Hablando sin palabras

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“Lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice”
Peter Drucker
La comunicación humana ha llegado a alcances poco predecibles, existen nuevas
formas de comunicación que poco a poco vamos asimilando; tal parece que el
modelo clásico de comunicación por excelencia (la comunicación verbal) está
perdiendo su espacio en el tiempo. Las palabras se van desdibujando en hilvanes
sin valor que sostiene la forma más hermosa quizá de entender nuestro mundo:
hablar.
Y es que sin duda, mientras para algunos hablar es existir, para otros el silencio
dice más que las palabras y para conocer a una persona vale más observar sus
actos que escuchar sus palabras. Estos dichos, nos hablan de la complejidad de la
comunicación, que en su tiempo fue predominantemente oral y en la actualidad las
técnicas modernas nos hablan de: la interpretación del silencio, de la
comunicación gesticular, del mensaje que emite el movimiento corporal, la
proyección de espacios territoriales de convivencia, ademanes (que son extensión
de la palabra) e incluso el color y tipo de ropa que nos orienta sobre la propia
personalidad humana.
En la misma medida en la que el ser humano viene evolucionando la
comunicación, en sus diversas facetas; evoluciona con él. Somos las palabras que
pronunciamos, pero también los silencios que incrustamos en nuestro lenguaje.
De tal suerte que, tenemos que adaptar nuestros sentidos para percibir lo que se
está comunicando y que trasciende (según estudios en psicología) nuestra propia
personalidad, de ahí seguramente surgió el ya muy conocido apotegma: “todo
comunica”.
Ahora bien, debemos emplear de manera eficiente todos los elementos a nuestro
alcance para que el mensaje que pretendemos, llegue ante el auditorio de una
manera correcta, precisa y contundente; pues a través de ello estaremos logrando
nuestro cometido comunicacional. No todas las palabras que empleamos tienen el
alcance comunicacional que se pretende, existen ocasiones en que esos vacíos
en las palabras solo pueden ser llenados con nuestro lenguaje no verbal.
Seguramente estimado lector en tu transitar por la vida te has encontrado con
mensajes que son descifrados a la luz del entendimiento más que de la palabra,
hablamos por ejemplo; de gente que inspira mediante sus actos a transformar la
realidad de quien le rodea, de gente que día a día teje los mejores discursos
sociales a través de sus obras que pocas veces son difundidas, pero que la gran
mayoría son reconocidas, aplaudidas y admiradas por quienes son los

beneficiados de las obras, personas que por inspiración deciden caminar
siguiendo el legado heredado más que sobre el discurso agazapado. En el mundo,
existen personas cuya personalidad irradia el carisma que oradores
motivacionales pregonan y que en ocasiones no proyectan en su incesante recitar
de frases eslabonadas y articuladas que reflejan el éxito de sus antecesores, mas
no el personal.
Esto, suele conocerse como testimonio, coherencia de actos y palabras que van
hilvanando el espíritu de la humanidad. No podemos decir algo y actuar en un
sentido totalmente contrario, somos una sola pieza que debe amalgamar nuestra
estructura, como lo es el mensaje que se pretende dar a la audiencia, para
generar con ello nuestra propia reputación ante la sociedad; palabra y acto son el
péndulo que orientan nuestro transitar; en otros espacios, he afirmado con
benevolencia que palabra que no lleve aparejada acción es vana ilusión, pero
también es cierto que los actos sin palabras pueden arrastrar voluntades, pues en
ello se evoca el sentir de una Nación, se necesitan hechos que nos reconstruyan
no palabras que nos endulcen.
La pregunta obligatoria siguiendo la espiral del ideas sería: ¿Qué impacto generas
en los demás? esto se ve afectado por dos ejes fundamentales: la palabra hablada
que ya de suyo a través de la voz va dejando una huella en los que la escuchan
(positiva o negativa) y por otra parte; nuestra manera de comunicarnos con
quienes nos rodean a través de nuestra postura corporal, nuestra manera de
comportarnos o reaccionar ante circunstancias en las que no es necesario emitir
verbalmente una opinión. En resumen, nuestras emociones influyen en nuestros
actos, lo que se traducirá en nuestra comunicación no verbal; pues efectivamente
el impulso de la emoción orilla a que nuestro cuerpo reaccione motivado por
arrastres que revelan parte de lo que somos.
Habrás notado también que hay personas que persuaden a la sociedad sin
necesidad de ocupar la palabra, hay ocasiones en que en determinado lugar se
presenta una persona y cautiva a los asistentes con la expectación de su propia
persona, lo que comúnmente se conoce como “el porte”; este tipo de personas de
manera consiente e inconsciente pueden influir en el actuar de la sociedad,
cautivando e incluso generando partidarios por su estilo, forma o presencia.
Lo importantes es entender que en el mundo globalizado en el que vivimos,
importa más la esencia que la apariencia, es decir debemos trabajar en nuestra
persona para comulgar nuestros pensamientos con nuestra comunicación; nuestro
ser impulsa a emitir mensajes que son evaluados por los expertos, el lenguaje no
verbal, es factor determinante en la comunicación que se emite entre la
humanidad; el ser humano tiene una mayoría de emociones que no pueden ser
controladas y que relucen de manera espontánea en nuestro ser, pero pocas

veces nos detenemos a detectarlas en nuestros semejantes. Por eso, el psicólogo
Paul Ekman afirma que: “Mientras que nuestros pensamientos son totalmente
privados, la mayoría de nuestras emociones se detectan por una señal distintiva
que ayuda a los demás a comprender como nos sentimos”.
Procura por tanto, que el impacto que generas entre la gente con la que
habitualmente convives sea positivo y que su influjo genere un resultado positivo
en tu vida; si has identificado que lo que pretendes no comulga con lo que eres,
que tus palabras refieren un mensaje pero tu lenguaje corporal dice otro; estas a
tiempo de hacer que gire el engranaje de las realidades para transformar tu propia
comunicación.