La Lola de mis amores

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No pude dejar de pensar en ella, justo el día de su natalicio, y más aún sabiendo que sus colecciones están de gira, nació un 14 de diciembre en la Ciudad de México,  nos engalanamos cada año recordando su bien puesto paso por el arte, no sólo nos dejó un acervo interesantísimo sino la luz prendida para seguir apostándole al arte, y eso es lo que no pude quitarme de la cabeza, hace mucho tiempo no sabemos de algún mexicano que le apueste al arte dentro de nuestro país, –nadie como ella­–, que puso todo su tiempo, sus cocimientos y su dinero en el ojo artístico que fue puliendo con los años.

  • La decisión de crear un museo no sería posible sin la educación cercana y el contacto directo con el arte. En ese sentido viviré eternamente en deuda con mi madre, la profesora María Patiño Suárez viuda de Olmedo, quien supo siempre enriquecer mi espíritu, además de enseñarme a compartir esa riqueza. Ella repetía como una oración constante: Si tienes algo, tienes la obligación de compartirlo con tus semejantes. Y esa lección nunca la he olvidado ni la olvidaréDolores Olmedo

Cargando consigo amistades sólidas y encargos valiosos, Dolores Olmedo fue una mujer única y valiente que descuidó el papel de la señora de sociedad para aventurarse en un tema que en ese momento daba vueltas en las mesas más controversiales, comprar el arte, apostarle a una corriente, estar del lado de los consolidados o abrirles paso a los nuevos rostros, ella sin embargo tuvo el deseo de adquirir un sentido pictórico, encontrar en el arte precolombino una fuente de riqueza cultural que en ese momento no estaba en apogeo, pero ella vio algo en ello que la cautivo y de ahí surgieron más artistas que pudieron apreciarse entre sí, y dejando entre ver una lucha constante a favor de los espacios naturales en donde se pudiera incorporar el arte sin crucificar a un lugar a permanecer cerrado y luctuoso.

  • Sería maravilloso que esta casa con su inmenso y hermosísimo parque se convirtiera en un museo. Ya veo a las familias entrar los domingos, como a Chapultepec, y caminar por los prados, echarles pan y tortillas a los patos. ¿Qué comerán los pavorreales? –dijo en entrevista con Elena Poniatowska

Eso es lo que me hace pensar, ¿En que basamos actualmente nuestro gusto por el arte?, es acaso que ya no podemos forjarnos un criterio propio con tan sólo visitar un museo o ver una obra exhibida en alguna galería, porque no compramos el arte al precio, porque le damos vueltas a los estilos y nos portamos como embusteros de la estética, no salimos a buscar ese artista que nos enchine la piel, estamos esperando que la pantalla nos muestre algo que matemáticamente fue diseñado para que nos guste, es cada vez más complicado, aunque el arte este tan cerca el gusto y el verdadero valor, aún se siente lejos.