¡Hagamos caso!

Views: 1226

Formalmente hemos entrado a la fase dos de la pandemia ocasionada por el coronavirus; a pesar de ello, con sorpresa vemos como en el día a día hay quienes parecen no tomar el tema con la seriedad del asunto y caen en contrasentidos que pueden tener consecuencias catastróficas.

 

Por una parte, se nos ha pedido quedarnos en casa, si la recomendación es así de clara, ¿por qué no lo hacemos?, comprendo perfectamente a quienes, por su actividad económica, o porque sus patrones no han tenido tantita sensibilidad, tienen que salir a buscar el sustento para sus familiar; quizás es la única razón válida para hacerlo. El punto es que muchas personas, pero muchas de verdad, prosiguen con sus encuentros sociales como si se tratara de un juego.

 

Seguimos de paseo con el novio o la novia en espacios públicos; seguimos tomando cafecito o comiendo con los amigos por inconscientes, seguimos asistiendo a lugares concurridos porque nos sentimos muy fregones. Está comprobado, con base en lo que ha sucedido en otros países, que el aislamiento social evita el contagio; y seguir con esta actitud no sólo nos pone en riesgo a nosotros, sino a quienes en el discurso son nuestros seres amados,  particularmente a nuestros adultos mayores.

 

¿No nos mueve tantito ver la cantidad de ataúdes en Italia o China?, ¿No basta con ver los sistemas de salud de otros países colapsados?

 

Por la otra, las redes sociales están jugando un rol tremendamente perverso en el tema; ahora resulta que todos somos expertos en política internacional, psicología y medicina, y posteamos cuanta barbaridad leemos o creemos, sin un análisis previo, causando con ello más confusión que beneficio.

 

Desde las teorías del complot que acusan a Estados Unidos de orquestar un plan para desestabilizar la economía China a través de la invención de un virus para generar pánico y capitalizarlo en términos económicos, pasando por la brillante opinión sobre impacto negativo de la cuarentena, hasta los remedios caseros a base de bicarbonato de sodio y limón para aniquilar al virus.

 

A la par, el surgimiento de salvadores sociales que pretenden dictar cátedra sobre cualquier situación vinculada al coronavirus y sus afectaciones, cuando ni siquiera tienen control sobre lo que sucede en su contexto inmediato.

 

Si a eso sumamos que el tema, por nuestra propia cultura, se ha politizado de una manera grosera con dos posturas bien identificadas, la que apoya las acciones gubernamentales a capa y espada, considerándolas ejemplares; y la que asegura que todo lo que está haciendo el gobierno es incorrecto, absurdo e ineficiente.

 

Es decir, caos, noticias falsas y tendenciosas, información equivocada que se suman a un resentimiento social y político que se agrava por la actitud incrédula e indolente de muchas personas.

 

Nadie hará por nosotros lo que no estemos dispuestos a hacerlo; ¡hagamos caso de las recomendaciones!, pero con información confiable; quizás nos convenga evaluar la información que se emite en otros países para contrastarle con lo que nos llega por diversas vías.

 

Maduremos, usemos nuestro criterio y sobre todo cuidémonos bien; sé que hay mucha incredulidad, sé que hay quien piensa que es una exageración, pero en estos temas, preferible pecar de cuidadosos que caer en omisiones que, literal, pueden costar la vida.

 

¿Usted cómo lo ve?

 

[email protected],

davidalejandrodiaz.blogspot.com