La muerte se ha medicalizado, dice Arnoldo Kraus, quien critica el empobrecimiento del IMSS

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Su voz grave contrasta con su imagen. Su cabello al natural, desparpajado, su bigote hirsuto; delgado, en mangas de camisa. No parece un médico. No fue difícil ubicar al doctor Arnoldo Kraus en el lobby del Hilton, donde en uno de los salones, hicimos la entrevista.

¿Por qué surge No eran letras, son hormigas?

Es un libro bonito. Es un libro que me gustó hacer, uso en mi tono de escritura ideas un tanto lúgubres, tristes, para hacer reflexionar a la gente.

Este libro es diferente; es diferente porque es el primer libro que publico de relatos breves y viene muy bien acompañado, la mitad del trabajo es mío y la mitad es de Alejandro Magallanes con sus grandes ilustraciones.

Surgió por buscar otra forma de escritura, relatos breves o mini relatos también se les llama así, donde lo que buscaba era utilizar mis tiempos, soy médico y a veces entre pacientes para ir escribiendo ideas que anoto después de leer algo en el periódico o con alguna conversación y hacer unos pequeños cuentos o relatos breves que, según mi idea, son un tanto irónicos, sarcásticos, tristes y con una cierta dosis de inteligencia para motivar a las personas.

Es un ejercicio nuevo para mí y quizá esa sea la explicación. Quise hacer una explicación nueva, he sido lector de Augusto Monterroso, de Jorge Ibargüengoitia, y de muchas personas que han cultivado con mucho éxito este tipo de trabajo y quise probar suerte y esto acabó en el pequeño libro que usted menciona.

Pensé que era por la letra de los médicos.

Debo decirle que el título lo puso Alejandro Magallanes, suelo poner títulos un tanto humanos o lúgubres a veces a los libros, el título es de Alejandro Magallanes, está bien lo que usted me dice, la letra de los médicos es muy fea, pero también si uno tiene buena letra no puede ser médico, bromeamos, que si uno hace buena letra para entrar a la facultad te dicen te equivocaste, tienes que irte a la Facultad de Filosofía.

¿Qué recuerda de Jorge Ibargüengoitia?

Él tenía una prosa irónica, una prosa inteligente, una forma de radiografiar              -aunque no exista la palabra- la vida de la gente, la vida de muchas circunstancias y sucesos que él había vivido, a veces con ficción, a veces con realidad, pero retratado con cierta ironía y cierto sarcasmo al igual que Augusto Tito Monterroso que tiene varios libros al respecto.

Retratar la vida, es lo que pretendo con estos pequeños relatos, son 130, hablan de la vida realmente, muchos de ellos no es que siga la tónica de los personajes que mencioné, pero muchos de ellos hacen una radiografía de nuestra vida cotidiana y muchos están dirigidos -con cierta ironía y burla- a médicos, políticos, religiosos, instituciones, todo lo que nos rodea.

De Monterroso en especial.

Monterroso tiene un sinfín de libros al respecto, ganó el premio Cervantes de Literatura por esto, tiene grandes libros de relatos pequeños, quizá el que más me impactó es La Oveja Negra y otras fábulas, pero tiene una serie de libros pequeños de relatos breves.

Muy inspiradores, en lo que deja igual, es un relato breve, busca hacer algo parecido en donde se pide la participación del lector, para finalizar los que dice el relato.

En los míos, no siempre concluyo, dejo una puerta abierta para que el lector decida qué es lo que yo no dije y lo hago cómplice de mi relato, esa idea de que no son relatos ni concluyentes ni finales, me gustó y le exige un poco al lector de ser partícipe y de cerrar la puerta a lo escrito.

Veía uno de sus libros Recordar a los difuntos.

Es un libro que escribí hace tres o cuatro años, es mi vivencia con mi madre que murió en esa época, hace cuatro años, se intitula Recordar a los difuntos, es un cierto homenaje a ella, una catarsis de mi parte, en donde homenajeo su voz, su imagen, su trayectoria por el legado que me dio.

Recordar a los difuntos es el título, porque la palabra difunto tiene muchas acepciones, pero es uno que ya se fue, pero que cumplió y dejó algún legado.

Es quizá, de los que he escrito, de los que más me gustan. Está por salir una nueva edición con el prólogo que escribo, ¿Qué ha pasado conmigo después de la muerte de mi madre hace tres o cuatro años?, no pasa nada serio, no pasa lo que sucede cuando se muere la gente que tiene que morir como el caso de mi madre.

La ética médica va más allá del juramento de Hipócrates.

Sí. La ética médica actualmente se encuentra totalmente aplastada y olvidada como todas las éticas; la ética laica que es la que pregono, no la ética religiosa, porque las religiosas siempre separan a las personas y van más allá del juramento hipocrático.

