Juárez

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Apuntes para mis hijos es un texto histórico, el único escrito y reconocido de nuestro Benemérito de las Américas, don Benito Pablo Juárez García. Con sus primeras letras hay que comenzar este ensayo: En 21 de marzo de 1806 nací en el pueblo de San Pablo Guelatao de la jurisdicción de Santo Tomás Ixtlán en el estado de Oaxaca. Quienes hemos sido afortunados de conocer ese lugar de nuestra gran historia de manera personal, el enamorarnos de la laguna que ahí está, como esperando a su mejor ciudadano, con la nostalgia de una madre que sabe que su hijo anda por ahí haciendo cosas buenas, cosas justas. Pueblo pequeño y emblemático de los oaxaqueños, hace que sus actuales habitantes en este 2020 estén orgullosos de su Benito que les nació ahí hace 214 años, y sigue tan vivo como siempre.

 

En Apuntes para mis hijos dice Benito: Tuve la desgracia de no haber conocido a mis padres Marcelino Juárez y Brígida García, indios de la raza primitiva del país, porque apenas tenía yo tres años cuando murieron, habiendo quedado con mis hermanas María Josefa y Rosa al cuidado de nuestros abuelos paternos Pedro Juárez y Justa López, indios también de la nación zapoteca. Decenas sino es que cientos de miles de estas familias en México y en América Latina tienen este destino. Familias disfuncionales que no tienen la oportunidad de vivir con sus padres, ya con uno o con los dos, porque fue imposible el que vivieran juntos a pesar de estar vivos, o porque la vida se los arrebató como a él y sus hermanas.

 

Es vivir huérfanos desde los primeros años. Es vivir sin los padres que son el sustento material, económico y psicológico para saber que en la vida se tiene un seguro camino de éxito y felicidad. Al faltar ellos el piso sobre el que se encuentran los infantes se mueve con terrible terremoto emocional y un vacío que no se llena con nada. Así que este hecho nos debe hacer pensar que en Benito y sus hermanas el destino oscuro les ponía —como a miles de familias en Oaxaca—, un negro futuro.

 

Por eso es que al pensar en el mejor presidente de la República Mexicana sabemos que su existencia fue de permanentes retos y a todos los venció en su momento. Él nos cuenta en su texto: Mi hermana María Longinos, niña recién nacida, pues mi madre murió al darla a luz, quedó a cargo de mi tía materna Cecilia García. A los pocos años murieron mis abuelos. Mi hermana María José casó con Tiburcio López, del pueblo de santa María Yahuiche. Mi hermana Rosa casó con José Jiménez, del pueblo de Ixtlán y yo quedé bajo la tutela de mi tío Bernardino Juárez, porque de mis demás tíos: Bonifacio Juárez, había ya muerto, Mariano Juárez vivía por separado con su familia y Pablo Juárez era aún menor de edad. Todo un panorama de muerte, abandono y tristeza. Hay que preguntar dónde escribe Benito de momentos de felicidad. De que hacía en su infancia, cuando sabemos de muchos momentos en que la alegría acompaña con el sol la niñez de Alfonso Reyes o los juegos de Jorge Luis Borges con su hermana Nora. Están sus padres ahí en su infancia. Y de igual manera podríamos revisar la vida de políticos como Lenin o Churchill y veremos que la presencia de sus padres es un dique de apoyo y alegrías en su primera infancia. No, a Benito Pablo eso no le fue dado, a él y a sus hermanas que han de vagar por aquellas zonas de la Sierra Madre Oriental en el estado de Oaxaca, lejos muy lejos de la cabecera de ese enorme estado que es en el siglo XIX.

 

Una niñez difícil, llena de problemas y ya acompañado por la cultura de la muerte, pues debemos de pensar lo que sucedía hace 214 años con la pobreza en esa entidad y en el país. Indios en primer lugar llevan más de 500 años sufriendo vejaciones, esclavitud, servidumbre y muerte. Indios y gente pobre que representa el mayor mal para este país que nació como cuerno de la abundancia y las grandes mayorías sólo han conocido la falta de recursos para lograr tener: vestido, casa y alimentos. Juárez viene de esa clase social, la de la pobreza extrema sin lugar a dudas, en aquellos tiempos que aún podemos encontrar en miles de comunidades porque la pobreza, reitero es el mayor mal que nuestra patria ha sufrido a lo largo de 500 años desde la llegada del imperio español a fundar su colonia más rica y bella en América.

 

Son tan pocas las palabras que hemos leído de Benito en su libro Apuntes para mis hijos y ya sabemos que su destino no debería de haberle dado ninguna posibilidad de salir de su comunidad: es el destino de los pobres nacer, vivir y morir en el lugar donde vieron la primera luz en aquel siglo decimonónico no había para más. La movilidad de que existe ahora no estaba presente hace más de 200 años. Prosigo con la lectura de este libro emblemático, que con visión sociológica nos comprueba el duro principio que vivió el mejor presidente de este país en los 199 años que tenemos, después de lograr la independencia de España en 1821. Dice Benito: Como mis padres no me dejaron ningún patrimonio y mi tío vivía de su trabajo personal, luego que tuve uso de razón me dediqué hasta donde mi tierna edad me lo permitía, a las labores del campo. La niñez teniendo que ver cómo logran conseguir sus alimentos, pues no tienen posibilidades ante la familia desaparecida de ir a la escuela y de ser sólo un niño y no un trabajador que debe hacerlo para poder comer y vestirse.

 

Cuenta Benito: En algunos ratos desocupados mi tío me enseñaba a leer, me manifestaba lo útil y conveniente que era saber el idioma castellano y como entonces era sumamente difícil para la gente pobre y muy especialmente para la clase indígena adoptar otra carrera científica que no fuese la eclesiástica, me indicaba sus deseos de que yo estudiase para ordenarme. ¿Dónde he escuchado o leído esto? Me viene el recuerdo de Sor Juana Inés de la Cruz, que dos siglos antes de Benito Juárez, se ve impedida de ir a la universidad, y de tener que estudiar por fuera todo aquello que fue su acervo increíble que le lleva a ser la mujer más sabia de la Nueva España en el siglo XVII. Nuestros dos genios tienen como oscuro destino el negárseles el derecho a estudiar en los centros de altos estudios, la primera por ser mujer, y el segundo porque es pobre, y además, indígena.

 

Su libro Apuntes para mis hijos, del que utilizo la edición hecha por el Gobierno del Estado de México en colaboración con la Universidad Autónoma del Estado de México en el año 2006: con motivo del bicentenario del nacimiento de nuestro Benemérito de las Américas, nacido en el año 1806 como ya he escrito.

Dice en sus páginas Benito: Estas indicaciones y los ejemplos que se me presentaban de algunos de mis paisanos que sabían leer, escribir y hablar la lengua castellana y de otros que ejercían el ministerio sacerdotal, despertaron en mí un deseo vehemente de aprender, en términos de que cuando mi tío me llamaba para tomarme mi lección, yo mismo le llevaba la disciplina para que me castigase si no la sabía, pero las ocupaciones de mi tío y mi dedicación al trabajo diario del campo contrariaban mis deseos y muy poco o nada adelantaba en mis lecciones. El libro que escribió con tanta sinceridad, sin ningún deseo académico o de intelectual conque escribió estas páginas nos dan aportaciones pedagógicas que se repiten frecuentemente en los genios de todas las épocas y todas las naciones. Ellos, no saben que su genialidad es la que les sustenta, para forjar su destino manifiesto que ningún mago puede prever. Su autocrítica de no aprender nada por las condiciones prueba que su objetivo está ahí siempre.