e inspira. Gracias por estar a mi lado.

 

Hijitas mías (Dara, Ruth y Cinthya), aunque he seguido sus pasos a la distancia, mi corazón las lleva grabadas como una marca viva, guardo cada día un recuerdo y un latido lleno de esperanza y de mejores deseos para ustedes. Con amor entrañable.

 

Hijito: Comienzas tu camino, las mejores cosas de la vida esperan por ti, nunca te canses de amar ni de luchar, sé firme en tu diario andar, llega a la meta y encuentra los motivos de tu vida. Te amo, Oscar.

 

¡Gracias, Dios mío!  Por tanta gente amada, por tantos buenos amigos, por cada historia vivida.

 

A mi padre

 

 

Queriendo y no, soy igual a ti.

Hijo de tigre pintito.

Amante, apasionado,

por mucho y por tantito.

 

Me gusta soñar, tanto como reír,

un café por la mañana,

uno más a media tarde;

siempre de muy buena gana.

 

Disfruto tanto el día como la noche,

el trabajo duro y el descanso.

Caminar sin prisa,

o pasear en coche.

 

Van pasando los días,

nos alcanza el tiempo;

todo se hace más cercano,

cuesta menos el sosiego.

 

Padre mío, te amo tanto,

que sin darme cuenta

cada día me parezco más a ti,

a mis casi cincuenta.

 

Quiera Dios alargar tus días,

darte tiempo suficiente,

para así alcanzarte y

caminar juntos la última milla.

 

Te amo padre.

Te amaré por siempre;

Tu amor me ha sido suficiente.                     Muchas gracias.