La dictadura de Pinochet, un apagón editorial en mi país: Andrea Jeftanovic

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Su nombre: Andrea Jeftanovic Avdaloff, de ascendencia judía-sefardí por parte del lado materno y serbia del lado paterno. Es una escritora chilena reconocida. Cuando tenía 3 años de edad, se dio el Golpe de Estado contra Salvador Allende, cuestión que ella supo plasmar, con gran acierto, en Escenario de Guerra.

Autora de Conversaciones con Isadora Aguirre, le pregunto sobre ello, ahora que la tengo frente a mi, en la FIL de Guadalajara.

¿Qué fue lo que le conmovió a Andrea Jeftanovic de las obras teatrales de Isadora Aguirre Toper, La prégora de las flores, para estructurar tu libro Conversaciones con esta escritora?

Me conmovió y me motivó hacer este libro de ella el hecho de que conocía sus obras, las había visto, las había leído, pero cuando esas obras se juntaron con esa creadora tan potente, energética, apasionada, pensé que era un libro muy necesario de hacer, el registrar su experiencia, su mirada, de su trabajo.

Entonces fue eso, cuando el punto de quiebre la conocí, los últimos cinco años de su vida, ahí parte su libro.

¿Crees que tu país se está convirtiendo en un país de prosistas y está dejando atrás la poesía?

No, tiene muy buenos poetas, pero sí creo que el terreno de la narrativa ha ganado espacio, hay más narradores. Me parece que narradores con registros muy disímiles y más numerosos, bastantes narradores.

Creo que ese mito de Chile, país de poetas, también deberíamos agregar narradores y la dramaturgia está pasando por un muy buen momento.

¿Este fenómeno se presenta por generaciones?

Creo que hubo un momento que el único que publicaba, no significa escribir, era José Donoso, con un tema de dictadura, Donoso vivía en España y tenía posibilidades de publicar, el tema de la dictadura militar fue un apagón, un poco editorial.

A partir de los 90, empiezan a surgir distintas generaciones, no soy muy apegada a ideas de generaciones, se ven autores con distinta búsqueda, gente que hace policía, gente que hace novelas más políticas, novelas más experimentales, novelas más intimistas, ciencia ficción, creo que es saludable la generidad, eso habla de  los buenos momentos en los países.

Más que una generación que trate la misma temática, veo muchos hilos, mucha búsqueda narrativa.

¿Hay un vacío de nuevos autores en Latinoamérica o en la literatura en general?

No, al revés. Hay una explosión. He pasado por momentos que es difícil leer y seguir a todos, hay una explosión demográfica de autores, muchísimos, he visto cómo me ha tocado viajar y  un poco atenta de lo que se está publicando es asombroso.

Pensar que ocurre algo paradójico, hay más autores que lectores y si hay lectores es, entre nosotros, no se publica mucho hoy.

Confieso que con diferencia de lo que he visto, de lo que he leído de cada país me parece muy interesante, hay muy buen nivel, muy distinto.

¿Cómo observas el boom latinoamericano 50 años después?

Lejano, importantísimo, hay obras en ese canon, La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, por supuesto Cien Años de Soledad, de pero creo que fueron poco incluyentes, el mismo momento con la distancia, Gabriel García Márquez, con mala información se da cuenta, me parece que autores como Elena Garro, las de Recuerdos del porvenir, fue injustamente sacada del boom y ella estaba escribiendo en la misma línea de ellos.

Recuerdos del Porvenir, un poco de lo que hace García Márquez, no hay que ser ingenuo que el boom los sigo, los leo, los enseño, sus autores me gustan mucho, pero creo que tendríamos que hacer justicia con el término del boom.

Primero hay muchos autores excluidos, paralelos, contemporáneos  a ello, Elena Garro es un caso, Manuel Puig, que siempre lo miraban de menos, frívolo, había razones que no les pasaba sexualmente, porque eran los machos latinoamericanos.

En el caso de Brasil, era distinta la búsqueda, pero contemporánea y muy innovadora; el boom hay que realizarlo, yo soy muy crítica de la etiqueta boom, como de la etiqueta rígida.

