La deshumanización del texto académico  

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Todos los problemas de la alfabetización comenzaron

 cuando se decidió que escribir no era una profesión sino una obligación y que leer

 no era marca de sabiduría sino marca de ciudadanía.

Emilia Ferreiro

 

 

El texto académico en su escritura,  tiene especificaciones que el redactor sigue para la comprensión de su contenido. Pese a las exigencias académicas de un texto formal, hay un momento en que, el contenido se quebranta en la fluidez comprensora del escrito, lo que hace que, quien lo lee, pierda el hilo conductor trascendente de lo que el investigador está planteando.

¿En qué momento se rompe el hilo conductor del lector? ¿A qué recurso literario hay que recurrir para que el interés no se pierda dentro de los tecnicismos formales a manejar  permitiendo que la sensibilidad lectora lleve a la apropiación de un conocimiento?

La invención de la escritura, en términos históricos, ha sido uno de los pilares de conocimiento y comunicación más trascendentes en la naturaleza del ser humano. Por tiempos y espacios históricos, la escritura cobra una significación específica anclada en la cultura de cada grupo humano, por lo que, en este sentido,  las formas lingüísticas del idioma se apegan a la normatividad del lenguaje especificado por la formalidad de las exigencias sociales y profesionales que el siglo XXl requiere.

Hoy, los estudiantes que están por concluir sus estudios a nivel superior,  en cualquiera de los ámbitos del saber tienen encima las exigencias protocolarias de la escritura como una muestra de que su competitividad en las habilidades y competencias adquiridas que en su formación han alcanzado los estándares establecidos por un mundo globalizado.

Esto que parece sencillo de lograr, tiene implicaciones de diversa índole que hacen que el dominio de la escritura compliquen  los procesos de titulación en las escuelas de nivel superior.

La mayoría de ocasiones, el imperio del texto académico nos remite únicamente a mostrar un analfabetismo funcional no importando el grado de estudios alcanzado: no se sabe leer ni escribir,

Comprender esta problemática aunando que los estándares  internacionales de texto académico no se manejan,  dificulta escribir con fluidez los avances científicos en el área de investigación. El escrito académico se vuelve duro, acartonado y deshumanizado.  El texto científico cargado de tecnicismos en su área de conocimiento evita que quien lo lee se sienta identificado con la trascendencia de lo logrado en la ciencia y la investigación. Las formas altamente protocolarias, lo hacen ilegible en el panorama de comprensión del interesado.

Se tiene el mito que el documento científico nada tiene que ver con la literatura cuando este género nace de la misma. Es sustancial que nuestros alumnos desde nivel básico y en el proceso de entregar un documento recepcional sean fortalecidos por sus maestros en la diversidad de la lectura –dado el horizonte formativo lingüístico y epistemológico que este cosmos les da–.

Pido una disculpa por el facilismo con el que he venido sólo planteando una serie de problemáticas que merecen una atención y desarrollo más amplio y especializado sin embargo, amparándome en esta excusa, quiero cerrar con un punto neurálgico que no nos exime de  responsabilidades a los profesionales de la educación: ¿Los maestros somos esos lectores asiduos enriquecidos por el mundo de la literatura?