La palabra ética es la que más me gusta repetir cuando me hacen entrevistas o cuando escribo, es un espacio que debería fomentarse, cultivarse y crearse con mucho más fuerza.

Siento que muchas de las enfermedades del mundo, empezando por México, estando en la situación en la que están, en una situación de enfermedad, México es un país enfermo, la cuestión ética ha sido totalmente apartada y alejada de la voz de los políticos, médicos y periodistas de todo el mundo.

Entonces la ética médica en particular, trata de que los médicos se aproximen con un gesto humano, leal, no comercial, sí empatía, sí compañerismo con los enfermos, es una materia ética médica que se enseña muy poco en las facultades de medicina.

¿Para hablar del dolor, hay que sentirlo, experimentarlo?

Es una buena pregunta. Hay una frase de San Agustín que más o menos dice: no es bueno haber sufrido, pero es importante haber sufrido.

Es decir, la frase es más bonita de lo que dije, no lo recuerdo exactamente, cuando uno ha sufrido, ha tenido dolor, es más probable que entienda a la persona de enfrente, en este caso, al enfermo.

Los médicos muchas veces son enfermos, no siempre son enfermos. En Europa, al menos hace unos años, en varias escuelas de medicina, a los estudiantes de medicina los hacían actuar como si estuviesen enfermos, ponerse en el lugar del enfermo, tratar de entender lo que para él es la percepción del dolor, la vida.

Entonces había que ponerse en lugar de ellos, hay estudios médicos, por ejemplo, que duelen muchísimo, siempre le pregunto a los colegas, realmente es necesario hacer ese examen, una buena respuesta sería que los médicos nos hiciésemos los exámenes que les mandamos a los enfermos para ver si valen la pena hacerlos, siquiera por el sufrimiento, que puede implicar un dolor a veces innecesario.

Como decía San Agustín, si uno ha sufrido entiende mejor a la persona que está enfrente.

Una especie de mimetismo.

No, una especie de vivir lo que el otro ha vivido.

Me hicieron una operación y quedó una herida grande y caminaba chueco al siguiente día. Me dice el médico, ¿por qué camina chueco?, porque siento que si me enderezo se me va a descoser y me dijo, pues lo vuelvo a coser.

No sé si fue broma la respuesta del doctor, si no fue broma, fue una respuesta burda, muy inadecuada.

Siempre hay que ponerse en el lugar del otro, sin definiciones académicas y sabias, ética es eso, ponerse en el lugar del otro.

¿La especialización en la medicina ha logrado avances o frena el desarrollo, porque cada vez se conoce más?

Han logrado inmensos avances, pero hay que cuestionarlos, los avances por un lado son excluyeres; excluyen a la población pobre y excluye a quien no puede acudir a los centros donde se hacen este tipo de exámenes.

Los avances también excluyen porque se crean medicamentos y aparatos de tecnología que son sumamente costosos y casi nadie puede pagar.

En México sobre todo un país con 50 ó 60 millones de pobres, crónicamente  robado, bajo un yugo de corrupción e impunidad más de la mitad del mexicano no puede acceder a esas bonanzas.

Esos avances son buenos, pero es más importante que exista una medicina en donde haya un médico de cabecera, un médico general que entienda y atienda los problemas de un enfermo.

A la primera consulta sin grandes avances, sin grandes exámenes, sin grandes gastos, un buen médico que conoce al enfermo puede resolver la mayoría de las enfermedades, el 80 quizá 90 por ciento, sin tener que recurrir a esos grandes exámenes, pero lo que hacen es fomentar más las diferencias entre ricos y pobres.

Entonces es regresar un poco al pasado, acompañaba de niño a mi abuela en sus males del hígado y simplemente al tacto, el médico lo sabía.

Sí, un buen médico de cabecera puede resolver sin exámenes o muy pocos exámenes ocho o nueve problemas de la consulta, en una o dos consultas.

¿Influyen a propósito de lo que dice, los males del país en un enfermo?

Sí claro, los males del país influyen en muchas formas, uno es que todos estaríamos contentos si estuvieran en la cárcel varios de los políticos y lo digo con ironía y no con ironía, eso sería una buena cura para los enfermos que están con tanto resquemor y odio hacia la clase política.

Claro que influye, porque si uno se preocupa por no tener que comer, hablo a través de lo que han hecho los políticos en México, de no tener cómo costear la educación de los hijos, los medicamentos, mente sana en cuerpo sano, decían hace unos años.

Si uno está deprimido y ocupado en la subsistencia cotidiana y en la supervivencia, uno es presa de otras enfermedades.

Si son enfermedades depresivas o ansiosas, también son enfermedades.

¿Ha beneficiado la medicina social?

En México diría que sí, pero instituciones tan añejas como el Seguro Social están muy empobrecidas, el servicio que pueden ofrecer los médicos a veces se limita mucho por el exceso de demanda, por un lado; y por la falta de recursos, por otro lado; y porque muchos hospitales no tienen los recursos suficientes para atender a la gente o los mandan a comprar afuera, los medicamentos.