Creo que es momento de revaluar estos autores que fueron por razones personales ocultados y que están, en esa misma tendencia de innovación, de pensar Latinoamérica, pero no pertenecían a un grupito, la literatura no tiene que ver con circuitos de amigos..

Boquitas Pintadas.

Es genial la técnica de Puig, también él estaba en ese camino de la innovación, pero hasta el día de hoy he visto artículos de Mario Vargas Llosa que la consideran literatura menor, entonces creo que había rivalidades…

Había que pensar también en Augusto Roa Bastos.

El entra un poco, a veces como entre precursor y como paralelo, pero Augusto Roa Bastos está en la misma línea del boom, no son cuatro o cinco de la foto, son muchos más, es no sé por qué, alguna cosa del marketing, José DonosoJorge Edwards que de pronto quedaban como más descolgados.

José Donoso, creo que tenía claro qué era el boom, el autor chileno, pero creo que este año es de mujeres, Elena Garro y Clarice Lispector son parte del boom.

¿Fue un desafío o una especie de monstruo para los autores posteriores o no debe pensarse en eso cuando se escribe?

No hay autor latinoamericano que no lo haya leído, ellas son importantes en su momento, pero también pensar que uno, en esta geneología literaria, uno quiere hacer cosas que le lloren, uno quiere hacer cosas distintas, no soy de la generación tan próxima a ellos, que quizá sintieron eso cuando escribieron Macondo.

Macondo me gusta, no creo que la producción de Macondo me guste tanto; Fiesta Rebelde, pero a excepción de otros autores, de Alberto Fuguet, escribiendo cosas interesantes, me parece que los otros eran como una pose juvenil.

Como para cuestionar esto, siempre hay que cuestionar a los padres, siempre hay que cuestionar la tradición, en ese sentido hay que cuestionar el monstruo del humor,  ir buscando fórmulas que son siempre en este juego de sincretismo, síntesis.

Una persona, un lector es de muchas tradiciones, yo leí el boom, leí muchos autores europeos, muchos autores chilenos, me imagino que eso le sucede a muchos autores que uno lee.

Me gusta mucho el cine, la plática, podría pensar que hasta Edvard Munch, el pintor, alguien que a mí me ha influido, me gusta mucho esa cosa expresionista o gay, entonces no creo que uno escriba respondiendo al autor anterior, uno escribe porque hay una época, un universo de lectura y mucho más. Afortunadamente complejo.

¿Qué te parece Julio Cortázar?

Un genio. Tiene una lectura que se conserva joven, sobre todo Los Puentes de Cortázar me parecen técnicamente muy hábiles, AxolotlLa Noche boca arriba, se va esa cosa que es fantástico que también tenía Filisberto Hernández, ese mundo de lo fantástico. Una literatura que siempre se conserva joven, es curioso.

Todos los fuegos el fuego.

También, creo que la literatura en muchos modelos y un modelo es Julio Cortázar y me gusta mucho. Es un autor que te abre muchos mundos.

¿De qué se tratan tus Ensayos sobre Literatura y Dramaturgia, háblanos de ello?

Estudié 11 novelas y obras de teatro que ocupan la voz infantil como recurso, no son literatura infantil ni es para adultos; por ejemplo, en el caso de, no lo incluí pero a modo de ejemplo Balún Canan de Rosario Castellanos, que es una niñita de 9 años que mira de diferentes formas esta casa, en plena Revolución Mexicana, ese recurso me interesó.

Con una mirada infantil, una mirada de niño, sin duda un artífice, el autor está inventándose ese recurso lo está autorizando, e interesante porque los niños están en formación moral, cognitiva, emociona, entonces lo que ven lo escriben, no emiten juicios, las categorías de lo bueno y lo malo que estamos tan adiestrados los adultos son mucho más ambigua, un lugar como más perturbado, más impredecible.

Me parece que son testigos muy  interesantes de los cambios sociales, los cambios políticos, donde se puede evitar esa cosa de la denuncia, de la sobra explicación y viene más el narrador adulto.

