Incesante despedida

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Para ti Teresa, nuevamente.
Ma. del Carmen Martínez Sandoval

Estoy en tu recámara, en esta habitación que resguardó muchas de las vivencias
que tuviste que confrontar por años a la ausencia de mi padre. Hoy, me he
quedado en ella, como cuando venía de visita y me pasaba de madrugada a la
orilla de tus pies o calentándote la espalda para sentirme como niña: protegida por
ti.
Yo, sólo quería estar a tu lado, venía a tu lecho para sentir la tibieza de tu mano
cálida que, pese al trabajo, tu caricia caía como seda a mis sentimientos
necesitados de ti. Me platicabas tantas cosas de mujer, me compartías tus
secretos dándome el privilegio de ser tu amiga, me amabas como madre.
Hoy, esta cama es lejana, está sofría y también dura. Hoy me despido de muchas
de tus cosas y al mismo tiempo estoy con ellas. Estoy en la cama donde te
despediste de la vida, donde tomaste las manos de mis hermanas balbuceando
deshilados estremecimientos para tus hijos.
Mientras el hálito divino se iba de tu breve cuerpo, mis hermanos miraban con
respeto a las mujeres que te hablaban para dar luz a tu camino de despedida.
Ellas sostenían tus manos deseando que todo pasara de la mejor manera y
dejarás el encierro corpóreo, dejando atrás la cápsula que nos lleva entre la vida y
la muerte. Hoy, sé que te sigo extrañando, por eso me quedo sobre la maderas de
esta cama que te resguardó hasta tus últimos relámpagos.
En algún tiempo, las historias de esta familia regresarán al agua como el pez que
es devuelto a la subsistencia. Trato de recuperar algo de tu esencia, de atesorar
la vida que me dejaste oliendo la habitación que guardó tanto de ti. Busco y sólo
vivo el frío mudo y un silencio perene. En algún tiempo, ya nada quedará en esta
atmósfera de ausencia, no habrá un solo resquicio por donde pueda encontrarte.

El tiempo se encargará de que ya no duela. El tiempo me dará la cura para que,
cuando te extrañe, ya no sea sintiendo este sufrimiento. Sólo Él, me dará la paz de
entender que la vida es una efímera existencia que se da entre lo que vivimos y la
muerte de lo nuestro.