Inasible

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Déjenme contarles que… hace poco más de un año cogí la decisión más difícil a la cual me haya enfrentado. Había vivido siempre con reserva, procurando siempre el menor riesgo. Esta vez sería diferente: esta vez –decía yo, a través de este medio– que enfocaría cada día a conseguir un poema, uno solo: uno importante; digno de quien pretende amar la poesía y que dejó todo por ella. Lo que quería descubrir era algo que simplemente ya había descubierto: los poemas se viven antes de escribirlos. Sin embargo, quise demostrarme lo contrario y, acuñar el papel de cazador. Trabajo, rutinas, el odioso uniforme, la comodidad económica… todo a condición de ver de cerca el mundo de las letras.

Libros, talleres, lecturas, festivales, debates y ¡no!, no la hallaba distinta a como la sentí desde siempre. Afortunadamente todos coincidimos, no en su definición como tal, sino en las manifestaciones con que nos permite comunicarnos entre hombres y mujeres, seres desprendidos de ella. Todos a nuestra forma y capacidades, pero nos permite identificarla en lo que somos y hacemos; solo eso: identificarla y escucharla. Es tan generosa que permite a nuestro nivel atisbarla un poco. Somos nosotros quienes la necesitamos y la recibimos con total humildad porque la poesía no necesita quien la represente, no a quien venga y diga yo soy un poeta o hay que llenar el mundo de poesía –cuando de poesía está construido todo lo que vemos–, no a quien deje todo por ella, porque ella no tiene con quien quedar bien, no a quien entregar cuentas; tiene todo de sí. No me necesita a mí y como regalo en mi despertar, me enseñó a observarla, a discernirla; que existe el poema –no el poeta– como reproducción de ella misma y que ese poema (ninguno) nunca va a estar listo, así me pase una vida trabajando en él. Sí, existen, por supuesto, obras dignas y más que eso: brillantes, preciosas, sublimes; mas les aseguro que ningún intérprete diría al fin de su tiempo, que entre sus poemas (canciones, pinturas, esculturas, etc.), atrapó completamente la poesía.

En la presentación de una poeta, alguien del público preguntó cuál era su sentir acerca de la gente que en algún momento vivirá en otro planeta donde no tendrán acceso a la historia poética que existe aquí en la tierra, a los recursos, a la forma de vida que hay aquí. La poeta respondió: Yo escribo sobre los elementos que aprecio o que tengo al alcance, seguramente allá inventarán su forma de reproducir sus propias obras y alguien del mismo público agregó Imagínate tenerlo todo nuevo, empezar de cero. Me pareció una bella y acertada reflexión y demostración de que nunca hay un fin. Aunque se extingan los humanos, la creación, seguirá su rumbo, quizás sin memoria, quizás sin testigos más que la misma poesía que es la creación.

Bueno, les cuento todo esto solo para informarles que sin importar las actividades, esté donde uno esté, todo el tiempo se pueden escribir poemas, sólo hay que estar atento a lo que la poesía quiere dictar a nuestros corazones y que, mi Currículum Vitae ya está rodando nuevamente por las bases de datos de los portales de empleo.

Estas líneas fueron escritas en presencia espiritual de dos personas que me hicieron muy fuerte en este rumbo, a quienes a manera de pequeño homenaje dedico la columna: Martha Lujano Valenzuela y Jorge Contreras Herrera; gracias, maestros.