Jinetes y caballos en un Palacio

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Un personaje que ha sido mi jefe por más de una década, es un político
mexiquense, oriundo de un municipio del norte del Estado de México: Aculco,
muy inteligente y hábil en cuestiones prácticas de la vida, que ha ocupado
varios cargos de elección popular y puestos públicos en el gobierno; su
sobrenombre es Genaro Villalba y es también un hombre de rancho, de campo,
experto en caballos y otros animales de las granjas.

 

Bueno, pues un día
mientras varios compañeros comíamos con él, por alguna razón insospechada
la plática derivó en una descripción detallada del procedimiento para castrar
caballos y vacunos. No dejé de comer por el relato, pero la verdad es que fue
muy fuerte la impresión que sentí al escuchar sus palabras.
Cuando me repuse e hice la digestión, me percaté que no sé nada de caballos,
que soy un completo ignorante en el tema, que reconozco un caballo al verlo
porque su imagen está presente desde los libros infantiles.

 

De niño monté
algún potro, hace como 35 años, y sólo volví a montar hace siete años en un
santuario de la Mariposa Monarca en San José del Rincón. No recuerdo cuánto
tiempo duré con el dolor de nalgas e ingles que me provocó esa montada.
No obstante, para mi fortuna, de repente apareció una luz pues por estos días
Fomento Cultural Banamex, en el Palacio de Iturbide de la ciudad de México,
presenta la exposición “América. Tierra de jinetes. Del charro al gaucho, siglos
XIX al XXI”. Por supuesto toda la muestra gira en torno al caballo, aunque el
título no lleve el nombre del animal, así como a los jinetes y la cultura ecuestre
desarrollada en el continente americano, reflejada en las tradiciones,
costumbres, indumentaria, herramientas, suertes, incluso en las bellas artes.
Es tal vez la muestra más grande que se ha presentado en México sobre estos
temas. Ciertamente el Museo de la Charrería de la Ciudad de México y otros
museos locales (en Toluca alguna vez hubo un Museo del Charro en la calle de
Morelos y Pedro Ascencio, y ahora el Museo de Culturas Populares contiene
una exposición permanente del tema de la charrería) abordan el tema del
caballo. No obstante, no recuerdo alguna exhibición anterior similar a la que
presenta el Palacio de Cultura Citibanamex. Es también una de las más largas
que me ha tocado observar, para la cual se requieren al menos dos horas de
recorrido por los veinte módulos que la componen y la cantidad de cosas que
presenta.

Los visitantes son recibidos por maniquís de jinetes y sus caballos de tamaño
natural, que representan estereotipos de ocho naciones de América, como
preámbulo de las salas que veremos más adelante: el charro mexicano, el
cowboy o vaquero norteamericano, los apaches y comanches de las praderas,
el chalán del Perú, el huaso o jinete campesino de Chile, los jinetes mapuches
y su héroe Lautaro, el llanero colombo-venezolano y el gaucho argentino. De
todos ellos podemos ver pinturas, esculturas, aperos, vestimentas, etcétera.

Enseguida vemos el origen del “jinete”, proveniente de la palabra “zinethe”,
habitante de Zenetha, tierra bereber del Magreb, norte de África. Los zinethes
tienen fama de ser diestros cabalgadores. Su arte y cultura viajó junto con los
conquistadores españoles a tierras americanas, donde la “z” se cambió por la
“j”. También viajó la devoción cristiana por tres grandes santos montados a
caballo: San Martín de Tours (mejor conocido en el mundo de los negocios
como San Martín Caballero), San Jorge (famoso por matar un dragón, aunque
por lo mismo muchos dudan de su existencia) y el apóstol Santiago el Mayor. Y
para mantener las virtudes caballerescas en la Nueva España se crearon las
“Reales Maestranzas de Caballería” que organizaban todo tipo de suertes
equinas. De todo esto también podemos ver obras artísticas.
Una parte importante de la exposición es el jinete a caballo representado en las
diversas artes. De esta forma se muestra el imaginario sonoro o el jinete en la
música; las danzas equinas; el jinete y el caballo en la literatura, la escultura, la
fotografía y el cine; así como en el arte popular a través de las manos fecundas
que crean trajes tradicionales (botas, sombreros, pañuelos, chaparreras,
corbatas, sarapes, cintos) y arreos (sillas de montar, bridas, frenos, estribos,
espuelas). Finalmente está la sección un “galope por la historia” o jinetes
históricos en el arte como Washington, Bolívar, San Martín, Iturbide, de Paula
Santander, Páez, Maximiliano, Carlota, Porfirio Díaz, Villa y Zapata.
Por la cantidad de piezas, en esta ocasión fue más difícil la selección, pero
también tengo mis preferidas. Las pinturas: “Chinaco e india en patio mexicano”
(1854) de Edouard Pingret; “El rey don Rodrigo arengando a sus tropas en la
batalla de Guadalupe” (1871) de Bernardo Blanco y Pérez; “La dehesa abierta”
(1914) de William Herbert Dunton (en ésta “se siente” el sol que pega sobre los
jinetes); “Hacienda Pulquera” (1916) de Ernesto Icaza (de hecho hay varios
“Icazas”); y “Fiesta en un pueblito” (1978) de Luis Strempler.
Una foto del Archivo Casasola: “Pareja de charros a caballo paseando” (1945-
1950). Algunas artesanías: “Nacimiento” y “Lavanderas” (2010) de barro de
Israel Soteno (artesano de Metepec); un “Ignacio Allende” (2010) de barro y a
caballo de María del Pilar Núñez; y un “Revolucionario con Adelita” (2005) de
cartón de Daniel Linares Vargas. Y la pieza que más me emocionó: una silla de
montar para mujer de cuero e hilo de seda, que perteneció a la Corregidora,
doña Josefa Ortiz de Domínguez, de la colección del Museo del Ejército.
Con esta exposición no me convertí en un experto de la cultura ecuestre, pero
salí de ella satisfecho por ser un poco menos ignorante del tema.

Días después visité a mi jefe y le conté mi experiencia. Le llevé uno de los
extensos folletos desplegables que sirven como guía y le enseñé varias fotos.
De inmediato reconoció una pintura de Icaza, por lo que deduzco que este
pintor debe ser muy reconocido en el medio ranchero. No sé si mi jefe me hizo
caso y ya visitó el Palacio de Cultura Banamex, tal vez no tenga mucho que
aprender sobre jinetes, dado que proviene de una familia de excelentes
cabalgadores; quiza los caballos de resina no le gusten tanto, siendo él mismo
criador de corceles reales. Pero sé que si visita la muestra, le gustará mucho.