Son obras que van desde los 60 en adelante, de Clarice LispectorManuel Puig, hasta llegar a temáticas actuales como el abuso de presentar obras de teatro y algunas novelas que ya esbozan esa problemática tan actual, hoy, en constante simetría entre los niños y los adultos y cómo los niños frecuentemente sujetos de lo que se ejerce la violencia, el poder, una metáfora de la simetría del dominante y el dominado. Mucho con el espacio simbólico.

¿A tu juicio a qué tipo de problemáticas se enfrentan los autores dramáticos en cuanto a llevar a escena sus textos?

Hoy en día pensando en grupos posdramático, están retomando esa idea del trabajo colectivo, de los materiales colectivos, a mí me ocurre que soy crítica de teatro y veo la obra y no tienen texto casi.

Le pido al dramaturgo hoy me gustó mucho la obra, lo que uno podría dominar la puesta en escena, lo que uno ve como espectáculo y después le pido el texto, como enseño dramaturgia y también hago crítica, me entregan tres hojas de un espectáculo muy potente.

Está configurándose de otro modo la palabra, ocurrió en los 60 con la creación colectiva, pero tiene algo de eso ahora, pero la idea de que escriben en escena y por lo tanto lo que se tiene en escena es difícil trasladar al lenguaje.

Yo misma tenía que aprender a jugar, hay obras que encuentro espectaculares, pero que no las puedo enseñar si no están en cartelera porque dos páginas no reflejan lo que yo vi y eso es un desafío.

¿Es redituable hacer teatro en esta época?

Sí, siempre, el teatro es muy político, para mí uno de los espacios más políticos, es más es una bendición tener a 30, 40 personas viendo el mismo espectáculo y tú como autor, verlo; yo como autora del libro no puedo hacer eso, no puedo encontrar a 40 u 80 lectores al mismo tiempo en el mismo espacio físico, pudiendo observar, incluso temporalmente cómo reaccionan con el libro, si lo cierran, si se emocionan, es un privilegio el teatro y los narradores no lo tenemos.

Por ende, hacer teatro, el tener el tú a tú, el cuerpo a cuerpo, siempre tiene sentido.

¿Es la televisión el principal rival a través de sus noticiarios, de las tragedias para los dramaturgos?

Para todo, para dramaturgos, narradores, es sí y no. La televisión tiene doble arma, por un lado creo el haber idiotizado al ser humano, con una reclamación de, hablo desde la televisión chilena, que parece pez, los reality.

Al mismo tiempo la realidad siempre ha sido lo que ocurre en los medios de comunicación, como que sale muy ampliado, porque está el efecto pantalla, las fotografías en directo y de pronto hay noticias, conflictos, problemáticas que uno vive, es interesante reflexionarlo desde el punto del arte, en mi caso soy narradora fascinada.

¿Sigue en el aire en televisión chilena Felipe Camiroaga y Karen Doggenweiler?

No. Felipe Camiroaga murió en el año 2011, fue dramático en un viaje de avión, muy comprometido en una de sus tantas campañas de su día a día, me acuerdo que fue posterremoto, fue bien injusto, gente que iba ayudar y la avioneta del ejército se cayó al agua.

¿Y Karen?

Ella siguió haciendo el programa, pero como el marido Marco Enríquez-Ominami fue candidato presidencial, no podía. Se retiró de la televisión por un tiempo. Eran una gran dupla, pero cosas de tragedia.

¿Sigue el Chacotero sentimental?

Con menos fuerza, creo que sacó una película nueva, es parte de la cultura chilena.

¿Se ama o no una sólo vez en la vida en Latinoamérica?

Ay no, muchas veces, es un mito muy urbano.

¿Cuál es el panorama actual de la literatura chilena?

Diverso, heterogéneo, antes éramos muy fuertes en poesía, todavía lo somos, pero ha tomado fuerza la narrativa, muy variados los registros, los tipos de autores, fueron panorama de editoriales independientes cada vez más prolíficos, más arriesgados, con escrituras distintas y con dramaturgos.

Si hay narrativa, me llama la atención, hice una antología para la feria que reuní a 45 autores, que reunían requisitos, tenía que incluir hechos inéditos, el tema de la frontera, haber publicado recientemente, 45 tenía que seleccionar, porque eran mucho más que 45. Estaba pasando por un momento nutritivo, álgido la escritura.