Irte el 2 de noviembre

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A diferencia de otros días, irte de este mundanal ruido cuando se recuerda a los que te antecedieron te pone en un mundo de nostalgia en donde desde que llegas al panteón el bullanguerío se hace presente: pambazos de mole verde, chévez, tríos, pregonando que se saben las que le gustaban al difuntito, flores, ¡uh!, muchas flores.

Al entrar no estás solo. A tu cortejo lo ven pasar cientos de deudos que lloran, ríen, limpian, colocan flores… una oración.

Los que te antecedieron están con los que están, y si los que te quisieron llevan coronas y flores, los otros, hacen del panteón un vergel. Por allá se escucha conocí a una linda morenita que la quise mucho, aquí junto un globo con cara de payasito se enreda en la tumba de una niña, por allá llenan las cubetas del agua que limpiará de polvo y hojas secas el nombre que no se veía.

Y ahí vas tú con tu cortejo, más acompañada que nunca y por fin llegas a tu última morada, ese foso que te abrigará y te cubrirá la santa fría tierra del volcán y luego a lo mejor te pasa como a Horacio Zúñiga cuando escribió estas líneas a sus padres:

Camina quedo

pisa suave

reza… deshoja una flor

que duermen

bajo esta nave

del cielo azul del señor

mi madre: lucero y ave

y mi padre: fe y amor

Y lo más seguro es que tu lápida tenga algo parecido a:

Aquí yace fulano de tal

quien cree en mí

no morirá jamás

Te tragó la tierra. Lágrimas, una oración y luego el montón de flores y coronas…

Y Coronas Extras, porque hoy, este 2 de noviembre después dos horas de quemarte y cremarte y ya que todos se fueron, solo te entregaran a los tres más cercanos una anforita donde hecho ceniza estás:

-¿Ya está pagado?

-Ya

-Ok. Aquí tiene mi tarjeta por lo que se ofrezca.

Y sales al Paseo Tollocan, con el pensamiento del trío de consanguíneos pensando:

-Pinche abuelo… ¿por qué quiso que tiráramos sus cenizas en el volcán? Les voy a proponer que mejor en el Verdiguel.