La enfermedad y el más prolífico compositor que haya existido alguna vez

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Una mañana en la corte de Sajonia-Weinselfels, después del servicio religioso, un chico subió al órgano y comenzó a tocar, quizá sin percatarse de que el Duque de Halle aún permanecía en la iglesia y quien sorprendido por las cualidades artísticas y la forma mágica de tocar de tan misterioso instrumentista le preguntó a su valet quién tocaba, él señaló que se trataba de su hermano pequeño George. De inmediato, el Duque se apresuró a hablar con el padre del chico quien estaba convencido que el futuro de su pequeño se encontraba en las leyes, pero el Duque insistió que no se le podía robar a la humanidad un genio musical, y así comenzó una inverosímil discusión con el cirujano y barbero de Halle, George Händel quien poco podía hacer ante la insistencia del noble sobre la carrera de su niño. Así es que regresaron a Händel padre con una bolsa repleta de monedas de oro.

 

Ahí comienza una aventura de vida que estuvo llena de misticismos y la carrera de uno de los más grandes genios de la música, aquel chico que tocaba el órgano era Georg Friedrich Händel, inclusive en opinión de su compatriota, el mismísimo Beethoven, habría dicho sin dudar en 1823 que: Händel es el más grande compositor que haya existido alguna vez (…) descubriría mi cabeza y me arrodillaría en su tumba. Sin embargo no todo fue fácil y dulce.

 

Su vida estuvo siempre acompañada, también, por la enfermedad. Luego de haber completado la revisión de su primer Oratorio italiano, El Triunfo del tiempo y la verdad, en 1737, a los pocos días algunos periodicos londinenses decían que el Sr. Händel ha estado indispuesto desde hace poco tiempo con un reumatismo… más tarde con mayor seriedad afirmaban: el ingenioso Sr. Händel está muy indispuesto y es debido a un trastorno paralítico, al presente no logra usar su mano derecha, lo que si no recupera hará que el público se prive de sus finas composiciones.

 

Esta era una versión que el mismo Lord Shaftesbury apoyaría en su libro Recuerdos de Händel: gran fatiga y desgano asociados a una parálisis que ha afectado 4 dedos de su mano derecha, impidiéndole interpretar música, y en ocasiones este trastorno parece haber afectado también su intelecto. Más adelante, después de continuar su prolífica obra con la ópera Faromondo, Charles Jennens, quien le dio los libretos para los oratorios El Mesías y Saúl, comunicó una repetición del ataque paralítico de Händel, afectando su lenguaje y entendimiento. Una vez más se recupera y compone Dettingen Tedeum. Sus dolencias no terminarían ahí pues cuando escribía el acto segundo del oratorio Jefta el mismo Händel advirtió de la pérdida súbita de la visión de su ojo izquierdo. Se recupera relativamente y logra terminar la obra.

 

Para 1752 sufrió otro ataque cerebral que lo dejó sin visión, afectando su ojo derecho. Sería operado por William Bromfield, cirujano del Príncipe de Gales, sin éxito.Tras una muy leve recuperación, logra componer algunas arias, pero quizá no fue suficiente para evitar caer en una grave depresión. Inclusive habría que decir que tras tantas complicaciones en su salud comenzaron las sospechas, los mitos y las creencias de que su producción tan generosa podría ser más amplia que la de Beethoven y Bach, juntos, y deberse a una serie de trastornos de carácter psiquiátrico.

 

Sin embargo, la evidencia dice que la integridad intelectual de Händel no parece haberse visto afectada en sus últimos años, esto es, compuso algunos coros y arias del oratorio Esther en 1757, y supervisó la representación de sus oratorios en Londres hasta una semana antes de su muerte. Sin duda, hay que decirlo, fue importante el apoyo que tuvo de su amigo, discípulo y amanuense John Christopher Smith, en la transcripción de su música, ya que estaba imposibilitado de escribir. Además hay que considerar un diagnóstico diferencial con más bases científicas para entender esta faceta del músico. Es claro que presentó un cuadro recurrente con síntomas focales neurológicos, de aparición brusca, parcialmente reversibles en un inicio, con dificultad tanto motora como de lenguaje y visual.

 

Es probable que la presencia de disartria o afasia haya sido considerada como confusión o problemas de entendimiento. Esto se puede explicar por una enfermedad cerebrovascular con lesiones isquémicas en el hemisferio izquierdo, ya que siempre las manifestaciones motoras fueron de la extremidad superior derecha, y afectando el territorio de la arteria cerebral media.

 

También hay que señalar por la importancia que jugó en está faceta de quien fuera el niño George, y se convertiría en el ya condecorado músico. Su misma apariencia física que se ha observado en sus retratos en los que se muestra a un hombre de complexión corpulenta, inclusive obeso, con el típico perfil de riesgo para una  patología de tipo cerebrovascular. También se conocía en su medio que deglutía grandes cantidades de comida y era afín a vinos fortificados: el Oporto y el Madeira. Esta faceta desencadenó muchísimos mitos respecto a la salud mental de Händel, y su tendencia obsesiva en su actividad creativa, hay que decir que tenía un temperamento irritable; de ataques de rabia, injurias e insultos.

 

Inclusive en su rol de director de conciertos y en la administración de sus presentaciones; se cuenta que, en algua ocasión, tuvo una fuerte discusión con Francesca Cuzzoni, la soprano italiana más famosa del momento, provocada porque no quiso interpretar la última aria de la ópera Ottone, falsa imagine. El improperio que salió de las voces de Händel se hizo presente: Oh mi dama, sé bien que Ud. es un real demonio, pero le mostraré, que yo soy Belcebú, el rey de los demonios, descontrolado, la levantó por la cintura e intentó arrojarla por la ventana.