La intolerancia

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Does he ever question what it all amounts to

Or ever will? Or care where he lays his head?

Seamus Heany

 

He visto una razón crecer de manera constante entre los seres humanos. Nada más disperso que el hecho de no aceptar un color, raza, credo, religión, formación política, o simplemente, una actitud ante la vida.

 

Nada parece al gusto de la sociedad. Se llenan las marchas en contra de un algo o favor de un pensamiento. Pero lo más terrible no es ese tipo de intolerancia lo que marca el rumbo de un grupo social, sino las pequeñas actitudes que se alcanzan a observar.

 

Por años he vivido un grado de intolerancia hacia lo que considero vivir a mi modo. En algún tiempo el cabello largo hasta la cintura provocó un cierto tipo de expresiones que iban desde la sorpresa hipócrita hasta la descalificación personal. No importaba si el cabello estaba limpio, que por lo general así era. Para esas personas, el careto rebelde que portaba era suficiente para catalogarme como un drogadicto, pandillero, vándalo (que sí lo era, pero en otro sentido) o simplemente una persona que no acataba las reglas sociales de una sociedad conservadora.

 

Mi vestimenta era otro motivo para la crítica descalificadora. Mi sentido de la moda nunca ha sido realmente muy fashion o acorde a las modas, sino era un poco valemadrista, conforme a mi comodidad y no a la comodidad de los demás.

 

Después fue mi vocabulario que siempre ha sido muy florido y expresivo, cosa que lastima los castos oídos de la aristocracia pueblerina. Y por último mi siempre extrema expresión escrita que no se apega a los cánones existentes entre los grupos de poder y literarios que nunca son literarios sino poses fotográficas.

 

Ahora veo otro tipo de intolerancia. Una que va hacia las ideas sin detenerse a pensar en el daño que se hace, sin fijarse en quiénes son los que atacan y a quiénes se ataca sin motivo. He visto la intolerancia incluso entre aquellos que proclaman la tolerancia como una forma de existir, por el simple hecho de que no se piensa igual que ellos.

He visto crecer a simples monaguillos hasta un nivel de sacerdotes sin tener las bases suficientes para predicar, pero además otorgándose el derecho a decidir quién sí y quién no puede ser beneficiado con su saber.

 

Y lo que es peor, cada vez es más notoria esta intolerancia a no pertenecer, a no ser, a separar los pensamientos de aquellos que no son acordes al suyo.

 

Se sienten los detentadores de la verdad absoluta cuando en realidad son simples mentes que no ven más allá de sus limitaciones. Y eso sí me provoca intolerancia hacia ellos.

 

Las personas no son fáciles de comprender. Algunas tienen un nivel de sapiencia que va más allá de los sentimientos simplemente humanos y ven con absoluta precisión aquello que aqueja a los demás. Pero hay otras que no alcanzan a mirar más allá de sus limitaciones existenciales y se dedican a joder la cotidianeidad de los demás.

 

Hoy no alcanzó a decidir si convertirme en un intolerante con los intolerantes o ser simplemente un observador pasivo que mira la intolerancia casi como los post facebuquianos que abundan en estos días de cambio. Me quedó mejor con la frase de Seamus Heany: ¿Acaso se preguntará a qué se reduce todo esto,// en qué consiste, o si hallará reposo su cabeza?