La decisión

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Para muchos, tomar una decisión no implica distintas cosas previas. Se toma, se decide, y se lleva a cabo. Sin embargo, para otros tomar una decisión implica cosas que van más allá del simple concepto.

 

Tenemos que poseer conciencia de lo que puede pasar al hacerlo. Nos referimos, obviamente, a la decisión de la gente al salir de manera casi normal a la calle, de deambular de manera despreocupada por las banquetas y en algunos, el no respetar el derecho de los demás a protegerse.

 

En estas necesidades que se tiene de salir, me he encontrado con algunos ejemplares humanos que no tienen el mínimo respeto por los demás. Hombres y mujeres que con desdén, casi con prepotencia, se quitan el cubrebocas, o se lo colocan mal, o lo traen de mascada en el cuello.

 

No soportan las críticas ni los llamamientos a colocárselo de la manera adecuada. Se molestan ante una mirada reprobatoria y si te les quedas viendo más de la cuenta, inician una perorata que puede terminar en un conflicto sin resolución.

 

Es impresionante la cantidad de irresponsabilidad que nuestra sociedad demuestra. Somos un grupo humano al que le importa muy poco el vecino. No es solo esta pandemia que vivimos lo que me hace reflexionar sobre el grado de irresponsables que somos.

 

Mi oficio me impide en muchas ocasiones permanecer despierto hasta altas horas de la madrugada y me he encontrado con situaciones claramente desprovistas del respeto al espacio de los demás, al descanso y a la buena convivencia con los vecinos. Fiestas donde el volumen del sonido es muy alto, además de los gritos y los golpes (más si estás en el piso de abajo). El escándalo de la retirada y el ruido posfiesta del responsable que por lo general dura un par de horas después.

 

Hay además momentos irrespetuosos al día siguiente. No puedes hacer el mismo ruido porque aquellos que en la noche brincaban ahora duermen y no puedes poner tu música porque inmediatamente bajan a pedirte que le bajes el volumen.

 

Es más frecuente el poco respeto que se tiene al espacio de los demás en lugares públicos. Personas mayores o jóvenes que llevan a todo volumen la música de su celular, que gritan desaforadamente de una acera a otra, que empujan violentamente, que se apropian de las cosas a las que les has echado el ojo en el súper, o simplemente te quitan el lugar en una fila y se enojan si les reclamas.

 

Somos, nuevamente, una sociedad salvaje y pertenecer a ella es una decisión que se toma, para bien o para mal. Y por muy lamentable que parezca, por lo general tomamos una sola decisión, aunque a veces nos miren de lado y murmuren, por lo bajito, que estamos lo suficientemente locos.