Infografía

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Los dibujitos me dicen cómo me puedo salvar, si sigo las flechas tengo la mayor posibilidad de excluirme de ser una cifra más. Lavado de manos, de almas. Asepsia de culpas, contrición total.

Al más puro estilo de películas de dudosa cientificidad, se instaló la información como sentido único del tiempo y el espacio. En plena era de la comunicación satelital, se puede olfatear el sabor del dolor en tiempo real. La deshumanizada humanidad ha tenido que parar. Y uno se advierte un minúsculo tornillo en la inmensa maquinaria de la armonía universal, acaso algo de valor aporta la conciencia bien cimentada, la falta de miedo, la entereza hasta el final.

Ante la incertidumbre, sólo queda la aceptación, la historia natural es aún más poderosa que la geopolítica y el bien mayor, la salud, es actualmente el único derecho por reclamar.

Abrán trincheras desconocidas, héroes anónimos, valientes que no lo saben, que  salvarán  una vida o dos. Ojalá sean más.

De qué delgado hilo pende la falsa ilusión de la felicidad y el bienestar. A aquellos experimentados en el arte del pillaje, esto les pasará por el costado, a los más sensibles los arrojará a los pies de quien hayan ofendido.

Apenas comienza una dura jornada de ansiedad, de confrontación con los pensamientos más oscuros que podemos generar. Dominar el mal, tarea de santos y elegidos. Acallar el egoísmo, la imprudencia, la barbaridad. Impedir el paso a la Selección Natural.

Y al final, el sol aparecerá en su sitio.