LA AMISTAD UNE

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Con su sabiduría Borges nos dice: La amistad une; también el odio sabe juntar. Dos enunciados que hacen reflexionar sobre estas verdades. En tan pocas palabras plantea motivos de nuestra vida que vivimos a diario. La amistad une, cuando existe, y dice Alberto Moravia, el narrador italiano, que es tan difícil encontrar amigos, muchos más difícil es encontrar esto que el amor. Sí, la amistad que se funda en luchas conjuntas, en solidaridad y lealtad, fidelidad a ideales y empatías, cuya presencia hace sentir a quien lo sufre que vale la pena vivir. Diverso es sentir la enemistad, emoción que desune, que trae rencores y alejamiento. O peor aún, traiciones, que se presentan en los momentos menos esperados, pero que están ahí, como parte de la vida en momentos, cuando es bella y cierta amistad, de haber encontrado un tesoro que no se compra con nada. O sufrir el artero golpe de la traición, por lo que se dice que es peor el que se dice ‘amigo’ y traiciona, que aquellos enemigos regados por doquier.

 

También el odio sabe juntar. Cierto, recordemos lo que la Primera y Segunda Guerra Mundial hicieron al continente europeo con la masacre a que indujeron los nazifascistas. Recordemos que ese odio hizo que la Guerra Civil Española terminara en una dictadura de las más odiadas en la vida de España y como ejemplo negro de la historia de Europa. También el odio sabe juntar. Unas cuantas palabras para decirnos de comportamientos de unos cuantos o de países completos que van a la guerra por ese odio, que en lección de vida, se dice que a la guerra van cientos de miles de jóvenes que no se conocen, por culpa de adultos que se odian y sí se conocen.

 

La humanidad nació para andar junta, poder sobrevivir en el mundo de la amistad, de la empatía y de los principios que dentro de la ética y la moral se formaron a lo largo de los siglos, con el fin de un irnos, y no lo contrario. Para eso nació la política, tarea que, según Aristóteles, es la expresión más correcta para manifestar las virtudes de quien la practica. Ya sabemos que no es así, los ‘políticos’ se encargan de llenar de odios a sus pueblos, primero para pelear al interior del mismo, y después para hacerlo contra otras naciones. Esa ha sido la historia triste de nuestra humanidad hasta este siglo XXI.

 

Cuidado cuando el odio junta en contra de un individuo a una decena de personas. Cuidado porque aunque sea una persona talentosa y buena, los malos unidos han de llevar, con su odio, que muchas veces parte sólo de antipatías que en el fondo no son asunto de vida o muerte; pero dicho odio se convierte en eso: vida o muerte. Los griegos aplicaban el ostracismo cuando algún ciudadano se había comportado mal. Los que tienen el espíritu de dictadores o son dictadores aplican la muerte, el asesinato, y no el alejamiento de las fronteras de aquél a quien no se desea cerca del territorio que se dice ser propiedad o se siente como propio y no de aquél que odio por diversas razones.

 

Todo esto, para relatar el artículo que escribiera Jorge Luis sobre dos personajes que el conoció directamente en Madrid, en aquellos años de juventud, cuando conoció la corriente del Ultraismo, y él mismo lo trajo  Buenos Aires después. Conoció y vivió de la enemistad entre Ramón Gómez de la Serna y Rafael Cansinos Asséns. Quienes en esos años en la capital española se reunían, el primero con su grupo de adeptos en la botillería de Pombo y el otro, al que perteneció Borges, en el Colonial.

 

Con su texto Borges les hace un homenaje de afecto literario y de amistad al paso del tiempo. Ambas reuniones se realizaban el sábado, ya superada la ritual media noche: circunstancia propicia al fervor y a las divagaciones y achacable no a prestigio de alguno de hechicería sino a la gran costumbre nocharniega del vivir español y a la provechosa y aprovechada ociosidad del consecutivo domingo.  Estemos atentos a comenzar el estudio de cada artículo o ensayo del argentino que utiliza palabras que de manera común en el diario vivir desconocemos.

 

La enemistad como motivo de guerra contra el otro. La enemistad como expresión de la privacidad mal entendida en la profesión, en la vida social, en la idea que de sobrevivencia tenemos Sólo puedo sobrevivir su nadie me compite en lo que hago. Ambas tertulias eran privativas, quien frecuentaba la una era exclaustrado religiosamente de la contraria… eso pasa aquí en Toluca, pasó en Santiago de Chile, donde Pablo Neruda unió a tantos en su contra, y él mismo era un peleonero reconocido en su país y en Hispanoamérica.

 

La antipatía, la envidia, los celos, parte de la vida cotidiana en todo lo que hace el ser humano. Que de humana emoción no tiene el fin ético y moral del que se cree investido. Por eso se pelea en el Portal de Toluca desde hace décadas y décadas, y por eso en Madrid, en los meses antes de la guerra las batallas eran políticas, ideológicas o literarias. La envidia como motor donde los enemigos se unen contra alguien o contra una comunidad social o literaria.

 

Dice Borges: Yo milité en la de Cansinos y aún perdura en mi la añoranza de la sabática reunión y de los corazones hoy sueltos cuya vigilia de poesía era unánime frente a la enredada ciudad, que arreciaba como una fuerte lluvia en los cristales del café. Jorge Luis sellado para siempre en su destino, las reuniones entre escritores, así viviendo cerca de —aunque no juntos— Ernesto Sábato, por el que no sentía amistad; pero si con Adolfo Bioy Casares, su amigo de toda la vida. En las reuniones que citaba la promotora cultural admirable que fue Victoria Ocampo, fundadora de la revista mítica llamada: Sur, a tales reuniones también iría Alfonso Reyes o Pedro Henríquez Ureña.

 

Victoria Ocampo, de familia riquísima fue gran mecenas de muchos escritores en ese Buenos Aires de la década de los treinta, y además su capacidad de relaciones en el continente europeo, le permitió introducir a varios de los escritores que por ella alcanzaron fama, entre otros a Jorge Luis Borges.

 

El mundo de la unión y desunión, es el mundo del hombre y la mujer a fin de cuentas, y lo mismo entre Gómez de la Serna y Cansinos Asséns en Madrid, no es sino el reflejo, o más bien el espejo, en el que se ha de mirar Jorge Luis en su viejo y querido Buenos Aires; que le trae muchas satisfacciones, pero también hechos rencorosos, como su enojo por el amor que Norah Lange tiene por su odiado enemigo, el también poeta y rico heredero Oliverio Girondo. La amistad une, pero la enemistad también une en contra a los que son adversarios de letras, de pasiones, de amores y hechos. Borges conoció mucho de ello.