Innovación educativa, el boom que está surgiendo

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La innovación educativa es algo increíblemente necesario en el Sistema Educativo Español teniendo en cuenta que llevamos arrastrando el mismo desde hace décadas. Innovar es aplicar metodología diferentes a las tradicionales, investigar sobre métodos alternativos que se puedan adaptar mejor a profesores y a estudiante. Innovar es crear, es pensar distinto. Innovar es aceptar que el sistema que tenemos ahora está obsoleto y que hay que hacer algo para cambiarlo. Así que creo que ha sido un “boom” totalmente necesario. Y no solo a nivel educativo sino que abarca a la sociedad.

En ocasiones, hay profesores que creen que los estudiantes son sujetos pasivos que no interactúan y que deben aprender todo lo que se les diga. Todos los estudiantes no asimilan los contenidos por igual. Por eso hay que respetar cada ritmo de aprendizaje (aunque a veces sea increíblemente complicado). También, hay profesores que simplemente se dedican a impartir la clase y a transmitir el contenido. Se olvidan de que la motivación, la sorpresa, la emoción y la ilusión también son claves en la educación.

Las TIC son importantes en educación, pero ¿se ha formado al profesorado para que se dé un adecuado proceso de enseñanza y aprendizaje? Algunos de ellos no conocen funciones  ni herramientas básicas para que los estudiantes aprendan correctamente a gestionar todos los recursos que les ofrece las tecnologías.

Doy por hecho (y desgraciadamente me equivoco algunas veces) que todos los estudiantes que acceden a la carrera de magisterio lo hacen por vocación, ilusión, por pasión o porque de verdad quieren cambiar las cosas. Los maestros son agentes del cambio y no deberían centrarse únicamente en el aspecto intelectual de los estudiantes. Las emociones, los sentimientos, los valores, la educación para la vida también son fundamentales para una formación íntegra y activa. Así que el “maestro ideal” para mí sería el que intentase cumplir todo lo anterior.

En cuanto al contexto escolar, echo muchísimo de menos una colaboración más amplia entre familias y profesores. Últimamente, tengo la sensación de que se consideran más enemigos que amigos y no es nada agradable. También me gustaría que las aulas estuvieran alejadas de la sumisión educativa, de la rigidez y de la inflexibilidad. Y por supuesto, que la sociedad apoyara a los maestros de corazón, su labor docente y todo lo que aportan al ámbito educativo y fuera de él.

Dedicas tu vida a ‘escuchar a los niños’, ¿cuáles son las cosas más interesantes que has aprendido de ellos?

¡Lo he aprendido absolutamente todo! Durante tres años fui educadora infantil en la etapa de 2-3 años. Los niños me enseñaron a creer en mí misma, a levantarme cuando me cayese, a intentarlo todas las veces que hicieran falta. Me enseñaron a no perder la niña que hay en mí y que lo importante es ser uno mismo sin complejos. Y me enseñaron a ver el lado bueno de las cosas.

“Hay profesores que se olvidan de que la motivación, la sorpresa, la emoción y la ilusión también son claves en la enseñanza, además del sistema tradicional de enseñanza pública, hay numerosas escuelas privadas que proponen otros métodos (Kumon, Montessori, Waldorf, Doman…),  son excesivamente caros y algunos hasta elitistas. Obviamente, su filosofía y metodología me encanta, pero no me parece bien que solo unos pocos niños tengan la oportunidad de formarse en una escuela activa y con los métodos adecuados.

La enseñanza pública está preparada de sobra para llevar el cambio a las aulas. De hecho, ya hay grandes profesionales que ya están llevando el cambio, se debería fomentar y tener más en cuenta habilidades y competencias que actualmente no todos los centros favorecen. Por ejemplo: el trabajo en equipo, la inteligencia emocional, la empatía, la sensibilidad, el pensamiento crítico, la capacidad para debatir y analizar, la resolución de conflictos. Todos esos conceptos (y muchos más) para mí son fundamentales para el día de mañana y para que los estudiantes se formen de manera íntegra.

“La enseñanza pública está preparada de sobra para llevar el cambio a las aulas”.

Creo que tanto en casa como en los centros educativos se debería dar más oportunidades a la experimentación, al descubrimiento y a la práctica. Entiendo que los colegios tengan programas y contenidos que aprender. Pero a veces tengo la sensación de que los estudiantes no aprenden de manera activa y que lo hacen demasiado aprisa sin asimilar bien los contenidos.

Si hablamos de los padres, hay algunos que tienen miedo a que sus hijos se equivoquen o hagan las cosas mal y se olviden de que el método ensayo-error es puro aprendizaje activo y significativo. Y en mi opinión, deberían favorecer más la investigación, la iniciativa y la autonomía. Es decir, dar oportunidades a los hijos para que sean ellos los que resuelvan problemas de la vida cotidiana.