La historia en la 4T

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Los días previos a las Fiestas Patrias circuló un spot del Gobierno de México que afirmaba que el Grito de Independencia se festejaría como nunca antes. ¿A qué se refería si, con algunas pocas excepciones, los mexicanos llevamos 207 años conmemorando y festejando el Grito del cura Hidalgo? Tal vez se refería a que en esta ocasión hubo más actos oficiales y programas propagandísticos, pero los mexicanos nunca hemos dejado de festejar.

 

Lo anterior me recuerda que el gobierno de la Cuarta Transformación (4T) está utilizando la historia no sólo para promover la identidad, también la está acomodando para sus propios intereses. No es el primer gobierno que lo hace. El régimen posrevolucionario priista también lo hizo y de allí surgió una historia oficial maniquea que muchas generaciones aprendimos en las aulas, en la que Hidalgo es el Padre de la Patria y Morelos el más eminente de los insurgentes, aunque hayan sido derrotados; en la que Villa, Zapata, Carranza y Obregón están en la misma canasta de héroes, aunque se hayan matado entre ellos.

 

Ahora es la 4T, comenzando por el presidente y siguiendo con los historiadores incrustados en el Fondo de Cultura Económica (FCE), como Paco Ignacio Taibo II, y en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), cuyo director es Pedro Salmerón, quienes utilizan la historia nacional con fines no académicos. El mismo nombre 4T refiere que este régimen se considera a sí mismo como heredero de la Independencia, la Reforma y la Revolución, y ello fue lo primero que resaltó en el Desfile Militar del 16 de septiembre. Y su logotipo no deja lugar a dudas de este hecho dada la presencia de los héroes: Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas.

Benito Juárez

La nueva historia oficial pretende reescribir ciertos temas. Estos días 15 y 16 de septiembre vimos una exaltación de Hidalgo aún mayor que en otras épocas; será devuelto al pedestal del que lo habrían bajado los presidentes neoliberales y del que nunca debió bajar, a pesar de los crímenes que cometió al asesinar españoles. Y sabremos qué papel jugará Morelos en esta 4T cuando se conmemoren su natalicio (septiembre 30) y muerte (diciembre 22).

 

Otros ejemplos: ya no se habla de conquista sino de irrupción, término que no muchos entienden, pero que se puede explicar por el encono contra los conquistadores españoles. Por lo mismo, Santa Anna ya no es el vende patrias de México sino el héroe que derrotó el último intento de reconquista española en 1829, aunque luego haya jodido al país. Juárez es el prototipo de la austeridad, aunque esté demostrado que de austero sólo tenía su ropa, pues tenía una fortuna que hoy estaría valuada entre 64 y 120 millones de pesos.

 

Madero sigue siendo adorado aunque el lema Sufragio efectivo, no reelección haya desaparecido de la documentación oficial y aunque hoy nadie en la 4T crea en la no reelección. Cárdenas era un santo y no hizo fraude en las elecciones de 1940, más bien éste fue perpetrado por poderes fácticos y empresarios de la época. Pero lo más absurdo es que la caída del sistema en las elecciones de 1988 nunca ocurrió, sólo por defender a Manuel Bartlett.

 

En cualquier caso, éste será un sexenio histórico. No me refiero al papel que la posteridad le asigne sino a que la historia será elemento fundamental en la estrategia del gobierno. Ahora la 4T puede acusar al régimen anterior de olvidarse de algo tan importante como la historia y contar su propia versión a través de historiadores que son fieles y anteriormente se sentían relegados.

 

Vuelvo a la ceremonia del Grito. Cabe aclarar que no fue un grito innovador sólo porque los simpatizantes aseguren que por primera vez el pueblo asistió al Zócalo feliz, libre y consciente a escuchar a un presidente que por fin se preocupa por ellos. Eso es absurdo. Insisto: los mexicanos llevamos 207 años festejando el grito, independientemente de quién se encuentre gobernando.

 

Más bien en esta ocasión fue diferente porque hubo eventos oficiales previos cargados de ideología, como el Festival de las Culturas en el Zócalo con la participación de delegaciones artísticas de las 32 entidades; o los programas transmitidos en medios públicos como la Historia del grito, que exalta hasta la saciedad el apoyo de las masas explotadas y los indígenas a la insurgencia y resalta el rompimiento de estructuras que significó la Guerra de Independencia. Con todo ello la 4T intentó demostrar que su movimiento es inclusivo y de alcance nacional al dar cabida a los Estados, así como justificar bajo su propia visión que, al igual que el movimiento de Independencia, el suyo es un movimiento rupturista del pasado y apoyado en las masas populares.

 

Pero todo ello era previsible y no debe sorprender, será la tónica del sexenio. La verdadera sorpresa la dio el propio presidente con el grito. Cuando todos pensábamos que sería un grito completamente ideologizado y sectario, no lo fue. Resultó un grito a la altura de un Jefe de Estado, el más incluyente por los símbolos que manejó en 20 vivas: la equidad de género (Mexicanas, mexicanos; Leona Vicario; madres y padres de nuestra patria), lo popular reivindicado (héroes anónimos, heroico pueblo, comunidades indígenas, grandeza cultural) y los valores que todos apreciamos (libertad, justicia, paz, soberanía, democracia). Lo más polémico fue eso de Viva la fraternidad universal que, más que sonar a tercer elemento del lema de la Revolución francesa o a algo científico, sonó como algo religioso o esotérico.

 

El problema es que al otro día de ese grito que parecía apelar a la unidad y la reconciliación volvimos a la triste realidad, a la ficción de la historia reducida al enfrentamiento entre el pueblo bueno y sus opositores moralmente derrotados.

 

Ello se pudo observar en el desfile del día 16, el cual evidenció la propaganda institucional: desfilaron carros alegóricos de las Fuerzas Armadas personificando la Independencia, la Reforma y la Revolución, aquellas tres transformaciones anteriores a la que se asume como la Cuarta, a pesar de que, quien lo asume, es un gobierno que sólo ganó unas elecciones (eso sí, con mucha fuerza) y que lleva menos de un año en el poder. Una 4T que, por cierto, se representó con carros no tan alegóricos de limpieza de sargazo, pipas antihuachicol, programas de bienestar y las nuevas Islas Marías.

 

Por fortuna y, a diferencia de otras épocas, los mexicanos contamos con una historia no oficial escrita por historiadores no militantes ni ideólogos, contra la cual podemos contrastar los hechos históricos que se pretenden cambiar.

Lázaro Cardenas del Río