La obra de Mabel Caren González Ortega

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Con sus grandes ojos claros llenos de curiosidad, expectante; preguntándose, tal vez, qué tendría que decirle yo al grupo de jóvenes que se hallaba con ella frente a mí. No sabía si era bueno o malo que ella me mirara de esa forma, sólo sé que, de todos los asistentes, ninguna mirada atrajo más mi atención que la suya.

 

Así es como recuerdo la primera vez que me crucé con ella: pequeña de estatura, de rostro armónico, dispuesta a hacer todo lo que estuviera en ella para sacar lo mejor de aquél campamento que se prolongó por días.

 

Volví a verla después de un tiempo, en la segunda edición de Artistas del Hambre, donde pude conocerla un poco más, y al cabo de algunas conversaciones comparto la magia que guardan sus manos y alma.

 

 

Viajera incontrolable, Mabel Caren González Ortega, ha procurado hacerse  presente para rendir honor a los sitios que considera bastos en cultura y tradición no sólo dentro del país, sino en el extranjero. Es originaria del municipio de Lerma,  Estado de México y ha trazado lazos tan largos que se ha convertido en la primera mexicana en exponer su obra en Burdeos, Francia, de la mano del mimo Jean Bernard Laclotte.

 

La introspección de una niña retraída, introvertida, como ella se define en la infancia combinada con la práctica del futbol americano supo hacer su parte para que la pequeña Mabel alcanzara su esplendor en preparatoria, donde su profesor Jesús, la llevó a su primer gran contacto, conocer la escuela de Bellas Artes.

 

 

 

 

Influida por el surrealismo de Max Ernst y Salvador Dalí, trabaja en estudiar la relación de los sueños con el arte. Busca a través de su obra, cada vez, descubrirse a sí misma como persona, como artista, desentrañar la figura femenina a través de la pintura, entender el rol de la mujer en la sociedad.

 

Lamenta lo ajena que es la población al arte, ya que pareciera que hoy día la expresión de sentimientos e ideas es un imposible, como que la “cultura” está encaminada completamente hacia lo contrario, sin embargo, lucha por revertir el daño social enseñando cada mañana a sus alumnos lo importante de transmitir a través del arte.

 

Durante el próximo año comenzará a dar conferencias sobre nuestras diferentes culturas y la relación de su aporte cultural a la sociedad mexicana actual.

 

“Mi meta en la vida es dejar huella en los jóvenes, que conozcan sus orígenes, y sobre todo, que valoren el arte como la expresión máxima del ser, no sólo en las artes plásticas y/o visuales, sino, en las Bellas Artes en general”