La importancia de los datos en la integración económica global

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En estos momentos en los que la digitalización juega un papel clave en la activación económica derivado de la limitación de la movilidad social entre otras medidas que han surgido para hacer frente a una nueva normalidad que moldea una nueva realidad, empiezan a surgir algunas vicisitudes vinculadas a los principales hitos de la integración global a partir de los datos, que si bien, pudieran parecer paradojas, se muestran en estos momentos determinantes a fin de determinar si éste es el momento de conciliación o si se seguirá postergando la integración de un solo mercado global digital.

Desde los aspectos físicos, técnicos y lógicos los flujos de datos, incluyendo los personales, así como las transferencias se entienden como necesarias para un adecuado funcionamiento del internet y de las aplicaciones que ocupan dicha tecnología para funcionar e interactuar, así como los insumos y objetos, que valga la redundancia, prácticamente se encuentran en todos los aplicativos actuales, y en los cuales, el día de hoy enfrentamos restricciones legales de uso, a pesar que de manera técnica, eventualmente no exista un control tan estricto, o más bien restricciones tan estrictas, respecto a la posibilidad de utilizar datos que correspondan a una persona en cualquier parte del mundo.

Es decir, pocas personas dimensionarían en su justa medida los diversos mecanismos de cumplimiento que hacen posible una compra de Estados Unidos, Europa o Asia, en línea y que permite que llegue a su domicilio en unas horas, un día, o un par de semanas, o que eventualmente son toleradas a fin de permitir una navegación libre en un sitio alojado en cualquier parte del mundo, ya que, el internet se conceptualiza por muchos como “la zona”, utilizada en el ámbito marítimo y/o espacial, a pesar de que contrario a lo que se imagina, resulta posible trazar una serie de reglas jurisdiccionales en torno a su uso y que seguramente no tardarán en generar un ecosistema legal integrado como parte de la evolución de las relaciones sociales una vez que se logre eliminar la barrera de control de lo gobiernos, una de las tantas aspiraciones que han surgido en el marco de la administración de la red, y que podría decirse, se encuentran en curso a través de la emancipación de la raíz de la IANA, mediante la nueva gestión de ICANN.

Sin embargo, mientras la gobernanza de internet madura para lograr una autonomía auténtica, actualmente los gobiernos siguen jugando un papel relevante en la administración de la red y en ese proceso, son quienes tienen en sus manos la determinación de controles en función de sus propios intereses, lo que dificulta la integración económica global, en aras de la defensa de la soberanía y la seguridad nacional bajo un concepto en parte anacrónico, que más bien, tiende politizar las relaciones digitales, en vez de preservar de facto, algún aspecto crítico o esencial para la tranquilidad de las sociedades humanas.

Es decir, el acceso a la información a nivel técnico por parte de las naciones ha incentivado las tentaciones autoritarias de controlar la cantidad y calidad de flujo de la información a la que accede la ciudadanía, como mecanismo de cohesión, y a la vez, una posible ventaja con relación a diversos países cuyos usuarios en sus relaciones deben permitir de manera implícita su revisión y análisis por parte de un gobierno extranjero, lo que a su vez, da lugar a mecanismos de vigilancia desproporcionales, ya que eventualmente, sea mediante procesos manuales, automatizados o inteligentes, implican la revisión de todos los paquetes que transitan por la red.

Es así que ante estos escenarios, la sentencia C-311/18, llamada como Schrems II, a través de la cual se invalida la Decisión 2016/1250 sobre la adecuada protección proporcionada por Escudo de Protección de Datos, denominado como “Privacy Shield”, o, la reciente Orden Ejecutiva  para abordar la amenaza que representa Tik tok, muestran la realidad de lo distante de una integración global en torno a un mercado digital, lo cual, en gran parte se debe a que no todos los intereses comerciales se encuentran alineados hacia la protección de datos.

Esperando equivocarme en mi apreciación, creo que éste tampoco será el momento en que se llegue a una conciliación en torno a la liberación de flujos internacionales de datos mediante garantías adecuadas reconocidas internacionalmente, ya que a pesar de la urgencia que podría entenderse a través de las necesidades propias de la pandemia, los principales actores relacionados no han colocado en el radar dichos acuerdos, por lo que, eventualmente habría que esperarse a que la tercera sea la vencida para que un acuerdo efectivo entre la Unión Europea y los Estados Unidos lleguen a un estándar común que posibilite mecanismos de protección de datos personales homologados, sin perder de vista el papel que pudiera jugar Reino Unido para tal efecto, ante los efectos del Brexit, que por parte, mantendrá una breve pero profunda tradición como miembro ex Unión Europea familiarizado con el esquema de protección de datos personales vigente a través del Reglamento General, y como país de tradición jurídica similar al norteamericano, que ante su emancipación podrá flexibilizar relaciones con terceros países en función de sus intereses como nación.

El papel de ICANN en el libre flujo de información no será una tarea sencilla en un entorno en el que han logrado generar comodidades las burbujas de internet de ciertos países, lo que ha incentivado iniciativas que secundan sectorizar internet en los ámbitos nacionales, tomando como referencia motivos de soberanía tecnológica que eventualmente no deberían prosperar, si el internet y su efecto democratizador en vez de marcar líneas, empiece a desdibujar las fronteras entre los países, lo cual, no impide que cada país pueda tener un papel en dicho mercado, siempre y cuando sea para posibilitar y hacer progresivos los derechos en torno a dicha tecnología, como sería romper brechas, incentivar desarrollo o favorecer la innovación, y no, para limitar o segmentar contenidos, así como a dosificar el acceso al mismo.

Escenario en el cual, regresan a mi memoria los esfuerzos internacionales que pudieron surgir en torno a un flujo único de datos a partir del caso Schrems I, que en el marco del año 2015, dieron origen al documento denominado puentes de privacidad de la hoy Asamblea Global de Privacidad, en el que se advirtió que un flujo global de datos es posible, por lo que, la protección de datos personales se ha vuelto el principal criterio de intereses y libertades para posibilitar la integración global, un proceso en el cual, posiblemente el desarrollo de una legislación norteamericana sobre el particular, pueda ser la vía que impulse dicha integración, a pesar de que inclusive, podría decirse que en ese país no sólo surgió el internet, sino que también, se gestaron los primeros principios de privacidad que posteriormente evolucionaron en el mundo hacia el ámbito europeo, de manera similar, a la Carta de Virginia, que se adelantó a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Hasta la próxima.