La poética de Benediktbeuern: Más allá de O Fortuna

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Describía el mismo Orff cómo le cayó el manuscrito de Benediktbeuern: Fortune tenía buena intenciones conmigo cuando trajo hasta mis manos el catálogo de una librería de antigüedades en Würzburg en el que descubrí un título que me atrajo por sus poderes mágicos: Cármina Burana. De aquí provino una sofisticada y delicada selección de canciones del amor, las alegrías de estar vivos y el brindis, que se amalgamaron en una cantata escénica que terminaría por reventar los teatros contemporáneos de la escena musical con esta fiesta proveniente del medievo: esta tradición goliárdica tiene una tendencia diversa; cantos satírico-morales, amatorios, o aquellos de potatoria et lusoria -de taberna, placeres carnales y blasfemia-.

 

Vale la pena destacar que en cuestión conceptual -para Carl Orff– la música comienza en el propio individuo en tanto una visión de educación musical cuya intención es la práctica elemental; lengua, danza y música, tres formas de expresión de idéntica importancia: interpretación e improvisación se mezclan en un proceso que obsequia una gran libertad creativa y transforma la acción del arte en integración.

 

El original de Cármina Burana es una colección de cantos de los siglos XII y XIII que se han conservado en un códice único que reúne trescientas rimas, algunas en germano antiguo medio y francés antiguo, pero la mayoría de ellas en latín. Así es que esta colección cuyo origen es, tal vez, el año de 1230 en la abadía benedictina de Seckau o en el convento de Neustift, ambos en Austria; son los responsables de dar el impulso inicial a la cantata escénica que hoy ha roto barreras por el espectacular trabajo en todas sus aristas de Carl Orff. Sin duda también fue crucial el apoyo que tuvo del musicólogo Michael Hoffman para la selección de veintidós poesías líricas, para no romper las formas, y ponerle una música que fuera cantada por las masas de estudiantes y obreros, así como por muchos grupos infantiles.

 

Es de recalcarse la creación de la partitura profana más rítmica subyugando a la melodía con la complicidad de la recitación que lleva a lo salvaje y primitivo construyéndose a base de cuartas y quintas poderosamente medievales. Tan fulminante el éxito que el Führer adoptó algunos de los coros como himnos, y si fuera poco, no olvidemos su respuesta afirmativa -de Orff– respecto a crear una nueva versión de la adaptación orquestal que Mendelssohn hiciera del sueño de una noche de verano de Shakespeare, pues no olvidemos que el inmortal compositor era judío.

 

Sin embargo un cuarto de siglo después de su derrota y la Europa liberada, el olvido social reaccionaba ante el genocidio, y la memoria histórica se hacía cargo de rescatar la belleza de los soberbios coros de Orff. De ahí a un brinco de rockear con el príncipe de las tinieblas en las overturas de sus conciertos, un gran homenaje por parte de Ozzy y qué decir de la grandiosa versión de Manzarek, tecladista de The Doors, que además fuera producida por Philip Glass.

 

Por ahí me cayó de alguna parte una pregunta ¿quién se iba a imaginar el mayúsculo éxito de la Cármina Burana de Orff? Dado que se plantea desde el acento ácido de las bodas de Stravinsky hasta las delicadezas y delicias de la salmodia gregoriana medieval. Sin duda la respuesta está en la ardiente orquestación, y claro está en sus coros orgiásticos; en el triunfo del ritmo y de la lengua latina que han sido pareja durante siglos en la historia de la música. Es claro también que en el virtuosismo viene de la fuente de su interpretación, en su complejidad que coquetea con el salvajismo, pero es cómplice de las dionisiacas y disfrazadas apolíneas danzas del medievo en donde los papeles vocales solistas son de una alta exigencia.

 

Su aguda coyuntura requiere de técnicas de falsete o registro de contra tenor. Además esta obra excelsa requiere de tres solistas vocales, a saber; soprano, tenor/contra tenor y barítono; un gran coro y también orquesta no menos numerosa. Será imposible evitar la evocación del elegante cisne de Saint-Saëns al contarse la historia de que será ensartado, asado a fuego lento y finalmente ¡deglutido!