Héroes de la Independencia Mexicana

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“Morir es nada cuando por la patria se muere”

José María Morelos y Pavón

 

 

Redimirnos a través de nuestra historia, es tal vez una de las actividades más sublimes del pensamiento y esta a su vez, es una efímera anécdota de ideales entre el ser y el deber ser de nuestra propia existencia; no podemos entender el futuro sin entender primero nuestro paso por el mundo, hacía donde vamos nos incita a pensar, de dónde venimos.

 

Ese es el paso de nuestras anécdotas y nuestra historia, la mexicana; no es la excepción, hacer énfasis en nuestra libertad nos debe llevar a pensar en los hechos y episodios que han forjado lo que hoy nos identifican como un país libre, independiente y soberano desde el seno constitucional.

 

Ahora que enfrentamos una época de profunda crisis social, donde el sentido de pertenencia hacia nuestro país es escaso y en donde la identidad nacionalista se ve desdibujada por el absorbente fenómeno globalizador que de a poco va lacerando nuestras raíces, podemos entender que es necesario apropiarnos de lo nuestro y de nuestra historia para reconstruirnos, identificarnos y evidentemente nacionalizarnos.

 

Es así como realizamos un pase de lista sobre nuestros héroes nacionales; seres humanos no idealizados, a los que es justo rendirle un reconocimiento a su labor en pro de la patria, nos corresponde como mexicanos de estos tiempos, hacer que los lazos de identidad se tornen fuertes y unificadores en los momentos de más tensión social. Quiero decirte amigo lector; que la identidad nacional también es un lazo que sirve para solidificar nuestro amor por la patria, así fue como la luz que las estrellas han esparcido a lo largo del tiempo se convirtió en los luceros taciturnos que están dispuestos a levantar el espíritu de los caídos y alentarnos a que juntos hagamos una mejor patria.

 

Justo en el tabernáculo de nuestro pasado se tornan sublimes en el firmamento las estatuas señeras de nuestros orígenes como nación libre; raza guerrera que cobro venganza por la osadía de conquistar nuestros orígenes, pues sí bien tenemos el orgullo de nuestra tierra, somos nosotros mismos quienes la hemos mancillado. Al pueblo solo se le conquista desde dentro del pueblo, pues cuando se corta nuestro tronco, siguen vivas nuestras raíces.

 

Así hacemos un eco en nuestro peregrinar como país para reconocer la labor del llamado “padre de la patria” Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor; Miguel Hidalgo, a quien pese a ser cura connotado le atribuían el mote de “zorro”, pulcro en su retórica, avezado en los juegos de azar, un tahúr profesional que inspirado en las ideas de libertad francesa; propagaba la dignidad humana sin reconocimiento de castas o clases sociales, hombres y mujeres libres al amparo del Altísimo. La talla y altura de nuestro héroe independentista no tiene punto de comparación, pues pese a los cercenantes ataques de los que ha sido objeto, su voz en el inmortal “grito de dolores” abrió la brecha de consuelo en el suelo mexicano.

 

Lo mismo ha pasado con quienes diáfanos para la historia y  radiantes para la libertad siguieron con sigilo su ejemplo y arengaban a las comunidades se levantaran en armas; aquellos que con voz de plomo levantaban cañones de verdad y encendían los corazones de nuestros pobladores para luchar por la defensa de su tierra, por reivindicar su casta mexicana, por pedir lo justo por su trabajo (casa, vestido y sustento), como virtud de honra para aquellos que implorando a lo alto extienden sus brazos para no dejarse vencer ante la desesperanza.

 

De esa magnitud fueron sus discípulos, quienes desde la catedra en el Colegio de San Nicolás de Obispo hoy Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, aprendieron seguramente que: “Morir es nada cuando por la patria se muere”, y aquí hacemos alusión particularmente a la figura de José María Teclo Morelos Pavón y Pérez;  quien enseñara que la defensa de una Nación no tiene prebenda de ideales, y que toda lucha antes de iniciarse en el campo de batalla, se planea y coordina desde el escritorio; que es como dijera Horacio Zúñiga: “un campo de batalla”.

 

Muchos fueron los insurgentes que defendieron el ideal de libertad para ahuyentar el yugo español a través de las ideas, evocando a la manera de Morelos la ley legitima; para formular con ella “Los Sentimientos de la Nación”. El anhelo de una Nación, se vio reflejado en una serie de ordenamientos que nos dieron y siguen dándonos una luz sobre el uso correcto de los recursos, pues nadie puede distinguirse del otro sino es por “el vicio y la virtud”; necesitamos hacer prevalecer desde la época independentista hasta nuestra fecha el espíritu de la ley.

 

En toda lucha, la fuerza física la evoca el hombre como acto propio de la naturaleza, pero su fuerza compartida esta mezclada con el alarido de guerra propio de la mujer; quien alienta y arenga a seguir caminando, luchando por defender los propios ideales. La voz de Leona Vicario aún ante su embarazo y precaria condición física no desistió, al acudir ante la comunidad sedienta de esperanza para motivar la lucha armada; lo mismo ocurre con la voz redentora y benevolente de Josefa Ortiz de Domínguez, quien alertara que la insurrección que se planeaba había sido descubierta, y que por lo tanto era por tanto necesario tomar las armas y de inmediato llamar al pueblo; pues las cadenas de nuestra nación debían desmoronarse ante el paso atronador de la libertad.

 

Mujeres insurgentes, guerreras en combate quienes sin duda habilitaban el campo de batalla, mismas que con su valor y osadía tenían mucho que reclamar y exigir, aquí se forja el ejemplo de que la libertad también fue femenina; porque tanto el hombre como la mujer con el dedo directo al infinito ponen la crin en la estrella de la verdad, porque la verdad nos hará libres, siguiendo el pasaje bíblico.

 

Así, entendemos que hubo hombres que cual antorcha brillaron en el pedestal más alto de nuestra conciencia y cuyos nombres fueron cincelados en la inmortalidad de la patria, pero hay seres, nombres y lugares a los que se les pasa lista por su gran contribución a la patria y que sin mencionarlos en específico tuvieron el mismo arrojo y valentía que aquellos que dieron el rostro por México; son ellos nuestros grandes héroes quienes en el silencio de la esperanza ofrendaron su sangre como vaho para que la Patria viviera: a ellos mujeres y hombres de buena voluntad, con orgullo y agradecimiento los reconocemos, alzando la mano derecha para nombrarlos mexicanos.