La mesa de mi agosto…

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Agosto pasó en cámara acelerada, tiritando de miedo porque sentí que el año ya se terminaba, y justo en el día dos me detuve en una camilla de hospital, nada que no hubiera hecho antes o que me hiciera dudar de mí misma, pero el instante en que estás completamente solo, de blanco y el frío, el cuerpo desnudo y los ojos perdidos en la trama del techo, ahí me detuve dos segundos y reprimí dos que tres lagrimitas del no saber qué sigue, no saber qué pasa y no querer saberlo, así pasaron dos semanas en una recuperación lenta, aturdidora y calurosa, envuelta en vendas, con la intimidad y el pudor corrompidos, la ausencia del picante y la música mientras manejo.

La rutina del no hacer nada, terminar el libro del mes, un libro que disfruté mucho y me sirvió para alejarme de mi propio pueblo, este mes leí, entre siesta y sienta el punto alegre de PEQUEÑOS FUEGOS POR TODAS PARTES de Celeste Ng, una novela de no ficción, linda, familiar y muy reflexiva, la tomé por el lado maternal y desde el seno de mi propio núcleo familiar.

En las noches cuando faltaba poco para no sentir el sabor del medicamento, la amargura del último té, me pude regalar otra serie, una que vi por mera portada, por ser tan fan de una actriz y por mi otro talón de Aquiles, la música, había leído en redes que Zendaya protagonizaría una serie original de HBO, el remake de una serie controversial, EUPHORIA de temática adolescente, lo cual llamó más mi atención, porque las producciones de HBO no suelen apostar por ese tipo de historias, nos ha regalado series históricas, familiares, épicas y hasta thrillers, pero ésta era la oportunidad de explorar un nuevo terreno enfocado a otro público, una muy cruda y hasta incómoda realidad del adolescente, pues ahí estaba yo, cada noche recetándome una hora de EUPHORIA, para después volarme los oídos con su increíble banda sonora, los escenarios, el maquillaje esas cosas que ustedes saben que me hacen feliz; el vestuario, los guiños a la cultura pop y los personajes tan bien escritos, sin duda veré su segunda temporada, y no solo por la historia, sino porque la propuesta de hacer este tipo de contenidos más visuales y crudos con menos drama discursivo, me gusta y me gusta mucho.

El mes me dio para mucho, para recuperar fuerzas, mezclar mis pociones y descargar canciones con glitter de ojos, así como un cocinero que pone sobre la mesa todos sus ingredientes y utensilios, corta, mezcla, prueba, lava y guarda; sentí que el mes fue la mesa con mantel al revés, mi herida, las vendas, la cama,  litros de agua, visitas, Euphoria, mi libro, la hoja en blanco y las gracias infinitas a mi cuerpo.