+La Feria de El Carmen; un recuerdo de Armando Ramírez Rodríguez

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La frase

Chin chin el Teporocho y todos juntos comimos chicharrón.

ARMANDO RAMIREZ RODRIGUEZ

FERIA DE EL CARMEN: El asunto se reduce a que los dueños de unos juegos no quieren que se instalen los de atracciones Aguilar que son los que tienen permiso.

Curiosamente los que más protestan son los que no reúnen los requisitos de protección civil y los vecinos se quejan de peleas entre ellos además de que tienen pagos pendientes de ferias anteriores.

Los juegos que tradicionalmente se colocaban eran de una familia de apellido Delgado, tienen entre otros, los siguientes problemas:

Adeudos anteriores, la mayoría de sus juegos están deteriorados y no cumplen con la normatividad de protección civil y han tenido antecedentes de conflictos en los años anteriores. De 10 dictámenes en Protección Civil, solamente cumplen con tres.

UN RECUERDO: Era, para decirlo al más puro estilo de barrio bravo de Tepito, “un ñero a toda máquina”. Lo conocí a través de dos amigos en común, el escritor José Agustín (Ramírez Gómez) y el escritor y editor argentino, Luis Guillermo Piazza.

Una de sus muchas frases célebres era “que tanto es tantito”. Era hijo de de un bofe (boxeador) y una ama de casa. Le dio en la literatura voz a los jodidos. La primera edición de su libro “Chin Chin el Teporocho”, fue en Editorial Novaro, aquella industria propiedad de Bruno Pagliai, algo así como el Carlos Slim de su tiempo. También escribió “Crónica de los chorrocientos mil días del barrio de Tepito” en 1975.

 

El Barrio como tema: No todas las cosas se quedan en una nación o en un país. Cuando alguien comienza o inicia una carrera dentro de la literatura y tiene la torpeza de comunicárselo a los demás, la primera reacción es de burla y surge la expresión: Nadie te va a pelar güey. Pero el que lo expresa se empeña en que trascienda y alcanzar que no sólo lo publiquen y distribuyan.

Así le pasó a Armando Ramírez, quien fue un hijo de un boxeador al que no se le dio esta habilidad ni el gusto por practicarlo. Todo el mundo lo conoció con el título de su primera novela Chin chin el teporocho, con la que ganó un concurso de cuento que le abrió las puertas para trascender y penetrar en el difícil camino de la literatura mexicana. Su nombre completo Armando Ramírez Rodríguez, producto genuino del barrio bravo de Tepito, que sólo se le conocía así como generador de boxeadores, por las constantes peleas o broncas de los habitan de ese barrió al que también se le denominó como bravo. Cuando se habla de Chin chin el teporocho se habla de Armando Ramírez, cuando se dice el nombre de Armando Ramírez se relaciona con Chin chin el teporocho, novela y autor son una misma cosa, como si fuera un apodo más para identificarlo.

Fue en el inolvidable año de 1971 cuando se publicó en lo pretendió Luis Guillermo Piazza, escritor argentino ya desaparecido, darle un carácter literario a la Editorial Novaro de Bruno Pagliai, ya que su línea era de libros para niños además de los cuentos, revistas un poco menos que tamaño carta de la línea Walt Disney, como El pato DonaldEl ratón MiguelitoDaysiPluto; series de la línea del oeste con Ryde RyderTomahawkEl llanero Solitario, en fin una serie de publicaciones que consolidaron a la empresa en cuanto al manejo de dinero por la venta de los famosos cuentos como así se les denominaron en los años cincuentas hasta los setentas.

La aparición de estos autores como Armando Ramírez se debió a que era una literatura hecha y escrita por jóvenes, tenía 19 años cuando comenzó a engarzar la serie de historias sobre lo que conocía a fondo: su barrio, las vecindades, las vecinas, los tomadores tranquilos y los que se dejaron llevar por el vicio del alcohol hasta convertirse en teporochos, la combinación de alcohol con hojas de naranjo o de alguna hierba para recuperarse de los estragos que causa ingerir sin haber tomado algún alimento.

Armando Ramírez, que falleció ayer 10 de julio a la edad de 67 años,  fija a su barrio como eje de su narrativa, conoce el éxito después de varios intentos por dar a conocer y publicar su obra hasta que se topa con el premio y tiene la suerte de obtenerlo para que así ingrese a la fila de escritores noveles tanto por la edad como por el inicio de su obra, que va construyendo paso a paso hasta que su barrio alcance la proyección que siempre pensó que debía tener, sin despreciar la clase de deportistas que ahí surgieron o nacieron en los límites de esa ciudad y que el propio Distrito Federal, a nivel de sus gobernantes, ignoraban en toda su dimensión.

Al consolidarse como escritor, tuvo la oportunidad que lo leyeran Emir Rodríguez MonegalJosé BiancoJuan José ArreolaJuan Carlos Onetti, a quien le presentó otros textos sólo le dijo: Son demasiado groseros y violentoseso no implica que no los lea con cuidado, cuando integraron el jurado del Premio Internacional de Novela que promovió Novaro y que resultó ganadora Palinuro de México, de Fernando del Paso en 1975, Onetti leyó Pu, que se publicó después  en 1977 con el nombre de Violación en Polanco.

Armando Ramírez insiste en llevar la cultura que ahí se origina, la de su barrio, y establece una especie de división y agrupamiento de pintores, a la mejor de brocha gorda, pero que se atreven a pulsar el pincel y las latas de pintura para estructurar el grupo de Tepito Arte Aca que no sólo congrega a pintores sino grupos teatrales, literatos y servicios culturales.

Es decir no trató de cambiarle la cara sino difundir lo que se producía o se originaba en ese barrio en donde la pobreza sentó sus reales desde los años cincuenta hasta cerca de los ochenta.

Fue sin proponérselo el cronista de su demarcación, por el conocimiento de las distintas familias que habitaban, las costumbres, las tradiciones y los aspectos a proyectar para que no sólo perdurara lo bravucón y los asaltos, sino la vida misma con todos sus contrastes.

Salud Armando Ramírez donde quiera que te encuentres por habernos  mostrado un fragmento de tu Tepito y proyectarlo a otra dimensión y por abrir nuevos rumbos en la narrativa de nuestro país.