Hablar de ti

Views: 622

La primera vez que viajé a Querétaro fue tras la invitación de una amiga que hice a través del viejo elchat.com y la plática fluyó bien, al grado de intercambiar direcciones de messenger. Tenía una excelente ortografía, cosa que en un principio fue lo más agradable. Ella era Química, profesora y estudiante a la vez, el doctorado estaba en puerta, sólo faltaban algunos ajustes a la tesis. Habíamos conversado por días, así que planeamos mi visita para el siguiente fin de semana. A bordo del autobús vi uno de los atardeceres más bellos, inmediatamente nació un poema en mi cabeza, tenía que ver con la amistad, lo grande de la existencia y lo positivo que uno puede dejar a su partida. Durante ese viaje escribí dos textos, pero del que hablo es No muero por el sol.

Efectivamente fue a recogerme a la central, nos saludamos y salimos aprisa a tomar un taxi: Sabandijas de palacio estrenaba una obra que me pareció fantástica, agradecí para siempre el gesto que tuvo de llevarme a tan buen lugar. Después, los tacos, la caminata, el mirador y el regreso a su casa. Ella era ordenada, tenía una gran disciplina: a las 5 am sonaba una alarma que le indicaba tomar su medicamento, lo tomaba todas las mañanas sin excepción, y eso es sólo un ejemplo del rigor con el que cumplía sus actividades.

Al día siguiente fuimos a Bernal, el fantástico Bernal cuyo monolito ascendimos parcialmente. Una vez que retomamos el aire me platicó de una montaña que visitó en Santiago de Chile en la que sí pudo llegar a la cima, su salud era mucho mejor que la actual, me contaba.

Era originaria de la Ciudad de México, pero lo suyo no era permanecer de más en algún sitio. El movimiento, a diferencia de las personas, le era necesario. No tenía apegos, tenía clara la idea de libertad. Su carácter era firme, notable su inteligencia, disfrutaba leer, fuimos a comprar libros y más tarde, a una reunión con un grupo de amigos que conocí en un campamento, grupo al que más tarde se integraría.

La despedida fue triste, por primera y única vez la vi conmovida, creo haber visto un par de lágrimas sólo asomarse a la superficie de sus ojos, sin desbordarse. Me ofreció volver cuando quisiera.

Mantuvimos la comunicación siempre con mucho espacio de por medio y no volvimos a  tener una conversación prolongada porque comencé a trabajar y ella fiel a sus preceptos, se mudó a algún sitio en Jalisco donde también daría clases. Me enteré que tenía un novio, su vida estaba cambiando y yo la sentía contenta y eso me alegraba.

Después de mucho de no saber de ella, la busqué en Facebook, aparecía en su foto de perfil con la cabeza rapada y sus alumnos comentaban dándole ánimos, yo nunca platiqué con ella sobre su enfermedad, no tenía nada que decirle que no supiera ya. Comencé a escribirle, saludándola más seguido hasta que decidí darle un poco de espacio y para que no interpretara un falso interés. Después de un tiempo ya no contestó mis mensajes de WhatsApp y Facebook, las llamadas iban directo a buzón. No dejé de escribirle para que supiera, cuando volviera, que nunca la olvidé.

Regularmente iba a su perfil para monitorear su actividad, mas no había novedades. Una de tantas tardes ingresé y su biografía aparecía como A la memoria de…

Hay golpes emocionales tan fuertes que a uno lo cimbran como si se tratara de un auténtico manotazo en el pecho; se va el aire de los pulmones, se nubla la visión y todo, absolutamente todo, toma otro color.

No muero por el sol

 

No muero por el sol

el sol se muere en mi muerte

 

me lo llevo en la piel

en los ojos

se escurre en mis venas

se esconde en mi entrepierna

explota en mi risa

y bajo mis mejillas evapora mi llanto

 

no muero por el sol

el sol se muere conmigo