La lista de espera son muy largas, la atención lamentablemente no es buena, porque los médicos tienen que ver 30, 50 pacientes en un día y muchas veces ni los revisan, no culparía a los médicos, culparía al estado otra vez de no haber ampliado esto y dar una cobertura médica a toda la gente, hablo del Seguro Social.

Las otras fuentes de seguridad pública o Seguro Popular distan mucho qué desear, por ello ningún político se atiende en esas instituciones.

¿Qué tiempo debe ocupar un médico en una consulta, tomando en cuenta el esquema?

Un internista que hace bien la medicina interna, soy internista y tengo otra especialidad, una primera consulta debe tardar entre 45 minutos y una hora, una primera consulta para conocer al enfermo.

Las subsecuentes por lo menos 20 minutos, deseables 30; cinco minutos y como lo cuentan los enfermos, muchas veces ni les toman la presión ni los revisan, nada más platican.

¿Vivir y morir en el siglo XXI es más complicado que en el pasado?

Es una serie de cuatro pláticas que di en la Universidad y sí, es más complicado, antes uno se hacía amigo de la muerte, antes la gente moría en casa y moría acompañado de familiares cercanos, tíos, abuelos, bisabuelos y la muerte se vivía como un proceso normal, un proceso que continúa la vida.

En la actualidad, que es otro tema que a mí me interesa, la muerte se ha medicalizado y se tarda uno más en morir, porque se aplica una medicina inadecuada y al moribundo no se le deja morir y tampoco se le acompaña.

Sí es más complicado ahora morir que en el siglo pasado, porque se veía de una forma más natural la muerte, ahora es por especializaciones como usted comentaba, por la mala política médica de muchos hospitales, por la falta de apego de los médicos hacia los enfermos, por la falta de lealtad hacia los enfermos.

A veces en lugar de prolongarse la vida, lo que se hace es prolongar la muerte de las personas enfermas.

Esto va con la siguiente pregunta, para mí es prolongar el dolor, por ejemplo en el caso de los enfermos de cáncer terminal.

Claro!, utilizar la palabra medicalizar la muerte, no sé si la dije ahora, pero la utilizo con frecuencia, no es una palabra mía, es una palabra que nació con Iván Illich un gran jesuita, filósofo, pensador que vivió un tiempo en Cuernavaca, si mal no recuerdo, no he encontrado otra palabra, él fue quien acuñó la palabra medicalizar la muerte significa tratar más lo que no es necesario tratar y prolongar vidas que no tiene caso prolongarlas.

Se habla del avance de la ciencia, pero le hago un comparativo, entre la medicina actual de patente muy cara y la genérica que es menos cara y la que se preparaba en las farmacias que era a veces muy efectiva.

Aquí la medicina general es muy cara, la medicina de los genéricos debe ser buena, pero no siempre lo es, porque cuando uno ve los precios, alguna pastilla cuesta dos, tres pesos menos que un chicle, es difícil saber si es una medicina que funciona o no funciona.

De hecho algunos estudios en Estados Unidos, no admiro para nada la medicina norteamericana, han demostrado que los genéricos tienen menos cantidad de fármaco, el producto químico adecuado y por lo tanto son menos eficaces.

La medicina de antaño de las farmacias ha desaparecido, sólo existen algunas farmacias dermatológicas que las aplican y ahí no puedo opinar, porque ya están en desuso no existen.

¿Por qué recomendaría leer su libro?

Es un libro que debe leerse pausadamente, son como 120, 130 relatos, no es que yo lo recomendara, porque no me gusta hacerlo, lo que diría es que los relatos hacen un pequeño retrato irónico de muchas circunstancias que todos vivimos.

La ficción en general habría que pensar que sí, claro que existe, pero en estos relatos, creo que cada uno puede ver los relatos de su vida cuando se habla de la escuela, de los profesores, médicos, religiosos y desde ese punto de vista, siento, me han dicho que despierta sonrisas, enojos en las personas que lo leen, porque recuerdan situaciones que han vivido.

¿Quienes están estudiando medicina, tienen la misma seriedad que los médicos de antaño, es decir, en el sentido de vocación?

La pregunta no es inadecuada, porque habría que hacer un comparativo imposible de hacer y no creo que sea culpa de los médicos jóvenes que están estudiando.

Yo cambiaría la pregunta, los médicos que enseñan ahora medicina abocan sus esfuerzos y sus técnicas de enseñanza mucho más a la tecnología y a los grandes exámenes médicos que a la clínica.

La clínica en la relación médico-paciente ha tendido a desaparecer, pero no por culpa de los jóvenes, sino porque los profesores médicos no le dan el valor que le deberían de dar a ésta, a la relación médico-paciente, al tiempo de escuchar a un enfermo. Creo que por ahí va el problema.