HUMANISMO EN TIEMPOS DE COVID19

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Estimado lector el día de hoy quisiera compartir una reflexión sobre el momento en el que nos encontramos como personas teniendo como escenario la pandemia del coronavirus, la cual si bien es trágica es una gran oportunidad para que florezca la mejor versión de cada uno de nosotros, acercándonos más a nuestra humanidad.

 

Partiremos del principio de que todo individuo tiene el deber de considerar a la humanidad entera como siendo su familia, y de comportarse en cualquier circunstancia y en cualquier lugar como un ciudadano del mundo, tomando así al humanismo como la base de su comportamiento y de su filosofía de respeto para sí mismo y el planeta tierra.

 

Es evidente que, si todos los seres humanos cumplieran con este deber unos hacia otros, la palabra “humanidad” tendría todo su sentido, de manera que sería en la Tierra la viva expresión de la hermandad, en su aplicación más noble y más universal. Desde luego, se deduce que la paz reinaría entre todos los pueblos y todas las naciones.

 

La sociedad actual sobre todo en este 2020 se ha vuelto demasiado individualista, ya que el “cada quien por su cuenta” se ha vuelto cultural. Bajo el efecto combinado del materialismo y de la crisis económica y social que el mundo atraviesa desde hace tiempo, cada vez más personas tienden a sólo preocuparse de su bienestar propio y a ser indiferente a lo que pasa con los demás.

 

Este tipo de actitud aleja a la gente una de otra y contribuye a deshumanizar a la sociedad. A esto, agreguemos el hecho de que los medios de comunicación remplazaron los intercambios directos, de modo que ya no nos tomamos el tiempo para hablar con los nuestros y con nuestros vecinos, mientras nos enorgullecemos de tener un montón de

amigos (virtuales) en tal Facebook, Instagram o twitter, en donde es el lugar que nos permite adquirir una máscara y mostrar a la gente solo lo que queremos sin ser auténticos. ¡Qué paradoja!

 

Reaprendamos a dialogar en contacto físico con los demás, de corazón a corazón, o mejor de alma a alma. Así mismo no podemos ser indiferentes a tantos problemas que existen, en lo local la violencia de género y la violencia contra los Derechos Humanos no para a pesar de la pandemia.  Ningún humanista puede resignarse a aceptar esta situación, particularmente porque la pobreza y la miseria no son realmente una fatalidad, sino el resultado de una pésima gestión de los recursos naturales y de los productos de la economía local, regional, nacional y mundial. Es decir que la pobreza y la miseria se deben esencialmente al egoísmo de los humanos y a su total falta de solidaridad.

 

Sin embargo, estén conscientes o no, su sobrevivencia depende ahora más que nunca de su aptitud a compartir y a cooperar, no solamente entre ciudadanos de un mismo país, pero también entre países. En términos místicos, diremos que, bajo los efectos de la mundialización, sus respectivos karmas están ligados de tal manera que ninguna nación podrá prosperar a largo plazo sin preocuparse de aquellas que todavía están necesitadas.

 

En el transcurso de la historia, los hombres han demostrado que son capaces de realizar cosas extraordinarias cuando recurren a lo más noble y lo más ingenioso de la naturaleza humana. Sea en el área de la arquitectura, de la tecnología, de la literatura, de las ciencias o de las artes, o también en lo referente a las relaciones entre ciudadanos de un mismo país o de naciones distintas, han sabido demostrar su inteligencia, su creatividad, su sensibilidad, y han probado que son capaces de solidaridad y de hermandad.

 

De por sí, constatar este hecho es reconfortante, ya que nos confirma que el ser humano es proclive a hacer el bien y a promover la felicidad de todos. Es precisamente por esta razón que es necesario ser humanista y tener fe en el ser humano.